1

57 11 2


Mackenzye

Era un viernes y era uno muy frío, tía Rosse había dicho que necesitaba hablar conmigo, casi nunca frecuentábamos en casa, ella estaba todo el día en su trabajo y solo venía a dormir y a veces ni llegaba, y yo paraba toda la mañana en la escuela. Ella empezó a decir que esa misma tarde debería de ir a vivir con mi padre, un padre que en mis dieciocho años no había visto ni una sola vez, que según tía Rosse desde la muerte de mi madre él no quería saber de mí. Y ahora me decía que debía irme a vivir con él, no podía negarme, no aun, él tenía mi potestad.

— Niña, debes aceptar esto. Tu madre lo habría querido así. El pasará por ti esta misma tarde, ten tus cosas listas, pero no vayas a empacar toda tu habitación solo tus cosas personales, él te brindará todo lo que necesites. —Tía Rosse lo había dicho como si al fin se quitara un gran peso de encima

—Claro así lo haré —dije, mostrándole una de mis caras más sarcásticas. Quizá no estaría del todo mal, tal vez obtendría una buena salida para mí, un nuevo lugar un nuevo todo.

Escuche el timbre de la casa y supe que el momento había llegado, baje las gradas con mi maleta en mano, si solo era una. Tía Rosse no me había permitido llevar más, dijo que todo lo que necesitaría lo tendría allá, así que mi cargamento se basó prácticamente en cosas que me recordaban a mi madre.

— Tú debes ser Mackenzie, soy Héctor— dijo un joven de maso menos unos 25 años, mi padre no podría ser tan joven así que descarte esa idea.

— Donde esta Williams? — Esa era tía Rosse ansiosa por que me vaya.

— Yo la llevare a él, el vuelo sale en treinta minutos, así que será mejor apresurarse — ¿él había dicho vuelo? Genial, estaría muy lejos de aquí. Pero no tenía nada que me ate a este lugar. Nada aparte de tía Rosse, y aunque me había esforzado en agradarle jamás ella me correspondió el gesto, siempre estuvo insatisfecha conmigo. Sería quizá este un nuevo comienzo.

Se notaba a leguas las ganas que tenía mi padre de conocerme, tantas que ni el mismo había venido por mí. Subimos a un Jet supuse que eso era, los asientos eran cómodos. Una brisa hizo que me quedara en los brazos de Morfeo. Habían pasado siete horas y al fin habíamos llegado.

—Señorita, hemos llegado. — dijo un muy distante Héctor.

Cuando al fin bajé del auto pude observar mejor el lugar, la enorme mansión estaba rodeada por árboles unos enormes árboles, se podía entender dado que estábamos en un bosque, no podía decir cuántas plantas tenía la mansión, pero era bastante grande, y tenía una ¡torre! Una jodida torre, era como en los libros de historia.

— Es mejor que pasemos dentro — dijo Héctor, —Sarah te llevará a tu habitación si deseas algo solo debes hablarlo con ella. Asentí.

Sarah era una mujer hermosa, le echaba unos veintialgo años tenía la tez pálida al igual que Héctor, y por el color de cabello rubio de ambos, supuse que eran hermanos, tenían un gran parecido.

—Al fin la conozco, señorita Norlack. Soy Sarah espero que nos llevemos bien—dijo con una sonrisa que mostraba sus perfectos dientes.

—Cuando veré a Williams? —fue lo único que respondí y lo único que necesitaba saber. Como era de suponerse no dijo nada.

La seguí y cuando al fin se detuvo supe que era mi habitación. — Esta será tu habitación, te buscare más tarde para que veas a Williams, puedes descansar hasta entonces.

Era del tamaño del departamento que compartía con tía Rosse, la cama era bastante grande solo para mí, había una ventana que daba a la entrada de la mansión, tenía baño privado, y un vestidor completo, era hermoso, Williams se había pasado con esto. Pero ni así pensaba quedarme, supuse por el ordenador y las libretas que había en el escritorio que iría a estudiar, cuando estaba en Brasov ya había hecho el primer semestre, y si no tenía malos cálculos aquí estarían en la mitad del ciclo. Genial lo que faltaba.

— ¡Joder Víctor!, ¿Tenías que hacer esto hoy? — escuche como se rompía algo y caía en pedazos, seguidamente se escucharon pasos maldiciones e insultos.

Habían pasado como cinco minutos de absoluto silencio y decidí salir a "explorar", en realidad solo trataba de cotillear seamos sinceros. Mis ojos se enfocaron en una silueta. Era un hombre y estaba sentado en la puerta principal, con las manos en la cabeza, parecía agotado y desesperado. Tenía el cabello negro azabache, la piel blanca y unos ojos que si no veía mal eran rojizos.

— ¿Te ocurre algo? —dijo mientras avanzaba hacia mí y me sacaba del trance.

Tenía que decir algo, no podía quedar como una idiota embobada, solo por sus hermosos ojos. Joder nunca antes me había pasado.

—Yo... solo pasaba... por aquí —dije sin poder evitar tartamudear.

—Así que tú eres la hijita perdida de papi, —dijo mientras soltaba una carcajada estruendosa, yo no le había visto la gracia.

— Soy Mackenzie —dije sin verlo, porque si lo hacía volvería a ponerme nerviosa y ya no por sus ojos. El gusto que le había agarrado se me fue cuando abrió su bocota le heche unos treinta años, quizá por viejo era tan amargón.

— Habrá que esperar a que Williams te vea, será toda una historia, adiós niña — dijo eso mientras me guiñaba el ojo.

Subí las escaleras corriendo, cuando al fin llegue a mi habitación, me tire en la cama y me puse a sonreír como una estúpida, quizás esta estadía aquí no sería tan mala, solo quizás.

Un sonido en la puerta me despertó, — Niña! Será mejor que te apresures, Williams ha llegado y quiere hablar contigo. Sin duda esa voz chillona era de Sarah.

— Voy enseguida, respondí. Fui al baño y me arreglé el cabello, quería conocerlo, conocer al fin a ese que decía ser mi padre, no había probado bocado en todo el día es que acaso aquí no ¿comían?, mi estómago rugía de hambre.

Cuando al fin estuve lista me dispuse a salir de mi habitación, pero ¿A dónde iría?, baje las gradas y entre a un pasadizo que ni yo misma sabia como estaba allí, y entre en la tercera habitación, tenía el camino en mi memoria, nunca antes había estado aquí, y no sé cómo fue que supe llegar al lugar. Allí estaba el, con una mirada fija en mí, lo supe en el momento que lo vi, era Williams. Mi padre.

Kenzye..., — dijo con unos ojos cristalinos, mientras me abrazaba, — has vuelto a mí, — ¿eh vuelto?, y a donde puñetas me había ido, si en toda mi vida no lo había visto una sola vez.

Williams,dije con la voz más ronca que pude sacar de mí.

— Sé que lo has olvidado, pero pronto recordaras todo, — dijo mientras tocaba mi frente. En ese momento una serie de imágenes pasó por mi cabeza, imágenes de una niña abrazando a una hermosa mujer, imágenes de una niña corriendo por toda la mansión, imágenes de Williams, y la hermosa mujer juntos, entendí que esa niña era y yo y supe que esa mujer fue mi madre, la vi cayendo al suelo ensangrentada vi que unas manos me alejaron de Williams, una serie de flashes que me confundían, y allí empecé a recordarlo todo.

Mackenzye© || Libro 1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora