Capítulo 20 (2a Parte)

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- Coraline... -advirtió Gemma mientras yo preparaba la dosis que planeaba utilizar.

- Tranquila, no pienso utilizarla. Aún no está lista. -advertí mientras la colocaba el suero dentro de un tubo de vidrio, y luego lo puse dentro de una cámara especial.

- Ve a dormir. -colocó una mano sobre mi hombro, obligándome a que la mirara a los ojos para prestar atención a sus palabras.

- ¡Lo haré pronto! Pero debo esperar dos horas exactamente para poder utilizarlo. -chequeé la pulsera con reloj que Damien me obsequió como un agradable gesto cariñoso.

- Estás demente. -negó con la cabeza. Sí planeo descansar un poco mientras espero, pero no voy a irme. Me senté en un silla frente a una mesa despejada que yo mantengo muy bien ordenada con mis anotaciones, y comencé a leerlas paso por paso detenidamente para asegurarme de que no me haya olvidado de algo en particular...

- ¿Sabes? Iré en busca de café. A estas horas la cocina está cerrada porque ya todos están durmiendo, pero tengo las llaves de la máquina de expresos que hay en la sala de juntas de El Cuerpo. ¿Cómo quieres el tuyo?

- Doble, con crema y bastante azúcar. Si hay Muffins o cualquier otra cosa, tráeme. No he comido nada a la tarde y la ansiedad me está tentando a beber este extraño líquido con aroma peculiar que encontré en el otro laboratorio. -dije mostrándole un Beaker que tenía allí.- Huele a almendras...

- Ese es el sudor de Jason. ¿Recuerdas al chico de cabello negro de piel azul con el poder de dormir a los demás? Se refirió la semana pasada y sudaba tanto debido a la fiebre que estrujó una de sus camisetas y salió eso. Nos lo trajo para que lo estudiáramos un poco ya que los demás piensan que ese sudor de alguna forma podría ser utilizado como un somnífero especial lo suficientemente intenso como para provocar un sueño de mínimo unas 70 horas.

Luego de que dijera eso sentí que estaba a punto de tener arcadas, y alejé ese maldito Beaker de mí. ¡¿Cómo es posible que su sudor huela a almendras?! Creo que es demasiado sudor como para una sola parte de su cuerpo... que desagradable. En fin; cuando Gemma se retiró para ir en busca de el café, inmediatamente yo me puse de pie y fui en busca de uno de los tubos de vidrio que tenía preparado para colocar el suero dentro de una jeringa especial. Pienso probarlo ahora mismo sin la presión o la incomodidad de oírla advertirme al respecto. Limpié mi brazo con algo de alcohol, y coloqué la gruesa aguja sobre mí piel para tomarme un par de segundos antes de atravesar mí piel y llegar hasta mis venas. Me costaba bastante desactivar mí estado Transire, debido a que el miedo me obligaba a mantenerme firmemente invulnerable; pero una ves que lo logré, sin dudar ni un segundo, atravesé mi piel con aquella aguja y adentré a mí sistema todo el líquido sin perder ni una gota.

Mis pulmones se cerraron y no pude respirar por un instante, y un terrible dolor comenzó a extenderse por mi cuerpo desde el brazo. Era el suero mezclándose inmediatamente con mi sangre. Intenté agarrarme de la mesa pero perdía el equilibro, y torpemente dejé caer muchos elementos de cristal. En un momento sentí un gran pesar sobre mis piernas y estas fallaron inmediatamente, por lo que yo caí al suelo sobre los fragmentos de cristales rotos que no podían dañarme y otra ves me comencé a retorcer de dolor sobre el suelo. Observé mis manos y pude ver que mis venas se oscurecían intensamente, como si la sangre en su interior coagulara de repente, dejando de circular. Imágenes fugaces aparecieron frente a mis ojos, imágenes horribles que nunca antes había visto y me causaban un terrible dolor físico y emocional. Quise alcanzar el botón táctil de alarma que se encontraba sobre el escritorio para llamar a Gemma. Los dolores no cesaban, y poco a poco podía sentir que mis latidos disminuían de forma aterradora.

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