DÍA 5

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♬ CANCIÓN PARA EL DÍA 7: MARY POPPINS Y EL DESHOLLINADOR (FABIANA CANTILO) ♬

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♬ CANCIÓN PARA EL DÍA 7: MARY POPPINS Y EL DESHOLLINADOR (FABIANA CANTILO) ♬


Anahí acomodó algunas de sus pertenencias durante la mañana. No tenía ganas ni intenciones de encargarse de todo porque sabía que en apenas unas semanas iba a marcharse de allí. Cuando estaba viva, ordenaba su pieza —con suerte— una vez en invierno y otra en verano. ¡Y acababa de acomodar todo en El Refugio hacía muy poco!

"Ni en pedo guardo todo de nuevo", se dijo a sí misma mientras separaba solo lo que creía que iba a necesitar en los próximos días.

Al mediodía, sintió hambre y decidió bajar a comer algo, pero pronto notó que no sabía dónde estaba la cocina. Recorrió los pasillos de la planta baja dos o tres veces hasta que por fin alcanzó una puerta entreabierta de la que escapaba el aroma a frituras.

Golpeó con suavidad varias veces hasta que se cansó. Temió que la cocina estuviera vacía, así que se asomó.

La habitación era bastante más amplia de lo que Anahí esperaba. Y en el otro extremo, Inés sacudía la cadera al ritmo de alguna música que sonaba en la radio; tarareaba mientras acomodaba cajas y frascos en los estantes.

—¿Inés? —pronunció la pelirroja desde el umbral—. ¡Disculpá! ¡Inés! —alzó la voz.

La empleada se volteó con una sonrisa en su rostro y Anahí aprovechó para analizarla con prisa. Notó que era más joven que ella y que tenía el rostro cubierto de pecas.

—¡Señorita Anahí! —saludó Inés, efusiva. Apagó la radio y se aproximó a la puerta. Su sonrisa parecía estar tatuada en su semblante. En cierto modo, le recordaba a Delfina.

—Perdoná que te moleste, ¿estás ocupada? —quiso saber la pelirroja.

—No, para nada. Ando esperando que la Olga termine de bañarse para tomarme mi descanso, ¿la puedo ayudar con algo?

—Tratame así nomás, Inés, que no soy doña nada yo. Te venía a preguntar si hay algo para picar, tengo hambre —preguntó Anahí.

—La Olga iba a preparar el almuerzo para usted... vos. Pero se le hizo tarde porque estaba limpiando la habitación de don Lucio. Si querés te preparo algo yo, ¿qué se te antoja?

—Lo que venga.

Anahí entró a la cocina, curiosa. La habitación había sido remodelada poco tiempo atrás y poseía todas las comodidades modernas. En el centro, una isla se erguía con dos sillas que la chica supuso serían para que las empleadas comieran allí. Sin preguntar, se sentó en una.

—Hay milanesas congeladas, ¿te frío un par? Es fácil —sugirió Inés—. La cocina no es lo mío.

—Dale, sí, lo que haya. Y unos mates, ¿podría ser?

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