Parte Única.

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Aún estaba estupefacto, simplemente lo que sus ojos podían observar era demasiado para él. 

....Minutos antes.

Había estado realizando los apuntes de días pasados ya que por un resfriado había faltado a clases, y decidió hacerlo en el aula ya que sabía que no lo haría en su casa porque se pondría a entrenar en vez de estar escribiendo mil y un ejercicios en sus cuadernos. 

Estaba aburrido, el atardecer se estaba haciendo presente dejando entrar esa luz anaranjada por la entrada del salón dado que la puerta estaba abierta. Suspiró. Le había pedido a Yaoyorozu que le pasara las notas y ejercicios sin resolver pues ella realmente tenía todo y en completo orden. 

Decidió terminar al menos de pasar todo lo que fuera necesario, y al día siguiente se dedicaría a resolver esos ejercicios que cada vez parecían ser más complejos. No quedaba casi nadie en la escuela, ya que no escuchaba casi nada de ruido y eso le tranquilizaba, al fin algo de calma.

-¡Maldita sea! - Aquella voz que resonaba por el pasillo le era familiar haciendo que el pensamiento de calma se esfumara. Trató de no hacerle caso y continuar con sus deberes, no podía darse el lujo de distraerse si quería irse pronto a su casa. 

La persona que entró al salón de clases fue todo menos delicadeza, ya que no le importaba golpear las butacas con su mochila al ir pasando por los pasillos, además de dejarse caer en su asiento alzando la tapa de su mesa y rebuscando en aquel lugar. 

-Esto debe ser una estúpida broma. - De pronto sintió una mirada sumamente pesada y sin más alzó su vista topándose con aquellos ojos escarlata llenos de furia. Mantuvo la calma esperando a que el rubio cenizo explorara y le gritara de cosas. - Tú, dos caras imbécil - le decía con aquella voz ronca que lo caracterizaba mientras se levantaba de su asiento y se dirigía hacia él. -Tú lo tomaste y lo escondiste ¿cierto? ¡¿Ahhhhhhhh?! ¿Te divierte? - No tenía idea de lo que decía, sólo que le estaba culpando de algo. 

-No sé a qué te refieres Bakugo - Y sin más decidió volver su mirada hacia su cuaderno mientras el otro llegaba frente a él. Notó humo salir de sus manos, así que se puso alerta por si decidía realizar alguna de sus explosiones. 

Se había acostumbrado a que le dijera de esa forma en vez de su nombre, no tenía sentido mencionarlo, no le haría caso. 

-Mi celular maldita sea, ¡Tu lo escondiste! Devuélvemelo o te exploto esa cara de engreído que tienes - Cerró los ojos y contó hasta quién sabe qué número para poder calmarse, no iba a seguirle el juego al chico explosivo. -¡¿Me estás escuchando hijo de...?! - o eso pensaba.

-Deberías medir tus palabras - No tenía paciencia en ese momento, estaba molesto porque lo había interrumpido por una tontería, por algo que sólo había deducido por estar presente en ese momento, y que no tenía prueba alguna. Había lanzado su quirk de hielo hacia el rubio, dejándolo prácticamente inmóvil contra la pared. Le sorprendió que no hiciera explotar aquella capa que lo tenía prisionero y sólo se dedicara a forcejear. Se acercó a él, tenía esa pregunta en la cabeza y sin darse cuenta lo mencionó en voz alta - ¿Por qué no usas tu quirk?

-No soy un idiota para explotar el salón de clases - Esa respuesta no se la esperaba, el rubio se caracterizaba por dejarse llevar por su furia y explotar todo lo que estuviera en frente de él. Esa parte racional que le estaba mostrando simplemente no encajaba con aquella descripción. El ceño del más bajo seguía fruncido, y seguía forcejeando sin realmente mirarle directamente - y aunque puedo realizar una explosión pequeña, seguro se escucha y me riñen por ello.

-Yo no tengo tu celular - no supo qué más decir, simplemente seguía extrañado. 

-Ya lo sé maldita sea - y aquella visión le hizo perder casi por completo la respiración. Un tono carmín se expandía por las mejillas del ojirubí, mientras dejaba de moverse. -Quítame esta mierda de encima, me voy a congelar.

¿Tierno? [TodoBaku]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora