Andrew visita los raros jardines de cipreses como producto de una alucinación

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Era un 8 de abril cuando decidí vagar por las calles de pavimento de la avenida arbolada en busca de la chillante melodía sonrosada de una tarde matizada también del verde tornasol proveniente de los relentes arbustos, en una tarde sofocada.

Siendo un día soleado por la llegada de la primavera, que es cuando las flores y los botones imaginarios de los tulipanes transparentes se encienden bruñidos y titilantes, era perfecto para perderse en un cuadro salpicado de tonos brillantes y glaucos, frescos y lozanos.

Cuando dí vuelta para dejar atrás la avenida arbolada esperaba encontrar el mismo parque de siempre, y rodearlo o atravesar su verdemar extensión, pero en vez de eso, me maravillé extrañado por que el mismo parque de siempre no estaba allí.

En vez de eso, al llegar a la calle que daba la entrada al parque, divisé a lo lejos, una pared alta y larga de extremo a extremo de color verde, formada de árboles medio enanos como cipreses o pinos verdinegros, que daban su punta piramidal al cielo celeste y limpio. Me sorprendió en efecto, y, tras caminar unos metros, vi que era la entrada a un laberinto muy estrecho de árboles cipreses olorosos. El suelo daba un salto abrupto y extravagante, al piso de césped tierno, muy verde y algo largo.

Frente a mí, cipreses de unos dos a tres metros de altura, que no me dejaban ver que había al otro lado. Había dos caminos. Tomé el de la izquierda. Caminé por este pasillo y topé con una pared de concreto, muy alta, de unos cinco metros, pero dí vuelta para continuar con el camino angosto de árboles. Dí la vuelta entonces y continué con mi camino, que daba a un largo sendero de césped y árboles de mi lado derecho y la gruesa pared del lado izquierdo. Anduve a través de este camino de altos pinitos que emitían una bocanada de olores aromáticos, como de especias marinas que reinaban el ambiente circundante.

Pero al llegar al final del pasillo, topándome con otra alzada de filas de cipreses, escuché un leve rumor entre sus ramas intrincadas. Pude ver que de entre las ramitas de abajo me saludaban unas calabazas y manzanas amarillas, a la vez que me decían que este laberinto no tenía salida.


-¿A qué se refieren?


Y no me respondieron más que con unas carcajadas inocentes, para volverse a esconder. Luego, un

pajarito azul rey apareció de entre las ramas más medias de los pinos:


-Si logras encontrar la salida llegarás al mismo punto, y te encontrarás con unos anfitriones muy

molestos.


-No me lograrás aterrar- le dije.


-Pero, no trato de asustarte- contestó sereno.


En eso me seguí conduciendo entre los verdes caminos enrevesados de pinos. Un extraño conejo de

color igualmente azulado hizo su aparición de entre los rincones, de ojos saltones y andar inquieto.

-Yo te podría guiar entre estos senderos, pues estás perdido y yo conozco la salida.


-Pero no estoy perdido... - dije medio dudando por que gracias a eso me había dado cuenta de que

estaba perdido.


No sabía qué caminos había tomado cuando volví a topar con una pared verde y volví a ver otra

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