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  - ¿Y...tu madre que piensa sobre tu nuevo hermano?-me atreví a preguntar mientras caminábamos sobre el pavimento. La brisa era fresca causándome escalofríos, Jimin iba junto a mí con sus manos en los bolsillos de su pantalón y el bolso colgando de su hombro, pasaba tantas veces su mano por el cabello que ya había perdido la cuenta desde que salimos de la pequeña cafetería.

  - No lo sabe-contestó mirando al suelo-Creí que mi padre era un cobarde al hacerlo pero me siento más cobarde al no poder decírselo.

  - Jimin, creo que...

  - ¿Y entonces...?-cambió el tema-¿Qué sabes de tu madre?

  - Absolutamente nada.

  - Vamos-me sonrió un poco-Debes saber algo, ¿Acaso nunca han hablado sobre el tema?

  - Ella es una desconocida para mí, no puedo odiar a alguien que no conozco, te lo dije-me encogí de hombros-Olvidemonos de ella...

  - ¿Lo dice la que insiste en el tema de mis padres?-golpeé su brazo ante su burla y sólo sonrió como idiota. Seguimos caminando por un largo rato conversando de cualquier cosa que pasaba por nuestras cabezas.




Desperté por la noche con la garganta seca, no sabía que hora era pero todavía la oscuridad reinaba. Me levanté de la cama sintiendo el suelo frío bajo mis pies, tomé mis lentes saliendo de la habitación, bajando las escaleras me di cuenta que la luz de la cocina estaba encendida. Cuando fui a dormir mi padre no había llegado, lo encontré sentado en las sillas que estaban frente al mesón con un vaso de agua frente a él y su mano en su frente, lucía cansado, agotado y...¿Triste? Avancé a él sin hacer ruido, coloqué mis manos en sus hombros tomándolo por sorpresa, se movió un poco percatándose de mí.

  - Hola-susurré.

  - Hola-sonrió forzosamente. Era sencillo notarlo porque de cierta forma me recordaba a Jimin cuando lo hacía-¿Qué haces despierta a esta hora, cielo? Son las dos de la madrugada. En unas horas debes levantarte de nuevo...

  - Tranquilo, estaré bien-apreté un poco sus hombros notándolo tenso-¿Todo bien en el hospital? ¿Salvaste muchas vidas hoy?

  - No, no tuve suerte-suspiró. De niña pensaba que estaría acostumbrado a ver a personas morir día y día pero luego noté que no era así. Papá ayudaba en muchas áreas, estaba en partos, emergencias, operaciones, tenía sus reuniones con los demás doctores, a veces hacía dos turnos y cuando llegaba a casa pasaba todo el día durmiendo por el exceso de trabajo. Sin evitarlo pensé en lo que dijo Jimin sobre mi madre-¿Cómo sigue tu nariz? El moretón desapareció rápido.

  - Me recupero rápido-asentí.

  - Iré a la habitación, ve a dormir...

  - Quiero preguntarte algo-me atreví a decir. Me acomodé frente a él apoyando mis brazos en el mesón, sus ojos oscuros esperaron con atención-Sé que no acostumbro a preguntarte esto y puedo asegurar que no te gusta hablar de ello pero...

Ángel Caído (PARK JIMIN)¡Lee esta historia GRATIS!