Capítulo 15

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- ¡Feliz cumpleaños, bella durmiente! -oí y luego sentí que me tiraron un gran bolso pesado con elementos sólidos en su interior sobre mí espalda, mientras dormía plácidamente como milagro de Dios. Fue T.J. quién me lo tiró...

- ¿No tienes una vida? Joder... -gruñí agotada y cubrí mí rostro con la almohada porque la maldita luz lastiman mis ojos.

- He traído su desayuno y un obsequio bastante interesante para ti. Despierta ya. -dijo y me arrebató la almohada para golpearme en la cabeza con ella.

- ¡T.J.! -grité molesta y me levanté de la cama por obligación. Para colmo, el muy imbécil comenzó a reírse de mí.- ¿Qué te parece tan gracioso?

- Hmm creo que aún tienes las sábanas pegadas a tus mejillas y algo de baba seca en la cara. -se burló de mí y yo le lancé la maldita almohada por imbécil.

- Vete de aquí. -volví a gruñir con voz ronca por el agotamiento.

No he dormido demasiado últimamente debido a que he tenido demasiado sueños... extraños. No son nada malos (creo) o dolorosos como los anteriores, sino que son algo... interesantes. Ya no puedo dormir sin que la bonita sonrisa de Edmund Hudson aparezca en mi mente. Siento que se me revuelve todo cada ves que pienso en él o en su nombre, y lo peor de todo es que no de una mala forma...

- No lo haré. Quiero husmear qué fue lo que tu nuevo amigo/novio/amante con derechos me dio para que te entregara esta mañana. -dijo, sentándose a los pies de mí cama frente a mí y tomó el gran bolso blanco para ver qué contenía.- Talvez te haya traído dentífrico o un perfume femenino porque en las mañanas se puede sentir que el jabón barato de tu ducha te da un aroma a vagabundo que seguramente ni tú te aguantas. -me acusó y yo volví a golpearlo por eso.

- El único que apesta aquí, eres tú. Además... ¿Quién es "amigo/novio/amante" de quién? ¿Quién me dio esto, en realidad?.

- Hudson le pidió a su hermana que te recogiera unas cuantas cosas "de chicas" para que dejes de lucir como un bicho raro que vive en una cueva. Creo que a él no le agrada demasiado tu look de Maltés maltratado. -comentó mientras peinada mi cabello y yo le pegué en la mano para que no me tocara.

- Eres despreciable. Ya veo por qué a tus 30 años de edad sigues soltero. -opiné fastidiada y por un momento decidí poner mi atención en el gran bolso.

Allí dentro habían muchas cosas útiles que voy a disfrutar de usar. Había un poco de maquillaje, toallitas húmedas, shampoo especial, acondicionador, máquinas y demás. Literalmente cuando conozca a la hermana mayor de Edmund (si es que alguna ves logro salir de aquí), lo primero que voy a hacer es darle las mil gracias por esto. Me ha salvado la vida. Hace tiempo que quería darme una verdadera ducha con un profundo arreglo de limpieza, porque realmente detesto el jabón para enfermos que pusieron en mi baño, al igual que ese shampoo para cabello común que estropea mi blanco brillante.

- ¿Qué es esto? -preguntó T.J., tomando un pequeño lápiz delineador y yo sonreí levemente.

- Un lápiz para dibujos artísticos. Las mujeres de ves en cuando nos gusta hacernos bigotes de tigre en nuestro tiempo libre con eso. -le respondí para tomarle el pelo, pero él se me quedó mirando detenidamente durante un par de minutos como sí realmente se lo hubiese creído... Dios, es un idiota.

- Ustedes realmente están enfermas. -opinó, por lo cuál se merecía un golpe más en la cabeza.

- Vete, T.J. Quiero tomar una ducha.

Me puse de pie y llevé el bolso al pequeño cuarto de baño privado para colocar todo allí en ese pequeño espacio para tenerlo a mano. Sabía que T no se iría, y tal como supuse el entristecido se apoyó en el marco de la entrada al cuarto para observar todo lo que estaba haciendo.

- Anoche... supongo que tú y Hudson se desvelaron un poco. -comentó, y yo lo miré de reojo.

¿A qué viene ese comentario?

- Por alguna razón, tanto él como tú disfrutan de molestarme cuando estoy tranquila. Detestan verme descansar y dormir. Tú por la mañana, y él por la noche.

