III. Ganadores Reto Emociones

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Siento nostalgia de ese verano en el que te conocí. Siento nostalgia de lo inocente que era y lo perfecto que lucías frente a mí. Recordar tu sonrisa y la forma en la que me hacías reír por horas produce en mi estómago no una sensación de desagrado, pero sí algo que me causa respiraciones hondas para poder seguir caminando.Han pasado los años y me sigo preguntando por qué tenía que suceder así, por qué yo tenía que perder lo único sincero que he conocido. Me pregunto si algún día te veré cruzando la calle, me pregunto si algún día me volverás a mirar y me sonreirás como solías hacerlo. Sé que no te perdí y que en algún lugar del mundo sigues caminando con tus manos en los bolsillos y con el cuello agachado porque sientes que caminas mejor de esa manera, pero no entiendo porqué siento que yo morí para siempre. Recordar el único verano en el que estuvimos juntos me lleva a sentarme frente a la ventana cuando llueve en las tardes de junio. Tal vez pedí demasiado, tal vez tomamos malos significados en las palabras, pero lo nuestro podía pintarse como una obra maestra antes de que tú te lo llevaras todo.Me he quedado aquí, sentada en la misma banca del parque en donde me preguntaste mi nombre, intentando reunir los pedazos que quedaron de una promesa que rompiste siendo cruelmente honesto. Tengo nostalgia de cómo era feliz contigo, siento nostalgia de lo mucho que tuve en ese entonces. Aprendí que nunca todo es suficiente y que cuando es poco con nada te quedas. Aprendí entonces que las cosas se van incluso cuando están destinadas a tenerlas. He aprendido a vivir con este sentimiento que se acentúa cuando llega el día, el día que te vi para no tenerte para siempre.Tenía nostalgia de ese verano, tenía porque... he sentido demasiado que ya no puedo hacerlo más.

 he sentido demasiado que ya no puedo hacerlo más

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"Tenía nostalgia de aquel verano... Me causaba un incesante dolor, que no desapareció junto con las lágrimas que derramé por décadas. Mi cuerpo, exhausto de respirar el aire contaminado con pólvora, era arrastrado por los recuerdos que se arremolinaban en mi mente en las noches que permanecí en vela, recalcándome con fiereza la otrora alegría que viví antes de que el mundo, el que yo conocí, dejara de existir. Ocurrió una tarde cálida, en la que ignorando lo que ocurriría, nosotros sonreímos junto a la fogata que encendimos para celebrar la llegada de una nueva vida. Un pedazo de amor que completaría la familia que buscamos formar para cerrar nuestro círculo perfecto. Mis tres mejores amigas, mi madre, mis dos hermanas y sus respectivos esposos, todos relucíamos en una dicha espléndida e inimaginable. Una alegría insostenible, que se exterminó con la llegada de unas luces en el cielo. No eran las refulgentes estrellas que adornaban el bello cielo oscurecido por la desaparición del sol. Eran luces que, sin contemplaciones, exterminaron el brillo de vivacidad en los ojos de miles de personal. Los estallidos perforaron nuestra cordura y rompieron la burbuja de felicidad que condensamos a nuestro alrededor, desatando el pavor que me perseguiría por el resto de mi existir. ¿Cómo podía pasarnos aquello? El potente ruido de las bombas estallando, ahogó los gritos de centenares de heridos, y pronto, las ondas expansivas arribaron hasta nosotros, llevando consigo el polvo de la destrucción, unas partículas insanas que nos cegaron de la libertad... Envidié, profundamente, a aquellas que no tuvieron el infortunio de avizorar a sus esposos, padres, hermanos, amigos partir hacia una batalla que nunca ganaríamos; tener que sufrir de hambre y contemplar como pequeños cuerpos desfallecían por la falta de alimento, no fue el paraíso. Ellos también tuvieron marcas imborrables al mancharse las manos con sangre de inocentes y de quienes peleaban por una guerra estúpida. Y a pesar de los malos augurios, ansiaba mirar su sonrisa; la que me despertó en las madrugadas. Él, mi amado, junto con los demás hombres de la familia, tuvieron que defender el honor de la patria poniendo sus vidas en bandejas de plata. Aunque sabíamos cuál era la realidad, no pudimos retener los insondables sollozos que derramamos sobre las cajas de madera en las que algunos regresaron. Pese a ser ilógico, agradecíamos por verlos otra vez, porque los más desgraciados, como mi amado, jamás regresaron. Por eso, si algún día lees la carta de esta vieja enloquecida por querer reencontrarse con los que adoró, te suplico que siempre grites a los cuatro vientos la magnitud de tu amor, porque las pérdidas son irrecuperables, pero la nostalgia, perdura a través de los años... Con amor, tu abuela".

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Una vez más tus ojos se aparecen en mi mente

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Una vez más tus ojos se aparecen en mi mente. Me golpea un dolor sordo en el centro del pecho, un nudo se forma lentamente en mi garganta ahogando las palabras que ansían por salir siempre que pienso en ti. Mi respiración se acelera, siento como el aire entra y sale de mis pulmones, pero no me llenan. Ya nada puede llenar el vacío que dejaste. Oigo el eco de tu silencio martillear mi mente; mis pensamientos vuelan, no sé dónde van. Sólo espero que allá donde andes, ellos te lleguen en forma de dulce caricia sobre la mejilla. Suaves como aquel último beso que te di la noche antes de partir y dejarme aquí tan sola. Siento si esta carta hace que te sientas mal, pero el recuerdo de todos aquellos momentos vividos, y el saber de todos aquellos que no llegarán porque tú no estarás, me hunden en una profunda nostalgia de la que ya no se salir si tu no estás. Tu marcha me ha enseñado que la vida quita y la vida da. Todos me dicen que hay que seguir, pero... ¿Cómo se hace? ¿Cómo se sigue cuando sabes que el único hombre que te va a amar de forma incondicional ya no está?Sí, ese eres tú. Tú, el hombre que siempre estaba allí para recogerme cuando caía, para secar mis lágrimas cuando lloraba, para darme una palabra de ánimo cuando la necesitaba, para celebrar mis victorias. Tú, mi padre. Un alma que se fue, pero que siempre está presente en todo lo que en mi vida sucede. Tú y tu ausencia, mi vacío y mi todo. Porque en esta carta quisiera decirte cuanto te añoro, te quiero y espero que vuelvas. Porque aún, tras tantos años de ausencia, aún sabiendo que debo resignarme a ella, espero que vuelvas a entrar. Que abras la puerta con el mismo sigilo de siempre, aún cuando son las tres de la tarde; que vuelvas a tocar dos veces con los nudillos antes de entrar en casa. Aún espero que vuelvas a mirarme con tus ojos azules, vivos y limpios como siempre lo has hecho. Aún espero que vuelvas a hacerme sentir tan grande como siempre lo hacías. Porque ya no he vuelto a sentirme así, soy pequeña, papá. Soy muy pequeña... pequeña y torpe, así me siento desde el día que te marchaste. Aquel día que me dejaste sola. ¿Por qué no me esperaste? ...Sólo un día papá, solo tenías que esperarme un día. ¿Recuerdas mis últimas palabras? Yo las recuerdo perfectamente, ... Mañana vengo a verte... esas fueron mis palabras. Pero aún espero, después de tantos años, aún espero sentada a que mañana llegue para volver a verte, volver a abrazarte y sentir tu último beso sobre mi mejilla. Ojalá, siempre juntos tu y yo, papá.

 Ojalá, siempre juntos tu y yo, papá

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