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─Mamá no te ha contado toda la verdad.

─¿Cómo?

─El otro día mientras comíais, entré en el despacho de Cooper y encontré unos documentos, Cooper ha estado todo este tiempo siguiéndote, tenía información de todo lo que has hecho incluso fotos tuyas.

─Sabía que algo escondía, es un maldito acosador.

─Eso no es del todo cierto, entre esos papeles había una orden de alejamiento, él y mamá se encontraron hace dos años y ella interpuso esa demanda para que no se pudiera acercar a ti, por eso no has sabido nada de él en todo este tiempo ─le miro esperando una reacción pero no se mueve, tiene la mirada fija en el suelo ─. ¿Te acuerdas hace trece años cuando él vino a por ti?

Mat me mira y asiente.

─Después de muchos años él se entero que mamá no había abortado como él quería, por eso ese día fue a por ti, a conocer al hijo que nunca pudo ver. No le estoy justificando, pero Cooper ya no es el hombre que era cuando le hizo eso a mamá, tienes que darte cuenta que ha cambiado.

─Eso ya no depende de él ni de mamá, me ha hecho mucho daño, no le he importado nunca, si es verdad lo que dices podría haber hablado conmigo.

─¿Con una orden de alejamiento qué le puede meter a la cárcel? No creo.

─Creo que eso ahora no le está deteniendo, está más cerca de nosotros que nunca, hasta se está permitiendo hacer negocios con Will.

─Sí, eso es algo que yo también me pregunto, ¿cómo puede quebrantar a estas alturas las leyes?

Mi hermano se coge de hombros y se levanta de la cama, sale por la puerta y le sigo hasta la cocina.

─¿No tienes curiosidad?

─¿De qué?

─De ver si ha cambiado de verdad y conocerle, Mat, él sigue siendo tu padre.

─Ahora mismo no se qué pensar, necesito tiempo.

Asiento y le doy espacio, subo las escaleras y abro la puerta de la habitación de mi madre, me siento sobre el colchón y la observo.

─Cooper a cambiado, por eso has quitado la orden de alejamiento, ¿verdad?

Mi madre no dice nada, su cuerpo sigue dándome la espalda pero sé que me ha oído, beso su mejilla y le doy su espacio. Espero que le dé pronto respuestas a Mat, porque sé que esto es muy importante para él.

*****

Me tumbo sobre la manta y observo el cielo, necesitaba aire puro y que mejor plan que organizar un picnic con Dylan. Él se tumba a mi lado y besa mis labios, apoya su cuerpo en su brazo izquierdo y me mira fijamente.

─¿Por qué me rechazaste cuando te besé?

─¿Cuándo?

─Hace años me rompiste el corazón y ni siquiera eras consciente de ello, desde aquel momento, me ha costado mucho verte de nuevo de la misma forma .

─¿Dices el beso en el campo de fútbol?

Asiento y aparto la mirada, cada vez que lo recuerdo se me eriza la piel, puede que si no lo hubiera intentado, ahora mismo Dylan no estaría aquí conmigo.

─No me di cuenta hasta más delante de lo especial que llegaría a ser ese beso ─me mira y sonríe─, pero en esa época mi corazón solo tenía espacio para una persona, una persona que día a día se debatía entre despertar o seguir sumergida en ese sueño profundo ─recoge un mechón de mi cabello y lo atrapa entre sus dedos─. Ahora soy consciente de que lo que te hice estuvo fatal, pero en esos momentos no era yo.

Dylan no era un chico muy expresivo, cuando nos cruzábamos por los pasillos, él siempre iba con la cabeza agachada y los cascos de música puestos. Nunca le había visto sonreír hasta ahora, que Gemma haya despertado ha devuelto a Dylan a la realidad.

Me levanto y le tiendo mi mano, le ayudo a levantarse y me pongo de puntillas para llegar a su altura. Beso la punta de su nariz y entierro mis manos en su cabello, uno nuestras frentes y poso mis labios sobre los suyos.

─No sé que voy a hacer sin ti.

─Vivir ─Dylan besa mis labios pero se aparta rápidamente para hablar─, prométeme una cosa, nunca dejaras nada atrás por mí, siempre cumplirás tus sueños aunque yo no esté en ellos, por favor ─me suplica─. Prométemelo.

─Te lo prometo.

─¿Segura?

Posa mis manos en mis caderas y las aprieta.

─Sí.

Me quedo hipnotizada con el color plateado de sus ojos, Dylan aprovecha mi vulnerabilidad para hacerme cosquillas, caigo en la manta y empiezo a removerme entre carcajadas.

─¡Dylan para!

Se detiene y se coloca encima de mí, coloca su cabeza sobre mi pecho e imita el sonido de los latidos de mi corazón.

─Estás muerta bromea.

─Creo que sí, porque ahora mismo estoy en el cielo.

Dylan me mira y empieza a reírse, me uno a él y los dos llenamos el silencio de armonía.

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