- Parte 2: En tierras Ignotas -

Start from the beginning
                                                  

-¡Menuda caída! -dijo Irwing, dolorido, mientras se incorporaba con lentitud. Se volvió hacia el gran maestro y preguntó-. ¿Se encuentra bien?

-No... creo que me he torcido el tobillo.

Las balas volvieron a sonar. Irwing alzó la vista y vio a los seguidores del Símbolo Arcano en lo alto de la ladera y disparando contra ellos.

-¡No te atrevas a abandonarme! -gritó Theophilus-. ¡Soy el gran maestro del Culto de Osgard y te ordeno que me ayudes a...!

-¡Sí, sí, sí! -dijo Irwing-. ¡Ya mismo!

Irwing le tendió una mano al gran maestro y este la agarró. En cuanto se puso en pie, Irwing se pasó el brazo de Theophilus por encima del hombro y, con lentitud pero a paso firme, le ayudó a caminar. Los dos se dirigieron hacia el laberinto de rocas puntiagudas, mientras los seguidores del Símbolo Arcano descendían la ladera. Rocas bastas, afiladas y deformes se alzaban hacia el cielo estrellado. Descendieron un terraplén y cruzaron por debajo de un arco de roca. Irwing decidió cargar con Theophilus sobre sus hombros y, sin mirar atrás, corrió lo más rápido que pudo.

<<CRACK-CLACK>>

-¡Nos están alcanzando! -gritó el gran Maestro-. ¡Date prisa, zopenco!

-¡Eso intento! -se excusó Irwing entre jadeos.

Rodearon una roca y se ocultaron en la hendidura que había en el otro lado. Varios hombres del Símbolo Arcano pasaron corriendo junto a la roca sin que se dieran cuenta de su presencia. Uno de ellos, el último por la cola, levantó una nube de polvo cuando pasó por delante de Theophilus e Irwing.

-¡Achis! -estornudó Irwing.

El hombre que levantó la nube de polvo se volvió y vio a Theophilus y a Irwing ocultos en la hendidura de la roca.

-¡Están aquí! -dijo el seguidor del Símbolo Arcano al mismo tiempo que tomaba el rifle para dispararles. Irwing se abalanzó sobre él, agarró el rifle y los dos forcejearon. El arma se disparó varias veces y las esquirlas de las rocas saltaron por los aires. Irwing empujó con fuerza el rifle y la culata golpeó el rostro del seguidor del Símbolo Arcano. El hombre, cayó desmayado.

-¡Vamos! ¡No hay tiempo que perder! ¡Ayúdame a incorporarme! -ordenó Theophilus.

Irwing, sin soltar el rifle, ayudó al gran maestro a incorporarse y volvió a poner su brazo sobre su hombro.

-¡Con el follón que hemos montado seguro que nos han oído! -exclamó Irwing-. ¿Hacia dónde vamos?

Un par de seguidores del Símbolo Arcano aparecieron tras una roca dentada con las armas levantadas.

-¡Allí están! ¡Qué no escapen!

Las balas volvieron a volar en dirección a Theophilus e Irwing.

-¡Vámonos! -exclamó el gran maestro-. ¡Salgamos de aquí!

Irwing cargó con Theophilus a la vez que intentaban esquivar las balas. Se cubrieron tras una roca con forma de espiral, para acto seguido saltar tras una plana y partida. Irwing intentó asomar la cabeza por un lateral pero una bala impactó contra el parapeto de roca. A ciegas, disparó varias veces con el rifle e inmediatamente salieron del parapeto.

Los dos corrieron por el laberinto de rocas hasta llegar a una bajada de piedra. Descendieron los escalones de piedra de dos en dos y al llegar abajo se encontraron con una hondonada. Irwing tropezó con un desnivel y los dos cayeron de bruces. Cuando se dieron la vuelta e intentaron incorporarse, vieron a los seguidores del Símbolo Arcano descendiendo los escalones de piedra y accediendo a la hondonada.

Los DiscípulosWhere stories live. Discover now