Residentes.

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Mi oido empezó a retomar los sonidos normalmente ya que habían pasado varios minutos desde que la explosión aturdio mis tímpanos, aún podia escuchar ese incesante zumbido en mi oreja, pero podia oir a mi ambiente alrededor. Estábamos sentados en la acera frente a un edificio departamental, gire mi cabeza hacia la izquierda y podia ver al edificio del que habíamos escapado, seguía humeando constantemente y no se detenia, parecia un intento por hacerme sentir peor, habia escapado junto con mis primos y tsundere, pero... habia asesinado a varias personas en el proceso, sabia que no tenía opción, pero talvez si hubiera sido más precavido con las camaras de seguridad no hubieramos tenido que pasar por ese infierno, solo entrar y salir hubiera sido todo.

Aparte la mirada de aquel escenario, de nada servía torturarme a mi mismo, ya tenia suficiente con las demas preocupaciones; ¿a donde iriamos esta vez?, ¿llegariamos todos bien? y... ¡¿donde rayos estaban las demás personas?!. Mire a mis primos sentados a mi lado, Albert estaba con la cabeza cubierta por sus rodillas y sus brazos rodeandolas, era obvio que no podía manejar bien la situación, Sebastián tambaleaba y golpeteaba rápidamente el suelo con su pierna mirando a todos lados con nerviosismo, esa actitud despreocupada y bromista habia desaparecido, Luis hacia un esfuerzo sobrehumano para ocultar el terror que sentía, pero su preocupada mirada al vacío y sus inquietas manos hacían obvio el notar su miedo, la rubia aun mantenía su compostura en cierto modo, Heidy por otro lado estaba casi en shock, se abrazaba a si misma, su cuerpo temblaba, casi no párpadeaba y sus lágrimas habian cesado hacía unos minutos, pero las huellas húmedas en sus mejillas seguían ahí, la rubia la miro con atención y rodeó su hombro con su mano abrazandola, tomo una botella de agua y se la ofreció, Heidy aún con las manos temblorosas agarró la botella y la bebió. No me habia dado cuenta del trato de tsundere hacia mi prima, parecía que la cuidaba como si fuera una hermana menor, ella la cuidó dentro del centro comercial cuando liberaron a los zombies y ahora le daba consuelo.

-Estamos jodidos.

-¿Que? -exprese confundido, no sabia quien de mis primos lo habia dicho.

-Estamos jodidos. -repitio esta vez más alto Luis.

-Claro que no, solamente hay que... -dije tratando de calmar la situación, pero fui interrumpido.

-¡¿Qué Bruno, hay que hacer qué?! -vocifero Luis poniendose de pie.- ¡miranos, estamos vivos por mera suerte!, ¡no duraremos mucho así!.

-Luis, calmate, no estas siendo racional, vamos a estar bien. -dije tratando de apasiguar mi colera, no me gustaba que estuviera gritandome justo en mi cara, pero debia mantener la cabeza fría.

-¡Callate Bruno! -okey, eso no me gusto... para nada.-¡¿acaso crees que usando palabritas lindas, vas a calmar la situación?!, ¡¡Somos unos estupidos niños, tratando de sobrevivir en lo que podria ser el peor caos en toda la maldita tierra!! -vocifero dando vueltas en medio de la carretera, se acerco a mi amenazante y me señalo con su indice.- No lo vamos a lograr. -sentencio con su mirada fija en mi.

-Luis basta. -reprendio Albert con autoridad.

-¡¿Y que tal si lo logramos eh?! -cuestione poniendome de pie, estaba a punto de estallar.- ¡tenemos armas, comida, medicamentos!, ¡¿que más quieres?!, ¡si sigues con esa maldita actitud, ten por seguro que moriremos pronto!

-¡Hey muchachos, calmense! -intervino Sebastian.

-¡¡Pues talvez eso sea mejor!! -dio un paso más cerca de mi.- ¡¡No llevamos ni tres putos dias en esta mierda y casi morimos, dos veces!! -grito enfurecido.- ¡¡seria mejor estar muerto!! -grito esta vez empujandome.

-¡Luis! -grito Albert.

No se como, cuando, ni porque, pero sin darme cuenta ya habia sacado mi desert eagle y el objetivo a disparar era mi propio primo.

Zombienezuela. ¡Lee esta historia GRATIS!