For every story tagged #WattPride this month, Wattpad will donate $1 to the ILGA
Pen Your Pride


Una luz artificial proveniente de una lámpara a mi lado me hizo parpadear varias veces, pues mis ojos dolían al igual que mi cabeza.

Una vez estuve en mis plenas facultades, advertí que me encontraba en una cama que no era mi colchón habitual, en una habitación que no era para nada la mía y definitivamente, vestía una camisa blanca que tampoco me pertenecía.

Noté de inmediato un fuerte dolor en la zona baja de mi cabeza y un leve malestar ocasionado por el pelo aún mojado cayendo por mis hombros.

- ¿Cómo te encuentras? - la voz grave de Harry inundó la estancia. Giré para verlo de espaldas junto a una mesa de escritorio color caoba, escurriendo un paño sobre un cuenco con agua. Su altura de aproximadamente 1'80 m asustaba. Su torso estaba desnudo, dejando ver algunos tatuajes en su espalda y brazos, que nunca antes pude apreciar debido a sus siempre presentes chaquetas. Se giró con el paño ya escurrido en su mano derecha, dejándome ver muchos más tatuajes cubriendo su pecho y abdomen. Vestía únicamente unos vaqueros negros ajustados y su pelo estaba despeinado con algunos mechones cayendo por su frente. Su semblante serio, para variar.

- ¿Qué hago aquí? - dije incorporándome, quedándome sentada en aquella cómoda cama. De repente, un golpe de realidad azotó mi mente. Annie. Noté mi propio rostro palidecer. - ¡Annie! ¿Qué habéis hecho con ella? - grité todo lo que el nudo presente en mi garganta me permitió.

- Amélie. - por primera vez Harry mencionaba mi nombre al completo, lo que no sabía si me agradaba o aterrorizaba. - Túmbate, ¡ahora! - definitivamente me aterrorizaba. Me tumbé enseguida, más bien por acto reflejo, cuando Harry alzó la voz lo suficiente como para que me callara y avanzó hacia mí, sentándose a mi lado en aquella cama.

Contra todo pronóstico, dejó caer el paño caliente sobre mi frente y tapó mi cuerpo con la sábana arremolinada a mis pies, aliviándome el frío.

Harry me miraba con su ceño fruncido, pero yo no me atrevía a hablar, no quería acabar como Annie.

Miré todo a mi alrededor, fijándome por primera vez en la ventana a mi lado. Era noche cerrada, con la luna menguando y algunas estrellas esparcidas por el cielo, no muy visibles. Una lágrima cayó a través de mi mejilla sin poder controlarla. Rápidamente, llevé la manga de aquella camisa a mi rostro para limpiarla.

- Mellie... - la voz de Harry parecía entristecida, sin embargo, al mirarle, su rostro no expresaba ninguna emoción.

- ¿Dónde estoy? ¿Qué es todo esto Harry?

- Estás en mi habitación. - Harry expresó dejando caer un largo suspiro. ¿Qué?

- ¿Qué hago aquí? ¡Llévame a mi habitación! - me incorporé hasta quedar sentada, asustada por lo que pudiera hacerme. 

El rostro de Harry se ensombreció y noté como apretaba sus mandíbulas fuertemente. - Quédate quieta, no seas cría. - Harry habló para después dirigirse al escritorio de antes, agarrando unas vendas con las que posteriormente rodeó los nudillos de su mano derecha. 

Me quedé ahí quieta, sentada, tal y cómo él me ordenó, por miedo a que me hiciera algún tipo de daño. 

Después de un par de minutos, Harry volvió a mi lado. Me quedé observándolo mientras él parecía estar absorto en sus pensamientos.

- La semana que viene partiremos de aquí. Jugarás tu primera partida clandestina. Espero que no la cagues, de ser así ya sabes lo que te espera.

Justo cuando iba a decir algo al respecto, tocaron a la puerta. Harry se levantó de inmediato y fue a abrir, dejando al descubierto a Mamá, que se mostraba más enfadada que de costumbre. Su furia se acrecentó en el momento en que me vio a mí.

