PRÓLOGO

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Dicen que en la noche más oscura del año, los monstruos salen a jugar. Las sombras se extienden a través del mundo, un manto de tinieblas envía corriendo a los simples mortales que transitan por las calles de la ciudad.

Pero no todo es oscuridad, pues también es la noche de los sueños. Un mercado que llega envuelto en humo, conocido sólo a través de susurros, y que alberga las curiosidades más extrañas para que los más valientes compradores se lleven a su hogar. Por el precio justo, claro.

La mayoría de las personas se mantienen alejadas de este sitio, ocultándose en sus hogares, echando el cerrojo a la puerta y cubriendo las ventanas con pesadas cortinas para no ser vistos. Cierran los ojos, tapan sus oídos, e intentan ignorar los terrores que se abren paso durante la noche.

Todos se esconden de los terrores nocturnos que aguardan en las sombras. Todos excepto una niña con cabellos de oro, piel brillante como el sol y ojos desiguales: uno del color del cielo de verano y el otro del color de la tierra. Una pequeña hecha de luz, que siente curiosidad por un mundo hecho de sombras, uno que es todo lo opuesto a su naturaleza pero que la llena de curiosidad y emoción.

Es en ésta, la noche más oscura del año, que la pequeña escapa de su casa a pesar de las advertencias de su madre, a pesar de la reluctancia de su hermano. Ella baja al sótano de su maltrecha casa, evitando los escalones ruidosos para no delatar sus planes. Se sumerge en la más absoluta oscuridad, ayudándose con sus pequeñas manos para guiar su camino.

El sótano huele extraño, una mezcla de humedad y polvo, pero nada de ésto detiene a la niña. Ella conoce bien el sitio, pues ésta no es la primera vez que se escabulle de su casa.

Tal vez ella pueda parecer un sol por fuera, pero su espíritu aventurero la convierten en lo más alejado posible a una chica dócil. Oh no, ella es valiente y temeraria, rebelde y traviesa, como un rayo de luz que atraviesa las nubes de tormenta.

Es por ello que la niña no tiene miedo. No lo tiene cuando ve sombras escalofriantes rodeándola, ni cuando escucha ruidos en la oscuridad. Algunos normales, como una gotera haciendo ploc ploc ploc sin parar. Otros más aterradores, como un correteo de lo que probablemente sea un roedor.

Tratando de ser muy silenciosa, se acerca a la pila de objetos que esa misma mañana reorganizó para crear una escalera.

Ploc.

Escala con cuidado, resbalando y volviendo a subir, hasta finalmente llegar a la pequeña ventana.

Ploc.

Ella es lo suficientemente diminuta para caber por allí.

Ploc.

La ventana está cerrada, pero la casa es tan vieja que cede con facilidad. Arrastrándose como una serpiente, logra conseguir la libertad.

La niña despliega una amplia sonrisa cuando finalmente está afuera, llena de tierra y algunas telarañas en su cabello atado en una coleta. Nada de eso le importa, sólo el aire fresco y puro, el viento impulsándola a correr a través de callejones vacíos, papeles arrugados y sucios acompañándola en su carrera y siendo los únicos testigos de su escape.

El mercado se puede sentir antes de llegar. De la plaza principal brota la más brillante luz plateada, mientras el sonido de voces y risas se arrastra por las calles que la rodean. Un aroma a caramelo inunda el aire, y la pequeña cierra los ojos con deleite, levantando la nariz para olfatear las más exquisitas delicias. Presa de la curiosidad, echa a correr hasta llegar a la plaza, en donde las maravillas se despliegan frente a sus ojos. Decenas de puestos despliegan las más diversas excentricidades, ubicándose uno al lado del otro.

La Prisión de los SueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora