☣ Capítulo 20 ☣

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Victoria Onisse

Lo primero que siento es como mi cuerpo es rozado por el viento. Al parecer me estoy moviendo, lo cual es raro teniendo en cuenta que siento que estoy sobre una suave cama, una cálida, confortante y... ¿peluda cama?

Abro los ojos de golpe recibiendo como un choque eléctrico en mi cuerpo los recuerdos de la noche. Tanto había pasado en solo cuestión de horas que mi mente aún estaba tratando de procesarlo.

– ¡¿Qué es esto?! –grito desesperada al notar la posición en la que estoy. Encima de lo que parece un animal enorme mientras este corre a gran velocidad, pero no es un animal cualquiera ni es producto de mi imaginación o de mi cabeza revuelta, es Leo, el que se convirtió en un buen amigo y luego se convirtió en un lobo castaño. ¿Cómo se supone que reaccione con esto?

Leo/Lobo se detiene y no dudo dos segundos en saltar hacia la seguridad del suelo. Agradezco que mis tacones ya no están porque podría haberme roto un tobillo con ese salto. Aterrizo sobre la tierra húmeda y fresca, al parecer estamos en el bosque y aún no amanece. Con la mirada busco la presencia de alguien más, pero aparentemente estamos solos. ¿De quién fue la idea de dejarme a solas con un lobo de poco más de metro y medio? La cabeza del animal se gira en mi dirección y lo único que al parecer queda de mi amigo son aquellos ojos amarillos que tanto me llegaron a intimidar. Por simple instinto termino dando un paso atrás y esto aparentemente le duele al lobo frente a mí. Puedo verlo en su mirada.

¿Te duele que quiera alejarme, Leo?

Ni siquiera puedo estar segura de que ese sea Leo, mi cabeza seguramente me jugó una mala pasada cuando lo vi transformarse de forma tan tétrica en un animal cubierto de pelo, con largos colmillos y mirada penetrante. Bueno, lo de la mirada lo tenía desde antes.

No sabía que mi mente era capaz de crear fantasías tan reales, porque la única explicación que mi cerebro podría dar a esto es que había consumido algún tipo de droga que me hizo alucinar a mi amigo convirtiéndose en un hombre lobo. Nada de eso tendría sentido, sin embargo, aquí me encuentro con el animal más grande que he visto -no salgo mucho de esta pequeña ciudad- y resulta ser que quieren que crea que este lobo es Leo. ¡Ridículo!

Debería estar aterrada, lanzarme a correr y rogar por encontrar ayuda o simplemente debería pellizcarme para despertar del sueño, pero cuando sus ojos me penetran, sé que algo de esta fantasía es real. El miedo, el terror que se refleja en aquellos orbes dorados es real, no puede ser producto de mi imaginación. El lobo tiene miedo... miedo de mí, de mi reacción, de mi rechazo y eso solo puede significar una cosa.

Leo realmente se ha convertido en el lobo gigante frente a mí. Leo es un hombre lobo y probablemente yo sea su presa.

Y de nuevo me doy cuenta de que estoy perdiendo la cabeza. Leo ha cambiado... literalmente se ha transformado, pero refiriéndome al hecho de que ya no es el mismo cretino que conocí durante los primeros meses en Abbott sé que no es posible que ahora quiera lastimarme. Quiero creer en él, quiero hacerle saber que no tengo miedo de él, de su nueva forma, por lo que doy otro paso, esta vez hacia él.

Pecar para amar¡Lee esta historia GRATIS!