Capítulo 16 (3a Parte)

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Mis malos presentimientos nunca fallan. Puede que esta ves no haya sido exactamente lo que me esperaba, pero de todas formas ambos nos encontrábamos en grandes problemas.

Antes de llegar a donde habíamos dejado la motocicleta, un numeroso grupo de guardias de La Resistencia nos atraparon y encerraron en aquellas camionetas para llevarnos de vuelta a La Central. Me sentí nerviosa durante todo el camino debido al temor de revivir algún tipo de reprimenda severa que pudiese igualar a cualquier tortura que pude llegar a padecer en el pasado. La presencia de Edmund junto a mí era lo único que lograba hacerme sentir mejor.

Aquellos guardias inyectaron a Edmund y a mí con aquel suero que T.J. me colocó una ves para desactivar nuestros poderes, así que ambos nos encontrábamos esposados, sin forma de defendernos, sentados al extremo de una larga mesa de madera en la cual habían exactamente 6 sillas bastante originales y cómodas. Si no fuera por la razón que nos trajo aquí a Hudson y a mí, creo que hasta podría disfrutarlo.

Esperamos y esperamos durante minutos, y mi paciencia ya se estaba agotando, hasta que finalmente esos malditos viejos llegaron. Primero entraron los que no son reconocidos ni por sus parientes, y luego llegaron Damien, el padre se Edmund, y Alberto, quien parecía estar muy molesto.

¿Por qué será?

- ¡Tú! -exclamó furioso señalando a Edmund, y se acercó amenazantemente a nosotros con malas intenciones en mente. Por suerte Damien lo detuvo.

- Cálmate, Alberto. -le ordenó con bastante seriedad.

Sí, cálmate, o de lo contrario todos descubrirán que eres un maldito viejo asustado y sin poder...

- No voy a calmarme. Tu hijo no solamente se ha tomado atribuciones que no le corresponden, sino que también se ha atrevido a violar nuestras reglas, liberando a esa maldita rebelde -me señaló.- para poner en riesgo a todos nosotros. Fuimos afortunados de haberlos atrapado antes de que ella escapara.

Riesgo tus pelotas.

- Yo no pensaba escapar, maldito viejo brabucón. -me atreví a expresar mi opinión libremente sin importar quién sea (suponiendo que es alguien en realidad).- Si yo realmente hubiese querido salir de aquí, ya lo hubiese hecho hace mucho tiempo. ¿Crees que soy tan estúpida como para no saber burlar a tus guardias? Si Edmund y yo salimos de aquí, fue porque él sabía que yo no tenía en mente huir de aquí. Y no soy una rebelde, ni mucho menos una amenaza. Yo soy alguien que posee tanto derecho a tener respeto y libertad como usted, quien solamente sabe mandar y dominar a los demás incrédulos como le da la gana para ocultar la realidad; usted no es más importante y mucho menos más poderoso que todos los demás que se encuentran aquí en esta jodida habitación como para poder tomarse la atribución de juzgarme y definir quién soy en realidad.

- Mocosa impertinente. -me insultó.- Tú eres quien no posee el derecho de decir quién soy yo. Yo soy el Principal fundador de esta Resistencia y él único capaz de...

- En realidad, -se apresuró a intervenir el padre de Edmund.- Tú no eres el Principal fundador de La Resistencia. Yo he formado parte de esta organización durante más tiempo que tú, y he sido dueño de mí puesto desde hace mucho tiempo antes que tú asumieras el cargo que tu padre te heredó, Alberto. Antes de prejuzgar a estos jóvenes, primero poseen el derecho de expresarnos qué era lo que planeaban hacer esta noche. ¿Estoy en lo correcto, señores? -y una ves que todos los demás asistieron totalmente de acuerdo con él, yo quise ponerme de pie y gritar "¡UUHHHHHH!" en su cara.

- ¿Quién nos asegura de que no nos mentirán? Esa jovencita posee una muy mala reputación por ser una vil araña con la capacidad de manipular.

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