Capítulo 6

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Despierto de un salto. La risotada de mi hermano es inigualable. No sé si me contagia su carcajada, las lágrimas que le brotan por los ojos o sus lindos hoyuelos en las mejillas. Nicolás es único, el chiste de la casa.

-¡Esto es demasiado bueno! -exclama con el celular en mano-. ¡Sonríe!

¿Qué le pasa? Me toco el rostro, no necesito espejo para saber que me ha dibujado bigotes y otra de sus tonterías. Toco mi cabello, ¿Huevo?

-Ah, no. ¡Cagaste! ¡De ésta no te salvas!

Corro al baño, agarro la pasta dental y me lanzo en la búsqueda frenética de mi hermano. Lo persigo por la cocina, la terraza, corremos por la parcela, mis papás se matan de la risa. ¿Camila? Ella siempre está en otra.

-¡Ay, te ves tan bonita! -se burla Nico desde los manzanos.

-¡Idiota!

Y me lanzo nuevamente. Mi hermano comienza a correr pero se resbala con una manzana. Salto como si mi vida dependiera de ello y con un movimiento ninja lo encarcelo con mis piernas. Forcejeamos como siempre. Me tira para un lado pero le hago caer con una llave que él mismo me enseñó hace muchos años. Y de un manotazo lo abofeteo con pasta dental en su rostro y cabeza. Se mueve tanto que no logro que abra la boca pero sí soy capaz de embutirle esa crema mentolada por las narices. ¡Já!

Me paro victoriosa y contemplo desde mis alturas mi venganza. ¡Verlo toser de asco es lo mejor!

Se levanta con la cara totalmente asquerosa. Tanto su ropa como la mía están llenas de barro, nos miramos, y por un instante creo que se nos sincroniza el pensamiento. ¡Qué patéticos!

Y nos morimos de la risa.

Me río tanto que me terminan doliendo las mejillas y el estómago. ¡Qué horror, aún con veinte años no paramos de hacer desastres en casa!

-¿Una selfie?

-¡Ridículo!

Y volvemos a reír.

-Alicia -me llama otra voz.

Te quiero.

-¿Alicia?

No sabes cómo te extraño.

-¡Ey!

En un pestañear estoy en Tokio, en el mirador y junto a Max. Miro para todos lados, todo es tan confuso.

-¿Qué pasó? -le pregunto con la garganta apretada.

-Eso es precisamente lo que te iba a preguntar. ¿Estás bien?

-Sí.

-¿Segura? Quedaste paralizada frente a ese chico -y me señala a alguien a mis espaldas, no quiero mirarlo-, ¿Lo conoces?

-No -y sonrío lo mejor que puedo-. Me equivoqué, lo confundí con otra persona.

La respiración se me hace pesadísima, no sé dónde mirar. Mierda, voy a estallar acá.

-Creo que ya es hora de irme -digo de sopetón-. Muchísimas gracias por la invitación.

-De nada -me mira confuso.

-Buenas noches Max.

Me retiro rápidamente a los ascensores. Intento controlar mi angustia y mis lágrimas, pero no puedo. En estos años he sentido su presencia, su aroma, su cara. Dios, su risa. Pero nunca cómo hoy. Hago la fila de descenso y espero junto a un grupo de turistas y japoneses. Cierro los ojos y me concentro en mi respiración. Debía pensar algo positivo, un recuerdo feliz. Algo positivo, un recuerdo fel... y me lleno nuevamente de angustia al sentir la risotada de mi hermano en mis recuerdos.

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