- Hasta cierto grado resulta bastante agradable fastidiarte. -comentó sonriente.- Pero... ¿Quién puede dormir en este lugar? Los Portentos no hemos sido hechos para descansar. Seguramente eso ya lo habrás deducido hace mucho tiempo...

- Toda mi vida lo he sufrido. Gracias por recordármelo. -le respondí mientras me observaba frente al espejo para buscar imperfecciones.

Tengo colmillos de perro pequinez. Que asco. Por eso es que no sonrió seguido.

En un momento sentí que T se calló, y por eso pensé que se había retirado de la habitación, pero luego me giré y lo vi allí parado, observándome, lo cual me resultó bastante incómodo al igual que extraño...

- ¿Qué sucede? -le pregunté al notar que había algo extraño en su manera de mirarme.- ¿Tengo algo en mi rostro o en la ropa? -deseé saber, por si acaso. Pero el simplemente negó con la cabeza y sonrió levemente.

- Te ves bien, Coraline. -y al parecer quiso decirme algo más, pero se quedó con la boca abierta sin que saliera ningún sonido se ella. Finalmente se resignó y dio un leve suspiro.- No vemos luego. Traeré tu almuerzo a la misma hora de siempre.

Sin decir más, dio media vuelta y lo oí retirarse... Eso fue muy extraño.

Había algo en su expresión que, de cierta forma, me recordó bastante a la expresión del rostro de Edmund cada ves que se queda en blanco, observándome detenidamente como si su cerebro se hubiese apagado por un instante. No comprendo muy bien qué podría significar eso entre los hombres, pues no tengo demasiada experiencia con ellos y no logró percibir esos "códigos" tan confusos que poseen ante cualquier situación. Me preguntó qué significará...

No es normal que alguien se te quedé viendo así de manera tan extraña.

En fin; volví a mí habitación para tomar la bandeja de mí desayuno y la llevé al cuarto de baño para comer mientras me arreglaba. Primero tomé una larga ducha tranquila mientras bebía mi té (normal en mí), y luego me encargué de atender lo demás. No solamente me obsequió algunos productos de higiene personal, sino que en otro compartimiento también había ropa interior y básica de mí talla. Era deliciosamente cómoda y agradable.

Disfruté bastante de mimarme a mí misma esta mañana, y pude volver a la cama sintiéndome completamente feliz para comenzar a dibujar como todos los días. No tengo nada más qué hacer.

Mi mente volaba en recuerdos y momentos que me ponían de buen humor, mientras que mi mano se movía por sí sola trazando líneas, rayas, curvas y rayones como una máquina dibujante; ni siquiera prestaba atención a lo que estaba haciendo, simplemente dejaba que mi mano se moviera por sí sola porque mi cabeza estaba en otro lugar. Luego, una ves acabado mí dibujo, mi corazón dio un salto por los nervios y la vergüenza de ver lo que en realidad había dibujado: el perfecto y hermoso rostro se Edmund Hudson.

Como si fuese una fotografía exacta, el rostro de ese chico se encontraba dibujado en mi cuaderno. Si tan solo tuviese algo de color para otorgarle ese precioso y llamativo color esmeralda a sus ojos, me encantaría conservar este dibujo... ¿Qué demonios estoy diciendo?

Arranqué el dibujo del cuaderno con la intención de arrugarlo y tirarlo dentro de él bote de basura; pero... al ver que era tan parecido a él causó que algo extraño sucediera en mi interior, lo cual me impedía tirarlo. Por eso, decidí doblarlo y lo escondí bajo mi almohada, donde nadie lo encontrará, y continué dibujando otras cosas, prestando atención a lo que hacía para evitar cometer el mismo error.

Por la noche, cuando Edmund llegó a mi habitación pude notar cierto comportamiento bastante llamativo de su parte. Se veía y hablaba de una forma entusiasta muy contagiosa, como sí estuviese feliz y emocionado por alguna razón que no quiso revelarme.

No sé porqué, pero siento que me está ocultando algo...

Quisiera poder ignorar su extraño comportamiento, pero al día siguiente volvió a mostrarse igual; y al siguiente, y al siguiente de ese. ¿Qué es lo que sucede? ¿Me estará ocultando algo? Eso me ponía muy nerviosa de ves en cuando. De alguna forma estoy pensando que eso me involucra, y siento náuseas de sólo pensar que podría existir la posibilidad de que finalmente vaya a salir de aquí.

Voy a cruzar los dedos. No me decepciones, Hudson, porque hasta el momento te has ganado una parte de mí que nunca nadie ha logrado obtener, y no deseo perderla. No te equivoques...

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