Sorpresa

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Alex: 6 años

Recuerdo mi alegría e ilusión esperando a que me dieran los libros del nuevo curso junto con mi madre. Ya había acabado Infantil y el curso siguiente pasaría a Primaria. Eso significaba que ya sería mayor;que comenzaría a entrar por "la puerta de los mayores", que era la puerta principal del colegio y que ese verano cumpliría 7 años.¡Ya no sería una niña! Todo era absolutamente genial.

-¡Anda, Amalia! – Una voz mujer adulta terriblemente aguda interrumpió mi alegría llamando a mi madre. –

Ambas nos giramos algo sorprendidas (mas yo) ya que solo hacía unos minutos desde que nos habíamos despedido de la madre de mi amigo y vecino Marcos. No me sorprendí al ver que era una desconocida, pues mi madre trabaja en un Supermercado y era habitual para nosotras que gente la saludara por la calle y ella me dijera que la conocía del trabajo. Aquella mujer era alta, más alta que mi madre pero no tanto como mi padre. Delgada como un fideo, con cabellos muy rubios, masque los míos. Cara alargada y una gran sonrisa en la cara. Ese ultimo detalle me gustó. Más adelante no opinaría lo mismo.

En aquella época recuerdo que era muy extrovertida, y no me avergonzaba nada como hablar con alguien. No era para nada tímida, pero muy ingenua. Tonta, mejor dicho.

Recuerdo que dudé entre saludarle o quedarme callada cuando me di cuenta deque detrás suya iba una niña de mi edad. Parecía timida, pues iba medio escondida detrás de aquella mujer. Su cara era pálida, sin ningún lunar, ojos bastante pequeños y marrones y su cabello alternaba en mechas doradas y castañas. Recuerdo como me alegré imaginando que esa niña podría ser mi primera amiga, pues hasta el momento no había hecho muchas amistades, por así decirlo.

En cuanto aquellas dos personas llegaron hasta donde estaban nosotras,mi madre y aquella mujer empezaron a hablar animádamente. Parecía que se conocían de hace tiempo. De repente, las miradas se dirigieron hacia mi sin ningun motivo

-¿Por que no te presentas cariño? – Me decía mi madre con una gran sonrisa. Yo ya me sabía el protocolo, por lo que comencé a recitar.–

- ¡Hola, me llamo Alex y tengo 6 años! ¡Encantada! –

- ¡Ay que ricura! Yo me llamo Laura, y ella es mi hija Lucía! – 

Yo miré a la niña de nombre Lucía y le regalé una sonrisa. Ella me la intercambió con una mirada de asco. Una mirada que decía "¿Porque tengo que aguantar a este bicho raro de aquí?". Eso me descuadró bastante. Estaba acostumbrada a ser recibida con cariño, miradas dulces, abrazos... En aquel entonces no era tan buena interpretando miradas, por lo que no le di importancia. Supongo que nuestras madres se dieron cuenta de nuestro duelo de miradas, ya que mi madre intervino y dijo.

- ¿Por que no le das un abrazo? - ¿Un abrazo? ¡Ja! Mas hubiera querido yo.– 

Recuerdo que abrí los brazos y avancé hasta ella con la esperanza de recibir otro abrazo de vuelta. Pero no fué así. A cambio recibí un empujón en el pecho que me tiró al suelo y un grito diciendo "¡Aparta!".

Silencio.Todo el mundo se nos quedó mirando preguntándose quien había sido el autor de aquel grito, pero enseguida entendieron que había ocurrido. Nuestras madres empezaron a reír quitándole importancia, pero sabía que aún habían miradas encima mía esperando mi reacción.

Aun recuerdo mi vergüenza, mi dolor en el pecho, mi confusión de porqué me había empujado de tal manera y por qué me dirigía aquella mirada de asco. Mi inseguridad de no saber como reaccionar. La opresión en mi pecho debido a la cantidad de miradas puestas en mi.

¿Que hice?

¿Me eché a llorar? No

¿Me cabreé? No

¿Reí? Si. Me reí. Me levanté y me reí ¿Por qué? No iba a permitir que tanta gente me viera llorar y quedar como la niña débil. Como la niña llorona. No dejaría que pensaran eso de mi.

Aun recuerdo con satisfacción la mirada de confusión de la niña esa.

Aun así, después de que la gente volviera a lo suyo, ¿de quien fue la culpa? Mía. Según las madres "era muy tímida y le asusté".


Eso si que me hizo reír años después.

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