Reflexión para el corazón melodramáticamente quebrantado

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Estos días, semanas, meses y años recientes he visto una preocupación general mostrada en los jóvenes de mi edad por conseguir el "amor verdadero". La mayoría de estos jóvenes tienen entre 14 y 18 años, y me ha sorprendido que desde edades muy tempranas se ven demasiado afligidos por la búsqueda insatisfactoria de una pareja romántica. Lo he visto en las redes sociales, entre comentarios cuando cursaba la preparatoria, y la mayoría coinciden en la resignación tajante de encontrar a su "chico" o "chica ideal"; aquel que satisfaga sus necesidades amorosas.

He visto a gran cantidad de jóvenes andando de las manos que no rebasan los 15 años, o quejándose frecuentemente de las desdichas de sus tempranos corazones.

Diré que esto en un principio no está mal. Pero hay veces que se convierte en una exageración, y mucho más cuando se sienten como un amor no correspondido, o han terminado con esa persona, por qué no encuentran a su chico o chica; en fin, unas cuantas resignaciones bastan para hacerles sentir su corazón roto. Y como dije, sin superar siquiera la mayoría de edad, cuando aún existen bajo el lecho de sus padres.

Quizás sea la inmadurez, consecuencia de estar en esa etapa de la vida, en la juventud. El enamoramiento doloroso es constante en estos años. Empero, yo con la misma edad, he visto esta clase de asuntos toda mi vida, y puedo decir con total confianza que jamás he sentido tal cosa. La urgencia por conseguir una pareja no ha existido en mí. Aún no tengo madurez, o eso creo, pero nunca me han preocupado tales cosas.

De hecho, he conversado con amigos y personas que tienen formado de tal manera su juicio, sin preocuparse en demasía por tales asuntos empalagosos a tan corta edad. En mi caso, la abrumadora ocupación en problemas académicos, me han mantenido alejado de estas cuestiones. Pero además encuentro otra explicación para decir que no es cuestión de edad.

Tristemente, en mis caminos por las calles pobladas de la ciudad, he visto con cierta indiferencia, lo admito, personas que yacen en la podredumbre, durmiendo en las calles, sin casa, sin hogar. Niños hambrientos y con permanentes dolores de cabeza, trabajando exhaustos bajo el sol y los semáforos, injustamente. Y es cuando las cavilaciones tienen lugar. No creo que estos jovencitos tengan lugar en sus mentes para preocuparse por hallar una pareja, o una novia o novio.

Más aún, he conocido y me he encontrado con personas que, subyacen bajo la desesperante presión de una terrible enfermedad, depresión, angustia por edad avanzada, que han perdido parte de su salud y se hallan completamente solas, sin compañía y hundidos en lágrimas e ignorancia por parte de sus familias. Y es cuando pienso en tales cosas, cuando veo que la gran cantidad de estos jóvenes tienen todo en sus vidas.

El amor de una familia es algo invaluable en estos días, dadas las condiciones angustiantes del mundo actual e insensible. Y el amor de esa familia, de los padres, es algo que acompaña a estos jovencitos desde su infancia. Tienen algo que comer todos los días, bajo que resguardarse en las noches de viento sórdido, a cambio de absolutamente nada. La gran parte tienen una salud brillante, y no se hallan presionados por severas penurias económicas. Viven tranquilos, en sus casas, teniéndolo todo cada día. Y he visto que dicen que les hace falta amor, cuando no es cierto.

Lo tienen todo, y, dejando a un lado sentimientos verdaderamente problemáticos como lo son la depresión, no veo por qué deberían preocuparse por hallar compañía. La verdadera soledad temible que acompaña la vejez no es comparable, ni su desesperación ni otras vivencias dolorosas. Son jóvenes brillantes que viven acompañados de sus padres y sus familias en un ambiente protector, que no viven injustamente andrajosos en las calles. No creo que deban sentirse tristes por no hallar un acompañante. Yo mismo he pensado tales cosas al observar con detenimiento las experiencias de personas mayores que en verdad padecen angustias.

Sería una pena que estos jóvenes, de mi edad, no se dieran cuenta de las ventajas que tienen y el solo hecho de no tener compañía en un día soleado les quite toda esa felicidad no escondida. En el mundo cruel y terrible en que vivimos hoy día, en el que algunas personas trabajan más de doce horas para ganar unos cuantos centavos para su familia en otras naciones, estos son ciertamente lujos y bienes inmateriales muy valiosos. Ojalá se den cuenta de eso.

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