Prologo

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Soy gorda, vale, lo capto. Gorda como una vaca, gorda como una ballena, gorda como Keiko, sí, me las sé todas, no te esfuerces en buscar una nueva frase hiriente o ingeniosa para mofarte de mí, seguro ya la he escuchado antes.

Que mis cachetes son enormes —y no precisamente refiriéndose a mi cara— es un chiste antiguo. Que si me lanzó a la piscina provocó un maremoto o que si me caigo en educación física tenemos temblor es la pulla de siempre.

Sí, soy impermeable a todo eso, no te molestes.

Pero, ¡joder!, ¿por qué la gente se pone tan poética en San Valentín?

"Gorda, ¿ya tienes a alguien con quien pasar Valentín?"

"Pues no mamá, fíjate, y deja de llamarme gorda, ¡maldición!, no suena a que sea de cariño"

En la escuela los chicos han dibujado una caja de chocolates y a mí (una especie de bola con patas) y han escrito debajo: "100% amor". Para su información el chocolate no me gusta... no me gusta tanto... y en todo caso soy completamente incapaz de comerme la cantidad que proclaman.

Para las gordas todo es más difícil: probarnos ropa, conseguir sujetador de nuestra talla, encontrar el amor...

¡Pues que les den!, este 14 de Febrero no voy a tener un novio, ¿y qué?, me atrincherare en el cuarto, pondré "Juego de Tronos" y reiré mientras matan a alguien. Peluchitos y bombones a las chicas huecas; yo, mis ochenta y ocho kilos y Netflix tenemos otra manera de divertirnos.

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