V

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Era Lucía. La babosa gigante se dio vuelta. Lucia lanzó un alarido y corrió hacia la puerta. La cosa esa se precipitó tras ella.

De alguna manera desperté y corrí también. Al llegar al living tropecé con el mantel y me caí. Lucía gritó de nuevo; la cosa la había agarrado de un pie con un apéndice ad hoc y la elevaba en el aire. Me levanté precipitadamente; algo me golpeó el pie: el salero. Lo levanté. Recordé un dibujo animado de mi infancia sobre babosas samurái.

La sal deshidrata a las babosas, pensé. Le quité la tapa al salero, me acerqué a la cosa y le tiré todo el contenido encima.

Lucía cayó al piso y gateó hacia mí. Hipnotizadas, vimos cómo la cosa se retorcía y convulsionaba, se arrugaba y achicaba. Finalmente quedó reducida a una pasa de uva del tamaño de una pelota de voley.

Permanecimos en silencio un rato, asimilando lo que habíamos presenciado. Un grito nos sacó de nuestras cavilaciones. Andro Ide venía al rescate con un palo de amasar en la mano. Llegó a la entrada y se detuvo, perplejo.

—¿Qué rayos...?

—Tarde como la justicia llegaste −dije levantándome.

—Es verdad −agregó mi hermana−. Qué casualidad, ¿no?

Nos miramos. Por fin nos poníamos de acuerdo en algo.

—Debe ser un robot enviado por aliens como este, para estudiarnos.

—Nadie puede llamarse así en serio.

—¿De qué hablan? −preguntó Andro, alterado−. ¡No soy un robot!

—Hay una sola manera de probarlo −dije.

Tomé la taza de mate cocido, que había sobrevivido al desastre pero ya estaba frío, y se lo tiré a Andro en la cara.

—¿¡Qué te pasa!? −gritó−. ¿¡Estás loca!?

Lucía me miró, decepcionada.

—¿Por qué no hace corto?

—¡Porque no soy un robot!

—¡Pero hablás raro! Y ese nombre...

—¡Y qué sé yo! ¡Ya les dije que soy uruguayo!





Nota: la nacionalidad de Andro Ide es absolutamente arbitraria, el personaje no refleja para nada cómo son los uruguayos ni lo que pienso de ellos. Originalmente, la idea era que realmente fuera un androide extraterrestre, pero el límite de palabras me llevó a simplificar la historia y el resultado me parece más gracioso. Eventualmente voy a editar la historia, así que es posible que lo cambie. Espero que nadie se ofenda, porque no es mi intención.

Los extraterrestres no tienen pestañas (Los monstruos no se enamoran #2)¡Lee esta historia GRATIS!