V.- Treguas y batallas

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Junio de 1880

Si antes a Jojo le había resultado difícil hacer amigos y se sentía solo con frecuencia, la llegada de Dio empeoró las cosas. A medida que el tiempo pasaba y la presencia de su hermano se perpetuaba en la mansión, la situación se complicaba más para él.

Haciendo honor a la verdad, Dio ya no era tan abiertamente hostil como lo había sido en un principio. Desde el encuentro en la escalera, aquella noche de tormenta, no habían vuelto a enfrentarse y al parecer, su hermanastro había decidido simplemente ignorarle. Pero Jonathan no estaba tranquilo. Se sentía vigilado y amenazado. Constantemente temía sorprender aquella mirada extraña y rapaz escrutándole, recordándole su secreto. Trataba de evitarle a toda costa, pues su sola presencia le causaba una gran ansiedad. Así que pasaba los días intentando no llamar la atención cuando se veían obligados a compartir el espacio, aguardando con preocupación un nuevo encuentro que le desestabilizase, un comentario que le avergonzara, un golpe que no terminaba de llegar.

—Desde que está aquí, mi vida es un infierno —le contaba a Lucas en una ocasión, atreviéndose al fin a abrir su corazón a alguien—. Mi padre me regaña constantemente, siempre nos compara. Está claro que le prefiere antes que a mí.

—No digas tonterías, hombre.

—¡Hablo en serio! Se pasan la tarde jugando al ajedrez. Cuando habla con él es como si no tuviera que rebajarse.

—Dio tiene un carácter muy diferente al tuyo, Jojo. Creo que tu padre solo intenta darle lo que necesita.

—Pues no parece que recuerde lo que yo necesito.

Lucas se había reído y le había dado una palmada de ánimo en la espalda.

—Es normal que quiera hacer que Dio se sienta cómodo. Acaba de perder a su padre y apenas lleva un mes aquí. Aunque sea un chico maduro y parezca que lo tiene todo controlado, seguro que esto tampoco le está resultando fácil.

Jojo no había dicho nada más.

«Incluso para Lucas, solo soy un crío mimado que quiere acaparar la atención de su padre —pensó amargamente—. Todos ven a Dio como un héroe porque viene de Londres y lo ha pasado mal, pero no se dan cuenta de lo retorcido que es».

Sin embargo, a veces hasta el propio Jojo dudaba. Aunque veía en su hermanastro actitudes extrañas y violentas, igual que aquel primer día, cuando pateó a Danny, en otras ocasiones Dio se comportaba como si realmente fuera el perfecto caballero que quería aparentar. Eso le descolocaba por completo y le hacía poner en tela de juicio sus propias impresiones. Quizá nada de lo que él creía ver era cierto. Tal vez malinterpretaba las cosas, prejuzgaba sus intenciones. Puede que estuviera tan afectado por aquellos cambios repentinos en su vida que hubiera decidido inconscientemente echarle la culpa de todo a Dio.

Además, algunas veces su hermano adoptivo le trataba con desconcertante amabilidad, haciendo que sus dudas y su confusión crecieran aún más. Estas situaciones tenían lugar en ocasiones contadas, sobre todo durante las clases. Jojo tampoco podía llamarlo estrictamente «amabilidad», ya que Dio nunca era del todo agradable con él. Como mucho, podría calificarse de ambiguo.

La primera vez fue poco después de la noche de tormenta. Su padre les había convocado en la biblioteca antes de mediodía para examinar sus progresos académicos. Una hora antes de la cita, Jonathan estaba nervioso, apurando el tiempo para terminar su tarea, temiéndose una nueva reprimenda. De pronto, la puerta de su habitación se abrió y Dio entró sin llamar, con una hoja de papel doblado debajo del brazo. Jojo enseguida se puso a la defensiva, empuñando la pluma inconscientemente por si tenía que clavársela en el brazo.

El fuego y la tormenta¡Lee esta historia GRATIS!