Capítulo #38: Por favor, espérame

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—En pocas palabras, se esperan buenos significados.

—Exacto. Mensajes positivos de cualquier tipo. En cambio, en cualquier caso en el que no haya amor real toserá cualquier tipo de rechazo. Claro, si a Daichi-kun se le confesara alguien que tenga sentimientos por él, el mensaje no sería tan duro, mas sí dejaría en claro que no son suficientes o que no es la persona indicada.

—¿Serían más como disculpas?

—Puede ser. —Se encogió de hombros—. Cuando de verdad no está ni cerca de amarlo, puede salir una flor que significa «no puedes pretender nada». No recuerdo cuál era.

—Auch. —Arrugó el rostro ante la posibilidad. A él no le saldría algo así de equivocarse, pero se compadecía de todos a los que les cayó ese mensaje. «Algo merecido se lo tendrían, sin embargo»—. Supongo que la enfermedad seguiría como si nada luego.

—Bueno, en el caso de Daichi-kun sería peligroso que recibiera una confesión en falso. Estando tan cerca del marchitamiento, un ataque de tos excesivo como ese podría acelerar la llegada de la fase. Así que —susurró y se arrimó hasta estar muy cerca. No era tan necesario, no había nadie más en casa—... debes estar muy seguro cuando te confieses.

El silencio solo vivió el segundo que le tomó a Suga quedar boquiabierto y a su madre de reír suavemente detrás de su mano.

—Ni siquiera voy a preguntar cómo lo sabes. —Sus mejillas debían estar rosadas, como mínimo—. Dirás algo como «mamá sabe todo».

—Me conoces tan bien. —Sonrió y posó una mano sobre su hombro, acariciándolo con el pulgar—. Koushi, creo que tienes todo para curarlo.

—¿Hasta la identidad?

—A estas alturas, eso es lo que menos debería preocuparte. Cualquier confesión de amor sincera vale la pena el riesgo si existe la posibilidad de acabar con el hanahaki.

—¿Y si no soy yo?

—Daichi-kun te quiere mucho como para que se arruine su relación por eso. —Le revolvió el cabello con delicadeza y una sonrisa—. Escoge un buen momento y un buen lugar, ¿sí?

«Espero que me quiera tanto que nuestra relación evolucione por eso».

—Lo haré. —Asintió con la cabeza y sonrió de vuelta.

Un momento y lugar buenos. Si se hubiese guiado de sus ganas, Suga le habría escrito a Daichi en cuanto cogió su celular para citarlo en casa y soltarlo todo, pero eso habría sido incomodarlo de muchas maneras. Según le dijo, ya notaba los pulmones a punto de quedarse sin espacio, así que no era buena idea hacerle escupir cada flor de forma tan súbita. Además, consideraba que era un riesgo alterarle los ánimos —más de lo que ya estaban— si fracasaba antes de competir. ¿Y si la moral se le iba al suelo por haber creído que era amor cuando aún no sentía con tanta intensidad? ¿Y si empeoraba al punto de requerir reposo absoluto?

Suga determinó que el mejor momento para confesarse sería unos días después del último partido que jugasen —fuese cual fuese, final o más atrás—. Le dejaría disfrutar del triunfo o doler la derrota antes de reordenarle las emociones. El lugar lo definiría luego.

Y aun así, con su análisis de por qué era mejor esperar a la próxima semana, su corazón le pedía que lo hiciera ya, apenas un día después. El muy débil luchaba por no detenerse al verlo tan decaído como en ese atardecer.

Se reunieron en su casa para terminar las actividades que les asignaron para compensar las clases que perderían por ir a las eliminatorias. Solo restaba un análisis con dibujos para Biología y estarían listos para un último día de entrenamiento sin otras ocupaciones. Mientras escribía, Daichi cabeceaba un poco frente a él. Le había sugerido descansar hacía unos minutos, pero insistía en que estaba bien, que no pararía cuando ya llevaba la mitad de la última tarea. Suga no se convencía, por lo que también repetía su pregunta cada cierto tiempo.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!