Capítulo #39: La única opción es ganar

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El Gimnasio de la ciudad era el establecimiento donde menos controlaba sus reacciones, contagiado de la euforia del público y jugadores a su alrededor. Cualquiera entendería sus nervios, intentos de lucir relajado y arranques de competitividad. Evitaba caer en la nostalgia de que estas eran sus últimas eliminatorias. Todo aspecto que aumentase su intranquilidad o generase tristeza era pateado a un lado; no eran momentos para nublar su mente.

Por supuesto, siempre había excepciones a las reglas. Todo aspecto negativo era eliminado, a menos que se relacionase con el estado de Daichi cuando creía que no era visto. Bien sabido por él era que su meta de estar curado para ese día se salió de su alcance; evitaba pensar que era su culpa el haberlo frustrado.

Trataba de centrarse con hechos cuyas consecuencias eran más seguras. Haber tosido hacía menos de cuarenta y ocho horas era favorecedor. No solo era probable que no presentase ataque alguno, sino que tampoco tendría tantos problemas respiratorios, al menos no en ese primer día. Si las siguientes flores ya estaban creciendo, aún no ocuparían el espacio suficiente para importunarlo. Perfecto para dar confianza en su primer escalón hacia la cima. Deseaba ganar con el marcador limpio, dos a cero, de modo que el esfuerzo no fuese excesivo para su cuerpo desgastado por la pobre oxigenación de días anteriores.

Lo que le preocupaba era el segundo día de las eliminatorias, ya que disputarían dos partidos, y no sabía si Daichi contaría con la resistencia suficiente para aguantarlos. En caso de hacerlo, ¿se recuperaría para la final apenas un día luego? Ahora que pisaba el estadio, la verdad de la que huían los mayores resonaba más en el interior de su cabeza. Cualquiera de estos podría ser su último juego. Era peor para el capitán, que podía ser forzado a retirarse en caso de requerir la operación para salvarse. Si les tocaba perder en esta ocasión, esperaba que fuera con su amigo en las mejores condiciones físicas que pudiese tener. La culpa no recaería en él de ese modo.

Si les tocaba despedirse de las canchas en las rondas por venir, que fuera con Daichi orgullosamente de pie dando la cara por su equipo.

Sintió una mano firme sobre su hombro derecho. Con ver su tono moreno, supo a quién se encontraría al levantar la mirada.

—No sé qué estarás pensando, pero estás tenso. —Apretó un poco—. Estoy seguro de que esta vez jugarás en más de un partido. Te necesitamos calmado para que nos refresques. —Le sonrió.

—¿Estás bien, Daichi? —Le devolvió el gesto antes de darse cuenta.

—Si es eso en lo que piensas, deja de preocuparte por hoy. Me siento como si nada.

—Ten cuidado en la cancha, ¿sí?

—Lo tendré. Ya verás, venceremos a Johzenji sin mayores inconvenientes. —Soltó su hombro—. Ya es hora de calentar, vayamos.

Daichi estuvo en lo correcto por la mitad. Se cumplió su deseo de que la victoria fuese limpia para ellos, nada de un tercer set para desempatar y perder más energías. Sin embargo, ese equipo era tan explosivo que hasta Kageyama cayó en su onda, efecto que acabó con sangre escapando de su nariz, una visita a la enfermería por el resto del primer set y su estreno en las eliminatorias. Si era sincero, no había esperado participar tan pronto, mucho menos bajo esas circunstancias que no era capaz de agradecer del todo.

El próximo rival era de temer, según lo expuesto por el entrenador. Estaba seguro de que el sentido competitivo de Hinata se activaría más allá del máximo al enfrentarse cara a cara con el jugador más parecido a su ídolo en la prefectura. Tenía un mal presentimiento. Wakunan prometía dar batalla, lo que menos les convenía cuando el siguiente juego era la semifinal.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!