Capítulo 2 / Muerte inesperada

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GUIÓN

14 de Diciembre de 2007

Narrador: —El tiempo seguía pasando. Para entonces, la relación entre Alfonso y Elena ya era más que uno de tantos noviazgos que habían por el mundo.

No obstante, la oposición entre Mirsa y su hijo sobre su relación era cada vez más notoria, al grado de que el mismo Alfonso había advertido a su madre con irse de la casa si ella seguía oponiéndose a su noviazgo. Y así, la relación madre e hijo poco a poco iba mermándose, y todo por ese dichoso desacuerdo.

El escenario de ahora es una noche, por una calle medio alumbrada, y nada de personas alrededor. Alfonso y Elena iban caminando plácidamente a la vez que platicaban de sus situaciones actuales.

Alfonso: —Pues como verás, Elena, así es esto con mi santa madre. Todavía sigue oponiéndose a nuestra relación. Para el colmo, ni siquiera me ha querido dar una explicación y ni yo tampoco sé por qué se pone así de amargada. Pero no me importa, lo que importa ahora es que estamos tú y yo, solos y dispuestos a luchar por nuestro amor.

Elena: — Alfonso. Eres tan romántico. Pero, ¿y qué hay de la escuela?

Alfonso: —La escuela siempre la voy a terminar. Es más, me esforzaré más por sacar dieces y nueves en los últimos exámenes. Al fin y al cabo ya sólo me faltan este último mes, y de allí seguirían mis estadías.

Elena: —Pues más te vale que salgas bien en los exámenes amor, porque no me gustaría que termines quedándote a medias, como los demás chamacos.

Alfonso: —Lo que no sé es si logre pasar el de Finanzas. Tú sabes que siempre he sido muy cabeza dura con esa materia.

Elena: —Alfonso, ya repasamos los temas, ya lo practicamos. Ya hasta te apliqué un examen y

Alfonso: —Y saqué un ocho.

Elena: —Sí, si, sacaste un ocho. Pero alégrate, eso es signo de que pasarás. Sólo ten un poco más de confianza en ti mismo y conseguirás pasar ese y todos los exámenes que te faltan. ¿Entiendes?

Narrador: —En ese entonces, sin que ellos mismos lo notasen, alguien se acerca a ellos sigilosamente. Era un desconocido con ropas oscuras y una capucha puesta en la cabeza, que le tapaba por completo la cara. El tipo no parecía tener pinta de ser alguien amigable, sino todo lo contrario.

Alfonso: —Ok, nena. Lo intentaré. Pero...

Elena: —Pero nada, precioso. Te amo y tengo fe en que lograrás pasar ese examen. [Y ambos se dan un abrazo y se dan un beso]

Narrador: —Y ambos siguieron caminando, cuando, justo en ese momento, aquel sujeto desconocido que iba tras de ellos, consiguió robar el bolso a Elena, para después alejarse corriendo lo más que pudo de aquel lugar

Elena: — ¡Ay! [Dice ella quejosa]

Alfonso: — ¿Qué pasa nena? ¿Pero qué...? [dice Alfonso desconcertado ante lo que acababa de presenciar]

Elena: — ¡Mi bolso, mi bolso! ¡Ese pinche pendejo se robó mi bolso, Alfonso! ¡Me robó mi bolso!

Alfonso: —Tranquila, amor. Ahorita mismo va a ver ese cabrón.

Narrador: —Y acto seguido, Alfonso se va corriendo tras aquel ladrón. Sorteaba los obstáculos que se iban apareciendo durante el camino, incluyendo los que el mismo ladrón le ponía. Y no fue sino hasta que llegaron a una avenida muy concurrida, con vehículos andando a toda velocidad. Y sólo Dios sabe cómo le hizo, pero el ladrón supo sortearse a todos los coches que circulaban por el camino. Y cuando Alfonso intentó hacer lo mismo, un vehículo que iba andando a toda velocidad lo levantó como si fuera un pedazo de basura. Y acto seguido, por los fuertes golpes que recibió, Alfonso cayó contra el duro pavimento, inconsciente y además con heridas de gravedad. Tanto el conductor como la gente que se hallaba cerca de aquel lugar se mostraban tremendamente desconcertados y conmocionados ante tal atroz acontecimiento. No supieron qué otra cosa hacer además de llamar a la ambulancia, tan sólo la gran mayoría veían a Alfonso tirado en el suelo, sin que ninguno pudiera asistirlo o por lo menos comprobar si aún vivía.

La pasión de Ania (Versión Corta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora