Capitulo 31.

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—Cualquiera podría pensar que esto no es romántico en absoluto, pero a mí me parece bastante lindo. —Emmeline se apoyó en el hombro de su esposo y cerró los ojos. Habían pasado toda la noche y parte de la mañana viajando rumbo a Thornehill luego de la boda, y ahora estaban a punto de llegar.

—Me gusta que pienses de esa forma. No querría que me odiaras por hacerte pasar toda nuestra noche de bodas sentada en un carruaje cuando deberías estar cómoda y cálida en nuestra cama.

Nuestra cama. Emmie pensó que le gustaba como sonaban esas palabras.

Sonrió y se volvió a mirarlo.

—Pero yo he estado muy cálida y tus brazos son muy cómodos —musitó volviendo a subirse a su regazo y pasando los brazos alrededor de su cuello—. Y yo nunca podría odiarte. ¿Cómo podría hacerlo? Te amo, Joseph.

***

Pero toda la despreocupación de Emmie se esfumó cuando vio a Thornehill en todo su esplendor a metros de ella, y todos los sirvientes esperándolos fuera de la construcción.

—Oh, no. —Se quejó Joseph—. Había olvidado esto.

—¿Olvidar qué? — Inquirió Emmie con temor.

Él pasó un brazo por encima de sus hombros y se acercó pegando una mejilla a la de ella, guiándola para que mirasen juntos por la ventanilla.

—Todos ellos quieren conocer a la nueva Marquesa. Cuando nos comprometimos, le envié una nota a mi mayordomo, y hace dos días, le envié otra avisando de nuestra inminente llegada.

—No sé cómo llevar una casa como esta, Joseph. Es inmensa... No sé si mamá me entrenó para esto. Vas a ayudarme ¿cierto?

Él arrugó la frente.

—¿Por qué estás preocupada por eso, Em?

—¿Cómo no podría preocuparme por eso? —Replicó.

—Es demasiado pronto. Nos acabamos de casar, acabamos de llegar —explicó observando como ella abría más y más la boca en una clara señal de desacuerdo.

Fue a decir algo más para calmarla e intentar recuperar a la joven alegre que lo había acompañado durante todo el viaje, pero el carruaje ya se había detenido y reconoció a su mayordomo abriéndole la puerta.

—Bienvenido, milord —dijo el hombre alto y perfectamente arreglado sin ningún detalle al azar.

—Siggys —asintió el Marqués y le estrechó la mano con una sonrisa. Ese hombre lo acompañaba la mayor parte del año desde que se había marchado a Thornehill muchos años atrás, y lo consideraba merecedor de un gran respeto.

Bajó del carruaje y se volvió hacia adentro para mirar a Emmeline que parecía un poco asustada y nerviosa.

Estiró un brazo hacia ella y esperó a que tomara su mano para bajar. Y a pesar de todo, Emmeline todavía recordaba que tenía que bajar y mostrarse ante todas esas personas. La primera impresión era la más fuerte de todas y no quería que la vieran como una Marquesa terrible incluso antes de conocerla.

Tomó su mano y descendió sintiendo como el aire fresco golpeaba su rostro sacándola de la somnolencia que no sabía que tenía.

Parpadeó y miró a Joseph que había soltado su mano para rodearla con un brazo alrededor de la cintura y también la estaba contemplando. Estaba molesta con él por no tomar enserio su preocupación, pero lo olvidó todo cuando le sonrió y la sorprendió con un beso en los labios de esos que la hacían sentir levemente mareada cuando se alejaba.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!