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13 de marzo de 2018.

Desperté con la respiración agitada, otra vez había tenido otro de esos sueños raros en donde parecía que escapaba de mi cuerpo para ingresar en el de otra persona.

-Me estoy volviendo loca en definitiva – me senté en la cama y mire a mi alrededor, la luz del sol entraba a borbotones a través de las ventanas abiertas de mi habitación, otra vez me había olvidado de cerrar las cortinas antes de acostarme anoche. – ¿Y si en serio tengo la habilidad de entrar en la mente de las personas cuando estoy dormida ? - negué con la cabeza para espabilarme y dejar de pensar ese tipo de cosas - ¿Qué va ser lo siguiente Aniell?, salir para recorrer los pantanos con mi abuela en busca de plantas que según ella servían para hacer brebajes y pociones – me recrimine a mí misma. Suspire pesadamente mientras intentaba apartar esos pensamientos de mi mente, no es que no me agradara mi abuela, por el contrario la amaba demasiado, pero había que admitir que estaba un tanto... loca.

Las pesadillas cada vez eran mas frecuentes, y la medicación que me había recetado la Doctora Sally no estaban dando el resultado esperado, mire al costado en donde se encontraba el reloj analógico que cuando se le antojaba no solo estaba de adorno, sino que también podía despertarme –Mierda – salte de la cama en el segundo en que me tomo reaccionar que faltaban 40 minutos para mi primera clase. –Necesito cambiar esa porquería – me queje mientras corría al armario para agarrar lo primero que pudiera encontrar que me pudiera servir para poder salir en la calle.

Pase apesadumbrada mirando un par de segundos la tan ansiada ducha que deseaba tomar, pero que no podría ya que si llegaba tarde una vez mas el profesor me suspendería la materia, y no es como que me emocionara repetir el semestre por que no curse Histología como debe ser. La materia de por si era aburrida, y mas cuando el profesor que nos había tocado casi rozaba los 60 años y creía que porque eras de color ya no tenías derecho a estar en su clase.

Mientras me colocaba el jean con una mano con la otra me acomodaba la vieja camiseta de los Guns N' Roses que había tomado, alce mi pelo en una coleta alta y me calce en mis viejas converse negras. Me mire un segundo en el espejo para aceptar qué tal vez si dejara de ser tan floja podría tener un mejor aspecto, tome mi mochila del perchero y salí corriendo de mi habitación, casi cayendo por las escaleras cuando estaba bajando por la misma. Mi madre estaba en la cocina tomando el desayuno, junto con su marido.

Mi madre tenía la típica belleza neoyorquina alta, rubia, de ojos claros, con un bronceado que cualquiera mataría por tenerlo.

Y sin embargo yo era todo lo contrario, era baja, morena, de pelo castaño, y ojos color miel, según mi abuela yo era mucho más parecida a mi padre, y que por eso salí así. En pocas palabras, era una estafa para la naturaleza.

-¿Otra vez tarde cariño? – dijo la señora Stephanie Bolstron detrás de la taza de té que estaba tomando.

-Quizás si no te quedaras hasta tan tarde despierta haciendo dios sabe qué cosa te dignarías a levantarte temprano para poder tomar el desayuno con nosotros – Opino John con la voz cargada de sarcasmo.

John era el segundo marido de mi madre, luego de que mi padre falleciera en un accidente de auto mi madre me crio prácticamente sola hasta que tuve 9 años, y luego llego John a su vida, él era todo lo contrario a lo que mi padre llego a ser.

Mi padre el Señor Adolfo Sallow era un hombre al que siempre podías encontrar con una sonrisa amable en el rostro, tenía los ojos color miel, el cabello castaño, era alto y moreno, era un hombre en el cual podrías confiar ciegamente ya que era de esos señores que no quedaban para los cuales lo único que valía era la palabra.

Y por el otro lado le teníamos al Señor John Bolstron un distinguido corredor de bienes raíces, según él era el mejor de la costa oeste, tenía la habilidad de poder vender hasta a su propia madre si es que tenía la oportunidad.

La BrujaWhere stories live. Discover now