Capítulo 9.

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El cambio que hizo Raoul ese día fue impresionante. Nada más salir de la habitación se lavó la cara con agua fría, se vistió y fue a desayunar. Saludó animado a todos sus compañeros, incluido Agoney, y se sentó a su lado como siempre. Los viernes eran posiblemente los días más relajados de la academia, ambos ensayaron varias veces Manos Vacías, y al acabar la canción decidieron simplemente juntar sus frentes. Estaban nerviosos y tensos y se estaba notando, ya que más de una vez les preguntaron si les ocurría algo. Pero el rubio se había cansado de ser él el que debía estar mal, y el que no podía disfrutar esta experiencia por terceras personas. 

Ya era suficiente. A partir de ese momento, viviría aquel día como si fuese el último. Llorar no le servía de nada, y si eso era lo que quería su compañero entre ellos, iba siendo hora de aceptarlo, aunque de todas maneras no le pondría las cosas fáciles. No pensaría dejar de insistir tan rápido. Agoney siempre se callaba la mitad de lo que realmente pensaba o sentía, y eso era algo que Raoul odiaba, porque de esa forma nunca terminaba de conocer al verdadero chico que se escondía detrás de todo lo que aparentaba.

El canario quería tirarse de los pelos. Conocía al rubio, y sabía que todas las provocaciones que le estaba dando era a propósito. Por suerte sabía como controlarse, y al final Raoul siempre se cansaba y desistía. Ya era de noche y acababan de terminar de cenar. En ese instante, se encontraba sentado en su cama con Alfred, Amaia y Miriam. Raoul llegó a la habitación, y sin decir nada, agarró la mejilla del moreno y la estiró. Después se rió y se fue a fuera con Mireya.

- ¿Qué le pasa? Está rarísimo. - Preguntó Amaia sorprendida.

- Yo qué sé. Hoy por la mañana me lo encontré durmiendo en el sofá con una cara de muerto increíble. - Contestó Alfred.

- Me está empezando a sacar de quicio, eh, lo juro. No lo aguanto. - Dijo Agoney, el cual estaba empezando a cansarse de la situación. Esperaba que el rubio mañana volviera a la normalidad.

- ¿De quién hablas? - Preguntó la gallega, quitándose un auricular que tenía puesto. Estaba viendo su ensayo de la actuación de esta semana.

- De Raoul. Me lleva provocando el día entero.

- ¿Pero qué provocaciones? - Preguntó Amaia. 

- De todo tipo. Es que me está cayendo fatal de nuevo.

- Relájate Ago, yo creo que está así porque algo le está pasando y quiere esconderlo de la mejor manera. - Dijo el catalán.

- Claro, como al principio. - Apoyó la pamplonesa.

- ¿Cómo al principio qué? - Preguntó Miriam. - Chicos de verdad que no me estoy enterando, explicaros mejor.

- Alfred y yo tenemos la teoría de que Raoul se comportaba de esa forma con Agoney para poder llamar su atención ya que él no le hacía ni caso, igual que ahora. - Explicó Amaia.

- Pues es lo más seguro, pero no creo, eh. Agoney sí le hace caso, mucho caso. - Dijo, poniendo énfasis a la última frase y mirando al moreno, pero éste le miró serio y negó con la cabeza. - ¿Cómo que no? ¿De qué me he perdido? ¡Dios es que soy la empanada del grupo! - Comenzó a reír.

- Tranquila Miriam, que yo tampoco me entero de nada. - La animó Amaia.

- Que se ha acabado, eso es lo que te has perdido. - Contestó Agoney.

- ¿Él qué se ha acabado? ¿Lo tuyo con Raoul? - Preguntó Alfred, y el canario lo miró sorprendido. 

- ¿Quién te lo ha contado?

- Nadie, pero tampoco hace falta ser muy inteligente para darse cuenta, dormís juntos. Y además, el otro día os besasteis delante de nosotros por la noche. - Explicó y Agoney rió nervioso.

Le vi sonreír | Ragoney¡Lee esta historia GRATIS!