- ¿Qué hace la niña aquí? - Mamá siempre se dirigía a mí de esa forma, haciéndome sentir como una niña pequeña y asustada.

- El inútil de tu guardaespaldas siempre mete las narices dónde no tendría que meterlas. - Harry escupió aquellas palabras sin un ápice de inseguridad en su voz.

- Él hace lo que yo le pido, al igual que deberías hacer tú, si aprecias en lo más mínimo tu vida. - la anciana sentenció para luego mirarme con desprecio.

- Es un completo inútil, no sabe acatar órdenes correctamente, puso en peligro la integridad de una rehén. - dijo Harry refiriéndose a mí. -  Después de todo el esfuerzo que me llevó instruirla, él iba a cagarlo todo en un minuto. No sabe hacer otra cosa más que hacernos perder dinero. - el castaño profirió tajante. 

La anciana le miró durante un segundo, para después marcharse sin emitir palabra alguna.

Harry cerró la puerta y se dirigió hacia el escritorio, sentándose en una silla cercana a éste. 

- Duerme. - dijo de espaldas a mí, tecleando números en una calculadora y apuntándolos sobre papel. - Mañana habrá que trabajar lo suficiente para compensar la pérdida de tiempo que nos has obligado a tener hoy.

Me tumbé de lado, observando el cielo nocturno a través de aquella ventana. Suspiré cansada, aterrada por el hecho de quedarme toda la noche en la habitación de Harry, pero sin más remedio que callar y aceptar. Era eso, o una bala entre ceja y ceja, así que opté por obedecer.
Agarré mis rodillas adoptando una posición fetal, lo que me hizo aspirar el aroma familiar de la camisa tres tallas más grande que portaba, y de la que no tuve duda, era dueño Harry.

Pensando en mi familia, en mi próxima partida clandestina y en Annie, me dejé llevar por el sueño.

----------------------------

Los primeros rayos de Sol de la mañana acariciando mi cara me despertaron. Por primera vez desde que llegué allí me sentí completamente descansada.

Observé cada rincón de la estancia en la que me encontraba, estaba sola. Me levanté aún somnolienta y me dirigí hacia la puerta, forcejeando el pomo sin resultado, Harry me había encerrado con llave, obviamente.

Miré a mi alrededor y mi mirada se posó sobre el escritorio, que se encontraba lleno de lápices esparcidos sin ningún orden. Avancé cautelosamente hacia él y me dispuse a abrir los cajones uno por uno. En ninguno parecía haber nada de importancia para mí. Un par de libros sobre las reglas del póquer y un libro de cuentas, en el que Harry había estado apuntando cada ganancia y pérdida de la asociación al parecer.

Y en el último cajón, entre varias hojas en blanco, una carpeta con mi nombre. La saqué inmediatamente, después de asegurarme de que estaba sola una vez más. 

Su contenido me dejó sin aliento. En su interior, no sólo figuraban mis datos básicos, como la fecha de mi nacimiento o mi vivienda actual. Entre aquellas hojas escritas, había numerosas fotografías. En todas ellas aparecía yo, en el campo de lavanda en el que vivía, en un restaurante en Marsella, en varias discotecas, paseando por las calles... y unas especialmente perturbadoras de mi estancia en Londres, la cuál había finalizado ya hace un año, al terminar mi máster. ¿Durante cuánto tiempo había estado aquella gente siguiéndome?
Me percaté de un último libro al fondo del cajón. Suponiendo que sería otro libro de póquer, pero cediendo a mi curiosidad nata, lo agarré cuidadosamente y leí en inglés "Cumbres Borrascosas", sabiendo por el marcapáginas que aquel ejemplar era nada más y nada menos que el mío.

Un escalofrío invadió mi espina dorsal y volteé mi rostro para encarar a un muy enfadado Harry.

---------------------------------

TWITTER: pokerface_watt
¡Espero que os haya gustado! Se que lo he subido un poco tarde, pero estuve ocupada. La semana que viene con suerte podré subir maratón :)
Comentad y votad, gracias.
- Ana xx

Poker Face¡Lee esta historia GRATIS!