Diaforesis

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Lo supo la primera vez que sostuvo su mano. No habían pasado ni dos minutos y el entrelazar sus dedos se volvía dificultoso debido al líquido que se impregnaba de los poros del menor a los ajenos. Debe ser común, la sudoración cuando sujetas la mano de tu pareja un largo periodo de tiempo, hecho que vuelve incomodas las caminatas por el parque. Para Yuri bastaba unos minutos empapar la mano de Otabek y para el kazajo las caminatas por el parque podían volverse incomodas, no por el sudor, sino por lo que podía ocurrir en sus pantalones. Y si además del transpirar de sus manos, el rostro se le enrojecía y las gotas caían desenfrenadas por su frente, Otabek debía apretar sus labios para no tener que emitir ningún sonido sugerente o ahogar sus expresiones de deleite lujurioso. El azabache atribuyó el excesivo sudor de Yuri a que recién iniciaban una relación, era la primera relación del chico así que los nervios no se iban a hacer esperar. Resistir unos días sería sencillo.

Pero el tiempo pasaba y la diaforesis no se disipaba así como la fijación de Otabek parecía ir en aumento. ¿Cuánto más iba a resistirlo? ya no sólo tenía que lidiar con ello cuando entrelazaban sus manos, ahora cada entrenamiento juntos, cada película de terror que veían juntos, cada comida picante, a cada que el sol se dejaba ver de entre las nubes con mayor intensidad, y cada noche que compartían cama, prácticamente su relación entera. Yuri sudaba, ¡vaya que sudaba! Los peores momentos para el kazajo era cuando terminaban la práctica de patinaje. ¿Era idea suya o Yuri no solía sudar de esa manera? podría jurar que cuando lo vio batir por el oro apenas y su cara se había enrojecido un poco, ahora terminaba hecho un tomate. La curiosidad y el deseo lo embargaban cada día. Era momento de ponerle fin, después de meses juntos ya estaban listos para confiarse todo tipo de cosas, por mas embarazosas que estas fuesen. Eso y avanzar físicamente su relación...

— Yuri, hay algo que he querido preguntarte hace tiempo — dijo desviando su mirada mientras iban a las duchas del gimnasio. El rubio, que se apresuraba a secar con una suave toalla blanca cada parte húmeda de su cuerpo previa a una forzosa ducha, le miró nervioso.

— Eh ¿qué cosa? — musitó.

— No lo tomes a mal, gatito, pero... — también el kazajo comenzaba a ponerse nervioso, aún podía mirar de reojo como su novio exprimía la toalla cubierta de sudor. Se mordió el labio inferior.

— ¿pero qué? Beka, no me enojaré. Me enoja que no vayas al grano, ¿qué sucede?

— ¿por qué sudas tanto? — soltó precipitado. El rubio abrió sus ojos como platos y el sonrojo que apenas desaparecía volvía a dibujarse en sus mejillas.

¿QUEÉ? — exaltó avergonzado y se rascó detrás de la cabezaYo...eh, ¿en serio te parece que sudo demasiado?, maldita sea, ¡qué vergüenza!, estúpido cuerpo sudoroso — se maldijo a si mismo entre dientes y desvió la mirada. Otabek se apresuró a disculparse.

— Oh no, no me mal entiendas, gatito. No me molesta, al contrario...

— ¿De qué hablas?

— Tu-tu aun no respondes mi pregunta, ¿por qué sudas tanto?, cuando te conocí no recuerdo que lo hicieras — dijo a modo de desviar el tema de su peculiar fijación con el sudor. Yuri suspiró resignado y mientras se ocupaba de dejar su toallita en la ropa sucia junto al resto de ropa empapada que iba quitando de poco a poco. Vaya tortura tener semejante escena y no poder hacer nada... aún

— Padezco de hiperhidrosis. Apenas la adquirí, no hay muchos estudios del porque surge o si tiene alguna cura, sólo que puede salir desde la pubertad o adolescencia. Pero yo creo que mis estúpidos cambios hormonales de "niño" a "hombre" son el culpable. ¿Es asqueroso, cierto? — el kazajo negó con su cabeza y entre abrió sus labios. Dio un suspiro sordo. Por alguna razón la idea de que la condición de Yuri se debiera a sus hormonas lo había fascinado aún más.

DiaforesisWhere stories live. Discover now