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Pen Your Pride

Capítulo 122

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Regresamos al comedor, después de una hora larga de discusiones, sobre si mi idea era la única alternativa posible; la mirada que Bailey me echó me dejó en claro que quería saber de qué iba todo, pero yo no estaba en ese momento como para andar dando explicaciones a mi custodio, y menos aún si, como pensaba, quería que le aclarara alguna cosa acerca de la relación que tenía con Renato. En cuanto todos acabaron de desayunar, los reunimos para dar instrucciones sobre lo que cada uno debería hacer; mis guardaespaldas se mantenían callados, como si esperaran que les diera más detalles, cosa que no podía hacer en ese preciso momento. Si queríamos que el plan tuviera oportunidad de funcionar, no podíamos perder tiempo en dar explicaciones; de todos modos, ya se enterarían de todo en algún momento.

-Gianni, trae un teléfono nuevo para Fran -ordenó Renato a su segundo al mando, y éste no demoró en obedecer, trayéndome enseguida un aparato con línea sin registro, para que no se me pudiera rastrear.

Renato tomó el teléfono y pasó una foto, desde el suyo al nuevo, agendó el número al que yo me comunicaría, y me lo entregó, preguntándome si estaba segura de querer hacer eso antes de permitir que yo lo tomara; no sé si estaba muy segura de querer, pero sí sabía que eso era lo mejor que se podía hacer para librarnos del maldito problema, así que le quité el teléfono y envié un mensaje al número agendado por él.

+Mañana, al amanecer. Ya conoces el lugar, y también debes imaginar las condiciones.

Eso era todo lo que decía el mensaje, al que adjunté dos fotos; en la primera, podía verse el recodo del río donde el cadáver de Guido fue encontrado, mientras que en la segunda aparecía yo, sosteniendo el periódico del día, para que Stéfano supiera que ya estaba en suelo italiano. La respuesta del maldito desgraciado no se hizo esperar:

+Ahí estaré, puntual. Y llevaré a tu amiguito Enzo conmigo.

-Está hecho -dije en voz alta, en cuanto recibí la respuesta de Stéfano Lombardo; Bailey y Derek me miraron extrañados, así que tuve que aclarar a qué me refería -... Mañana, al amanecer, van a asesinarme... -reconozco que fue una manera bastante dramática de decirlo, y tal vez por eso mismo fue que mis dos guardaespaldas se pusieron de pie de un salto.

-¡¿Qué?! -exclamaron al unísono, y luego Bailey agregó -¿De qué carajos estás hablando? ¿Cómo es eso de que van a asesinarte mañana?

Estuve a punto de explicarle, pero justo en ese momento llegó uno de los hombres que estaba vigilando la vieja bodega, e interrumpió nuestra charla; tal cual sospechábamos, ahí era donde tenían cautivo a Enzo, al que los hombres de Renato vieron sacar de allí en una camioneta, con rumbo aún desconocido. Gianni soltó una maldición, furioso por la oportunidad que se había perdido de rescatar a mi amigo, sin necesidad de que yo me expusiera como iba a hacerlo; no servía de mucho lamentarse en ese momento por lo que se podía haber hecho y no se hizo, así que propuse que repasáramos mi plan, para asegurarnos de no dejar cabos sueltos, y de paso, ponía en conocimiento de Bailey qué era lo que sucedería.

-Esta noche, pasada la medianoche, iremos hasta el río aquel, donde encontraron el cuerpo de Guido Lombardo -dije, mirando a mis dos custodios mientras hablaba, como si solo estuviese contándoles mi plan a ellos; Renato y sus hombres escuchaban en absoluto silencio -... La cita con Stéfano es al amanecer; pero, nosotros iremos mucho antes, para asegurarnos... mejores ubicaciones, digamos. Gianni tiene que permanecer al lado de Renato, para que el maldito de Stéfano no sospeche de que hay trampa, así que Nicola y un grupo de hombres se ocupará de cuidar que a Enzo no le pase nada, ¡nada! -recalqué el "nada", apuntando al gigantón con mi dedo índice, dándole a entender que confiaba en que no me defraudaría; respiré hondo y solté el aire muy lento antes de continuar, ahora venía la parte más difícil -... Una vez que Stéfano y sus hombres lleguen, después de una "breve discusión", Renato va a apuñalarme delante de todos...

-¿Cómo que...? -Derek parecía desconcertado, tanto así que no conseguía completar lo que quería preguntar, mientras que Bailey me miraba con los labios apretados.

-Así como lo oyes: Renato va a asesinarme delante de todos -aseveré.

-Estás completamente loca -dijo Bailey, poniéndose de pie y mirándome con gesto adusto -¡De ninguna manera voy a permitir esta estupidez!

-No quieras venir a complicar las cosas, cariño -le respondí con sorna, lo que provocó que me echara una mirada aún más furiosa -... Las cosas serán tal cual las acabo de decir; tú decides: o te quedas quietecito y te aguantas como un machito, o los muchachos de Renato te retendrán aquí, y entonces no estarás a mi lado si llegara a necesitarte -el tono calmado con el que le hablaba parecía sacarlo un poco más de quicio, que toda la absurda idea de que fuera a dejarme apuñalar, así que decidí contarle qué era realmente lo que sucedería -. Si Renato no me asesina delante de todos, ten por seguro que el malnacido de Stéfano me hará cosas mucho peores. Además... solo será una muerte ficticia.

-¿A qué te refieres con lo de "ficticia"? -preguntó Derek, quizá para asegurarse de si lo que él sospechaba era lo mismo que sucedería; Bailey lo miró, y el socio le hizo una seña para que regresara a sentarse junto a él y esperara a escuchar mi explicación.

-Voy a llevar un chaleco antibalas, por supuesto; pero, además... bajo la ropa, tendré una de esas bolsas con sangre, de las que se utilizan para hacer transfusiones -expliqué, sonriéndome -. De ese modo, cuando Renato clave el puñal en mi pecho, se verá... real. Una vez muerta "la perra" que asesinó a su primo, Stéfano dará el asunto de la venganza por concluido, y todos podremos irnos felices a casa. Pero... debe ser Renato quien me asesine; de otro modo, Stéfano podría llegar a sospechar. ¿Qué más natural que el medio hermano de Guido, cobrándome la deuda por la muerte del muy hijo de puta? 

-¿Qué te asegura que el tal... Stéfano, no querrá asegurarse de que estás muerta? -preguntó Bailey, mirándome aún demasiado serio como para que yo no supiera qué tan furioso seguía -Quiero decir... él podría pretender darte "el tiro de gracia", ¿qué harás si eso sucede?

-Yo me aseguraré de que eso no pase -afirmó Renato, hablando por primera vez; Derek lo miró, pero Bailey no apartó sus ojos de los míos, esperando aún alguna respuesta de mi parte.

-Stéfano es un maldito hijo de puta sanguinario, pero... bajo ningún concepto permitirá que alguien le arrebate a Renato la venganza, que por derecho le pertenece; después de todo, él y el "muertito" son hijos de la misma madre. El primo no interferirá, no si Renato exige ser quien se haga cargo de hacerme pagar por la muerte de Guido -Sonreí, estúpidamente, y le sostuve la mirada a Bailey hasta que él meneó la cabeza y soltó un resoplido.

-Es la idea más... ¡la idea más estúpida que escuché en mi vida! -exclamó mi custodio, aún con la suficiente furia como para que su voz me provocara un ligero estremecimiento.

-Christopher... confía en mí. No me pasará nada -dije, tratando dar a mi voz el dejo de seguridad que por dentro no sentía, con el fin de apaciguar su ánimo; volvió a ponerse de pie y se paseó por el comedor durante un par de minutos, con cara de estar meditando sobre las posibilidades que tenía mi plan para dar buenos resultados. Renato, Gianni, Derek y yo, lo mirábamos ir y venir, hasta que se detuvo de repente, y vino hacia mí como si estuviera dispuesto a matarme él mismo, por ser tan idiota.

-Derek y yo estaremos presentes -me dijo, con sus pardas pupilas destellando de rabia; yo asentí con la cabeza. En verdad, me había asustado el modo como se me acercara, y sentía que el nudo que me apretaba la garganta no me dejaba pronunciar palabra.

Estaba decidido: el plan sería el que yo misma ideara, y mis dos guardaespaldas estarían allí, para asegurarse de que las cosas no se fueran de nuestras manos. Pasamos el resto del día ultimando algún que otro detalle y luego descansamos un poco, mientras esperábamos que llegara la medianoche.




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