Capítulo 20: Confusión.

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-Eso fue... intenso...

Bulma miró el suelo.

-Lo fue, para él, claro.... Después de eso el intento que yo vuelva hacerlo de nuevo, pero no lo consiguió. Yo seguí con mi postura de hacerle notar que no provocaba nada en mi . Ni una sola noche lo volví a besar, y él era demasiado orgulloso para hacerlo o pedirlo.

Bulma se puso de pie y caminó hacía la ventana contemplando la hermosa noche.

-Y eso sirvió de algo?

-Sirvió para distraerlo. Después de esa noche se convirtió en una especie de esclavo para mi... No hacía otra cosa más que intentar complacerme, pero yo no cedía.

-Entonces, ese era tu plan... volverlo loco de pasión?

-Algo así. Fueron dos meses divertidos... hasta que se canso... y me gano una batalla... Fue larga la espera... pero al fin lo logró...

[...]

Habían pasado dos intensos meses. Dos meses donde Vegeta tomó a Bulma casi todas las noches.

Todas las tardes el hombre iba al prostíbulo y le exigía a Zou buscar a Bulma, prepararla y llevarla a la noche a su cuarto.

La mujer se molestaba realmente, ese era un trabajo y Vegeta no le daba un solo centavo. Y él la hacía perder su tiempo.

Sin embargo, la mujer se había dado cuenta del intenso capricho que el príncipe estaba teniendo hacía la humana. Con qué ímpetu la buscaba solo para pedirle que la prepare solo para él.

Y poco a poco se fue dando cuenta que la chica no se resistía. Al contrario, la esperaba gustosa en su casa encerrada. Ella se la llevaba, la preparaba, la dejaba hermosa siempre y luego iban juntas a su habitación.

Todas las noches Vegeta se sentaba en su sillón, bebía una copa de su mejor vino y esperaba ansioso. Hasta que la puerta era tocada y su corazón empezaba a bombear con fuerza. Si, él la esperaba y ella llegaba a él. La loca peliazul, siempre hermosa y siempre peleadora.

Solo se cerraba la puerta y él enseguida la tiraba a la cama, siempre bruto, siempre salvaje. Y todas las noches, era lo mismo. Peleaban, discutían a muerte, él acababa más de seis veces solo con ella y ella no soltaba ni un solo gemido.

Simplemente era demasiado resistente. Sin embargo, a pesar de las peleas y los insultos, Vegeta la seguía llamando. Era como un afrodisiaco peculiar su resistencia, y el hecho de que el luchaba para hacerla aunque sea ruborizarse, lo prendia más y más.

Él tenía un propósito, y era que ella lo vuelva a besar y lo montara como aquella mañana, pero no lo hacía, no pasaba y eso lo frustraba.

Pasaban las horas y él la tomaba sin piedad, sin control y demasiado satisfecho. Tanto, que una mañana al despertar, se había dado cuenta que hacía demasiado tiempo que no pisaba su harem. Después de matar a su favorita, por culpa de Bulma, jamás volvió por aquel lugar. No había elegido otra mujer, ni siquiera se acordaba que debía hacerlo. Solo Bulma ocupaba su mente y su cama... Nunca más volvió por allí, después de casi dejarlas muertas a todas aquella noche, cuando la loca lo humilló por primera vez, él se encaprichó de tal manera con ella que no había medido las consecuencias. No tocaba a sus mujeres.

Y sin saber porque, eso le preocupo. Su vida se había convertido sin querer en una rutina extraña.

Se levantaba, comía, entrenaba hasta estar exhausto, volvia a comer, se bañaba y se acostaba con la loca.

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