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Los momentos perezosos con Niall definitivamente estaban en el tope de tu lista de cosas favoritas.

Los dos estaban perdidos con el otro, sus piernas estaban entrelazadas y cubiertas con las sábanas rosadas de tu cama. Él estaba vistiendo tan sólo un par de bóxers mientras que su torso era iluminado con las velas que él se había encargado de encender más temprano esa noche mientras tú estabas ocupada en tu oficina. Tú estabas vistiendo una camisa un par de tallas más grande de lo normal y misma que le habías robado al chico de ojos azules que se encontraba a tu lado un par de meses atrás. Tu brazo estaba por encima de su pecho y tu rostro estaba escondido entre su cuello y su hombro mientras que su brazo estaba envuelto a tu alrededor, su mano recorría la piel de tu cintura.

Los dos acababan de compartir un momento íntimo con el otro, lo que era bastante evidente por el cabello desordenado que ambos tenían así como el dichoso resplandor que adornaba sus facciones. Habían estado juntos por ya casi más de año y medio y en ese tiempo habían pasado incontables veces entre las sábanas. Niall conectaba contigo como nadie más y él lo sabía. Tenían una vida sexual más que activa, pero no se trataba sólo del sexo, sino de los momentos.

Esos momentos en los que después de decir su nombre en un jadeo, él se acercaba a ti y presionaba un tierno beso en tu frente. La manera en la que nunca dejaba que olvidaras que estabas segura con él, que estabas en control y que te amaba.

Esos momentos cuando él te miraba, cuando realmente te miraba. De pies a cabeza, como si estuviera tratando de memorizas cada centímetro y curva de tu cuerpo, a pesar de que probablemente ya lo haya hecho. Es la manera en la que deja salir un pequeño suspiro y una sonrisa ladeada aparece en su rostro una vez que tiene la oportunidad de ver cada parte de tu piel, como si tu cuerpo fuera la respuesta a todas sus preguntas.

Esos momentos después de todo, en el que después de estar agitados en la ducha, ambos salían con algo cubriendo sus cuerpos del aire frío. Esos momentos como el de justo ahora, donde los dos estaban absolutamente contentos de estar cerca del otro pretendiendo que son las únicas personas en el mundo.

Estabas enamorada de este hombre, no había nada más seguro en tu vida que eso, y eso solía aterrarte un poco, pero ahora sólo llenaba tu cuerpo y tu vida de euforia que nunca imaginaste que fuera posible. El pensamiento de pasar el resto de tu vida con Niall era la paz que habías estado buscando desde hace mucho tiempo.

—¿Niall?

—¿Sí, nena?—Murmuró somnoliento, su voz un poco rasposa por no haber mencionado ninguna palabra en un buen rato.

Elevaste tu mano y enredaste tus dedos en su cabello causando que Niall soltara un jadeo y una sonrisa apareciera en tus labios.

—¿Alguna vez has pensado en el futuro?—Preguntaste en un murmuro, escondiendo tu rostro incluso más entre sus hombros. Él olía como si su cuerpo fuera una combinación entre el sudor por sus actividades previas y su esencia natural, y no podías tener suficiente de ello.

—¿En el futuro?—Repitió, pasando sus dedos por tu cabello en un intento de deshacer los pequeños nudos que había.

—Sí. —Murmuraste, pasando tus labios sobre la superficie de su piel.—Como tipo... tu futuro... nuestro futuro.

Casi podías escuchar la pequeña sonrisa ladeada que apareció en sus facciones como si supiera qué era lo que querías saber. Se alejó de ti sólo para poder sostener su cuerpo sobre su antebrazo, acercándose a ti para que su cara quedara tan solo un par de centímetros separada de la tuya. Podías sentir como te sonrojaste con vergüenza, tomaste tu labio inferior entre tus dientes y miraste sus ojos azules.

—¿Quieres saber si quiero que seas parte de mi futuro?—Formuló la pregunta, con una sonrisa más que hermosa en sus labios mientras su mano pasaba un mechón de cabello detrás de tu oído. Tú sólo respondiste con un pequeño asentimiento, lo que causo que se acercara a ti y presionara un beso en la punta de tu nariz. —No seas tonta. —Murmuró aún con esa sonrisa para después presionar una serie de cálidos y pequeños besos sobre tus mejillas causando que te relajaras de inmediato.—¿No sabes que te quiero conmigo por siempre?

— ¿De verdad?—Preguntaste, elevando tu mano para poder ahuecar sus mejillas, pasando tu pulgar por su mandíbula.

—Por supuesto que sí, mi amor.—Te tranquilizó, su voz firme y segura. La mirada en sus ojos no daba ninguna señal de inseguridad o duda y volvió a presionar un beso en tu frente.—Te quiero conmigo cada noche cuando llegue a casa. —Comenzó, acostándose poco a poco con su cabeza sobre tu pecho, su cabello causando cosquillas en tu piel; pasó su mano por debajo de la tela de la camisa que estabas vistiendo y descanso su mano en tu vientre, causando que escalofríos recorrieran tu cuerpo.—Cada vez que estoy en el escenario, a la primera persona que busco entre la audiencia eres tú... cada vez que escribo una canción, la primera persona a la que quiero mostrársela eres tú. Maldición, después de un mes de haberte conocido, eres la única cosa sobre la que podía escribir canciones. —Confesó sobre la piel de tu cuello. Pasaste tus manos por su cabello castaño mientras él hablaba, mostrando su corazón con cada palabra.

—Algún día me voy a casar contigo, _______.—Murmuró, y nunca había estado tan seguro sobre algo en su vida. —Voy a venir a casa contigo cada noche y voy a llevarte flores todo el tiempo. Incluso te vas a hartar de ellas. Vamos a pasar un montón de aniversarios juntos —Él continuó, poniendo a la visión una imagen de su futuro juntos, podías sentir a las lágrimas amenazando con formarse en tus ojos así que los cerraste y te dedicaste a escuchar su voz. —Vamos a comprar una casa juntos y voy a poner un bebé en tu vientre, de hecho voy a poner a tres bebés ahí.

—Cuatro. —Mencionaste en voz baja.

—Cinco.—Él respondió, causando que soltaras una risita. Sus dedos haciendo formas sin sentido en la piel de tu vientre mientras hablaba, causando que sintieras la calidez de un bebé dentro de ti en los próximos años. —Nos van a volver absolutamente locos. Van a ser muy traviesos, los cinco. Pero espero que sean como su mamá, que sean buenas personas y sepan dar amor a todos los demás, porque eso es lo que yo amo de ella.

—Espero que tengan tus ojos.—Confesaste.

—Y yo espero que tengan tu sonrisa. —Añadió, dejando un beso rápido en tu hombro.—Me enamoré de esa sonrisa desde el primer segundo que te vi.

—Vas a ser el mejor papá del mundo.—Sonreíste mientras bajabas un poco la mirada para poder verlo.

—Y tú vas a ser una mamá increíble.—Él dijo y sabías que estaba sonriendo.—Nuestros hijos van a adorar absolutamente todo sobre ti. No sé cómo le voy a hacer para compartirte, amor.

—Vas a tener que hacerlo. Porque un sexto bebé me parece muy bien.—Reíste un poco, enredando tus dedos su cabello.

—Como tú quieras, nena.—Dijo, subiendo un poco y enterrando su rostro en tu cuello, soltando un suspiro.—Me tienes en la palma de tu mano, ¿sabías?

Él también lo hacía contigo, pensaste para ti mismo.

Y vaya que lo hacía.

Imaginas | Niall Horan¡Lee esta historia GRATIS!