ATANEA: XXV

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Nota: Leerlos es una de las mejores partes de hacer esto. Los quiere, Princess G−.

Capítulo 25: Te lo advertí.

El sol había vuelo a brillar en el cielo, pero comenzaba a esconderse en el horizonte. Sus rayos lograban atravesar los pequeños espacios que dejaban las tupidas ramas de los árboles del espeso bosque. Aunque el sol se posicionaba justo al frente, la temperatura había bajado bastante, y soplaba un frío polar. Mi ropa y mi cabello seguían húmedos por la ultima lluvia y el frío no ayudaba a secarlos.

Subíamos por una colina donde el bosque se había hecho aún más espeso. Mis piernas me pesaban, pero me negaba a pedir que alguno de los tres me cargara.

Yo también era una hummon, y si quería asumirlo por completo, debía empezar a esforzarme no solo psicológicamente, sino que también físicamente.

―¿Cuánto falta para llegar a ese helicóptero? ―pregunté con inocencia, intentando evitar que el cansancio quedara expuesto en mi voz.

―A tu paso, aún falta mucho. ―Theo me miró de reojo formando una pequeña sonrisa torcida.

―No es verdad, es que no podemos correr y cargarte porque podríamos hacer demasiado ruido ―refutó Finn, que iba justo delante de nosotros, con Mike de cabecera.

―Yo creo que la princesa quería una excusa para ir en la espalda de Theo ―soltó Mike, logrando que me pusiera roja como un tomate y le dedicara una mirada asesina.

―Princesa, puedo cargarte, no tienes que hacerte la cansada ―ofreció Theo, aminorando el paso, regalándome uno de sus guiños.

―¡Claro! ―bufé―. Como ninguno de ustedes se acuerda de que yo no nací en el mundo mágico y no fui entrenada toda mi vida para desarrollar súper habilidades raras.... claro, claro ―ironicé aleteando con una mano―, obvio que no tienen por qué dolerme las piernas después de caminar durante horas cerro arriba.

―Corrección; si naciste en el mundo mágico ―replicó Mike, elevando el pulgar―, solo que te fuiste muy pronto.

―Vale ya, ella tiene razón ―intervino Finn―. Claire, ven acá, yo te llevo en mi espalda ―dijo en una forma sincera, como si estuviera cansado de nuestra discusión.

Finn se detuvo justo al frente mío y se inclino hacia adelante, extendiendo sus brazos para atrás, así invitándome a subir a su espalda. Antes de que pudiera negarme, Theo se interpuso.

―Ni lo sueñes, ricitos de oro ―gruñó―. Claire es mi responsabilidad, si alguien debe cargarla, soy yo.

Finn se giró en redondo y encaró a Theo con sus profundos y oscuros ojos azules.

―Todos cuidamos a Claire, no importa quien la lleve, lo importante es que esté a salvo ―replicó.

La tensión entre sus miradas era palpable.

−Por supuesto, tal como la cuidaste dejando que viniera hasta acá −atacó Theo, chispeante.

―No fue su culpa ―intervine―. Te contaré toda la historia después. ―Me interpuse entre ambos, mirando hacia Theo―. Ahora, guardián, agáchate y lleva a la prisionera en tu espalda.

Theo sin decir ni una sola palabra más, me tomó de un golpe por debajo de los brazos y antes de un pestañeo ya me encontraba sobre su espalda.

―Hora de seguir ―ordenó Finn.

Ya casi llegábamos a la cima de la colina.

―No creo que debamos seguir en esta dirección. ―Mike habló agitado antes que se escucharan múltiples disparos y ruidos estruendosos

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