Capítulo #38: Por favor, espérame

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Los ánimos estaban raros para solo faltar tres días para las eliminatorias. Suga se imaginaba estos días llenos de nervios, emoción, intranquilidad, tal vez un toque de nostalgia para los de tercero; aunque a ninguno le gustase admitirlo, estas podían ser sus últimas prácticas. Había nervios con emoción, pero el motor del equipo no se oía del todo encendido.

Desde que le confesó su enfermedad al club entero, Daichi se había visto más relajado. Ya no debía estar tan pendiente de las sensaciones de su garganta para salir corriendo al primer atisbo de comezón. Tampoco había tosido desde entonces. Los demás, de cierto modo, parecían colaborar con él, trabajando lo mejor posible para evitarle malestares. La chispa de la competencia saltaba de cada uno, sin faltas; pero, si la de Tsukishima era solo algo más opaca que la del capitán, algo andaba fatal.

Consideró que pudo ser su pensamiento excesivo haciéndole exagerar la situación. De verdad tuvo todas las intenciones de convencerse de aquello. Fue imposible al ver el estado en que su amigo cerró el antepenúltimo día de entrenamiento previo a los juegos. El volumen de su voz por la mitad. Jadeos que rozaban la hiperventilación. Articulaciones oxidadas. Si ese era el resultado de solo practicar, ¿qué sería de él en la verdadera cancha?

—¿Te sientes mal? —Le dio igual no sonar delicado. Ya se habían alejado una cuadra de la escuela.

—Mentalmente —respondió en voz baja.

—¿Tienes la moral abajo?

—Algo así. —Suspiró—. Y ansiedad arriba. Necesito no toser hoy, pero sí en los próximos dos días obligatoriamente.

—¿Has estado pensando en cuándo toser todo el día?

—La posibilidad de no poder jugar me tiene mal, Suga —admitió, pasándose una mano por el cabello—. No pienso quedarme por fuera después de tanto, mucho menos cuando sé que esta es nuestra mejor oportunidad.

—Espero que tosas pasado mañana, así estarás mejor para el día de la final.

—Sí, aunque me conformo con toser mañana.

—¿Y te sientes como si fueras a toser hoy? —Inclinó un poco la cabeza a un lado.

—Ya siento que respiro raro, pero no.

—¡Entonces no hay nada de qué preocuparse ahora, Daichi! —Le dio un manotazo en la espalda, mas no tan fuerte como el habitual. Sabía que podía provocar un ataque de tos de excederse.

—No puedo evitarlo. Por eso quería estar curado para estas fechas. —Vio al cielo despejado de esa tarde. Empezaba a anochecer y a hacer frío, razón por la que supuso que metió las manos en los bolsillos del uniforme.

—No es como si no pudieras curarte de aquí al jueves.

Daichi frenó en seco. Suga tardó tres pasos en percatarse de que se estaba alejando de él. Dio media vuelta y se arrepintió de su comentario.

—Te pediré algo. —Su mirada estaba perdida en algún punto a la izquierda. Suga deshizo una buena parte de la distancia con el corazón desprotegido—. No vuelvas a decirme nada que no sea seguro. —¿Cómo hacía que un regaño sonase vulnerable?—. Sé que debería mantenerme optimista, te agradezco que me ayudes en eso, pero no quiero seguir ilusionándome. Estos días han sido un desastre para mis emociones. Mis esperanzas suben y bajan en cuestión de horas o de minutos; no me está haciendo ningún bien. —Respiró más o menos profundo—. El optimismo está comenzando a sonarme a compasión, así que es hora de ser más realista para que no me duela tanto si... si tengo que —murmuró como si fueran las palabras más difíciles de pronunciar. Podía apostar a que sus manos eran puños dentro de los bolsillos, por la manera en que frunció el ceño y descendió la mirada—... olvidar.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!