Agujero Negro

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Alex: 8-12 años

Durante esos años crecía a la vez que me daba cuenta que me había engañado a mí misma todo este tiempo. Empezaba a entender que yo no le caía bien a toda la clase, sino que la clase me odiaba y yo lo ignoraba. Me di cuenta que, de ser la chica amable pasé a ser la rara, la friki, la imbecil, etc. La gran mayoría de burlas eran causadas por un compañero. Daniel. Ese compañero se burlaba de mi a la mínima posibilidad que encontrara.
" ¿Y ese pelo? Estas feísima" "Mira la moñas esta, que siempre lleva falda" " ¡Que no vocalizas! No se te entiende jajaja" " Nadie te quiere tener cerca". Frases así me han acompañado a lo largo de mi estancia por Primaria. Se divertía diciendo eso, se divertía viéndome llorar, se divertía apartándome de la gente y dejándome sola. Era un monstruo. Yo le veía como un monstruo, los demás como un héroe sin capa.
Cuando estaba en cuarto, me gritó una frase. Una frase que probablemente recordaré toda la vida.
Acabábamos de volver de una excursión a la cual fui sin pareja. Decidí dar una vuelta por el patio de mi colegio y perderme en mi mundo cuando sin querer llegué a donde estaba Daniel y su grupo. Rápidamente me maldije a mí misma e intente pasar de desapercibida, pero obviamente no podía desaparecer como hubiera deseado. Noté sus miradas clavadas en mi y escuche su voz diciendo

- ¿Que pasa Alex? ¿Paseando con tus únicas amigas, amargura y soledad? Jajajaja

Obviamente los demás les siguieron las risas. Yo me quedé estática.
Quería gritarle. Quería gritarle que se equivocaba, que en verdad tenía amigos, que no estaba sola. Y ahí fue. Ahí fue cuando lo entendí mientras los ojos se llenaban de lagrimas. La que estaba equivocada era yo, el solo decía la verdad. No tenía amigos. ¿Lucia? Por más que fuera mi amiga de la infancia, siempre había sabido que me abandonaría a la mínima en que me viera en un problema. ¿José? Éramos amigos desde la guardería, pero siempre tenía a alguien mejor que yo con quien hablar.

-Que? Vas a llorar de nuevo, ¿no? - Me decía con su sonrisa en el rostro.-
Yo solo pude aguantar las lágrimas en los ojos y gritarle

- Mientes! ¡Eres un mentiroso! ¡Yo tengo muchos amigos! -

Cuando en realidad sabía que no era verdad. Luego corrí. Solo corrí a los baños y me moje la cara. Minutos después vinieron los padres a recogernos.

- ¿Que tal la excursión cariño? - me dijo mi madre cariñosa -

Yo lo pensé unos segundos y dije con la mayor de mis sonrisas

- ¡Genial! Me lo he pasado súper bien

A partir de ese día todo fue a más. Ya no era sólo Daniel, sino todos los compañeros, me hacían el vacío, le hacian los coros, etc. Cuando llegué a la ESO, Daniel se fue del colegio y pensé que al fin podría respirar. Y ahí fue cuando me equivoqué. Parecía como si Daniel les hubiera dado instrucciones de cómo j*derme y empezaron con el verdadero acoso. Pelo fregona, friki, fea, imbecil, rara, etc. Incluso hubo un compañero que se dedicaba a pegarme manotadas en la espalda. Aunque le decia que parara él seguía haciendo daño. Sin embargo, yo fui tan imbecil que pensé que lo hacía de broma. Lo pensé hasta que me dejó la espalda roja y me salió moraton. Yo le dije a mi madre que no me acordaba de que había sido y ahí quedo todo.
Sin embargo, no me daba cuenta de que eso era acoso. Yo pensaba que lo hacían de broma, que solo estaban bromeando. Lo pensaba. Todo cambió el día en que exploté en el despacho del director y de la psicóloga y les conté todo en un mar de lagrimas. Les pusieron un parte a cada uno y ahí quedo todo. Cuando los chicos que se burlaban de mí volvieron del despacho (eran 5 chicos), cada uno me dio un abrazo y un beso en la mejilla, e incluso el que me pegaba se disculpó muy enserio frotándome la espalda. No sabía que me hacía tanto daño. Al principio me quedé en shock, y luego me entraron ganas de llorar. Llorar de alegría. De alguna manera supe que ahi había acabado todo. Me hacía feliz que me hubieran pedido perdón. De alguna manera reprimí las lagrimas y les dije "Está bien, ahora ya no pasa nada. Muchas gracias por haberos disculpado" y les regalé una de mis mayores sonrisas. Desde ese entonces no me hablo con ninguno de ellos, pero se que estamos en paz, y que no hay ningún rencor entre nosotros.
En ese curso logre hacer mis dos primeras amigas de verdad. Nousaiba y Marta. A Nousaiba le conocía de hacía tiempo, pues cuando llegó en cuarto, Daniel comenzó a meterse con ella. A Daniel se le unieron todos los demás. De alguna manera, la rabia hirvió dentro de mi y salte a defenderla. Siempre que se metían con ella yo le contestaba y la dejaban en paz. Pero ese valor a la hora de defenderme a mi huía. Extraño la verdad. Pero hasta ese curso no nos hicimos amigas de verdad. Y Marta. Marta y yo congeniamos en verdad por los Youtubers y por qué yo decidí lanzarme a conocerla. A las dos nos daba corte, pero más a ella. Ella era repetidora y muy tímida. Yo no lo comprendía, pero ahora entiendo lo doloroso que debía ser no tener a ninguno de tus amigos cerca ni tener a nadie a quien aferrarte. Rápidamente nos hicimos muy amigas y ahora es una gran amiga con la que comparto risas, memes, chistes malos y algún que otro dibujo randoom.
Tiempo después decidí hacerme mechas azules. Que por qué? Para darme una alegría. El azul siempre había sido mi color favorito y pensé que a lo mejor quedaba bien en mi pelo rizado. Ese día llovió por lo que nos quedamos en la hora del patio en las clases y pasillos. Recuerdo que Marta me dijo de ir a la clase de sus amigos y yo acepté. Ahí fue donde conocí a dos pesados que, a pesar de ser dos pesaos, son amigos en los que sabes desde el primer momento que puedes confiar en ellos. Se les quiere en el fondo. Sus nombres eran Sergio y Derian.
Nos quedamos hablando de pokemos aunque yo estaba callada, no sabía mucho de pokemon, por lo que no quería hacer el ridiculizar. Estaba perdida en mis pensamientos hasta que una voz de chica me despertó.

- Me gustan tus mechas - yo me giré bastante sorprendida -

Aquella chica era de piel café con leche, es decir, ni negra ni blanca, un pelo afro precioso que le caía por los hombros y unos ojos marrones café. Noté a la chica algo nerviosa. La verdad es que era algo extraño que una extraña me dijera un halago, pero su cara me sonaba de algo. Se me hacía familiar, por alguna razón. Me hubiera gustado decirle "Ah, encantada! Muchas gracias, mi nombre es Alex, etc" Pero no, lo único que se me escapo de la boca fue un amable "Gracias" En ese momento me quería dar una bofetada en la cara y que la tierra me tragase. Las dos nos quedamos unos segundos bastante incómodos en silencio hasta que cada una volvió a lo suyo.

Nunca me imaginé lo que esa chica podría llegar a cambiar mi vida

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