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Al parecer, los perfectos mentirosos son algo imperfectos

—Esto debe ser una jodida broma.

Fue lo que pude decir después de leer tan semejantes burradas en la estúpida lista. De resto, mi cabeza no lograba escoger las palabras adecuadas para describir mi asombro, aunque posiblemente estaba muy cerca del: ¿QUÉ CARAJOS PASA CON ESE TIPO?

—Subestimé a Aegan —confesó Kiana, sorprendida de la manera divertida—. Pensé que solo era estúpido, pero ahora sé que es pura maldad.

Ella, Artie y Dash estaban inclinados junto a mí leyendo el papel. Los cuatro nos encontrábamos sentados en una mesita al aire libre que pertenecía a uno de esos puesto del campus en el que vendían batidos naturales.

El día estaba soleado y tranquilo, nada parecido a como estaba yo.

—No cumpliré nada de esto —solté de forma contundente, dejando el papel sobre la mesa.

Dash lo cogió rápido y volvió a mirarlo en privado.

—Oh, sí lo harás —discrepó Kiana, sonriendo—. ¿Cómo harás funcionar el plan entonces? La idea es que Aegan crea que lo tiene todo bajo control.

—Sí, Jude, debes hacerle pensar que está ganando —concordó Artie, asintiendo—. Y debes ser bastante convincente. Aegan no es tan tonto como crees.

—¡Esto es como dejar que me ponga la bota encima! —exclamé como si fuera muy obvio.

—No, es como dejar que crea que te puso la bota encima —corrigió Kiana con detenimiento—. No harás nada de lo que dice esa lista porque eres estúpida o porque estás enamorada, así que no te humillarás o algo por el estilo. Además, solo por el hecho de no querer hacerlo, ya estás un paso delante de él.

—Él sabe que no quiero hacerlo —aseguré.

Lo que nos habíamos dicho en su camioneta la noche anterior me lo dejaba muy claro. Aegan no era tan indiferente a las cosas, aunque sospechaba que le gustaba hacer como que sí.

O quizás solo era muy pendejo.

—En realidad, él simplemente cree que te haces la dura —intervino Dash con la sabiduría que tienen los hombres sobre sus  estúpidos semejantes—. Aegan es bastante básico. Ha de estar pensando que solo eres odiosa con él para llamar más su atención. Ya sabes, jura que el mundo gira a su alrededor y toda la cosa.

No respondí a eso. En cambio tomé el batido de naranja con hierbas que me había comprado Kiana y lo succioné con tanta fuerza que sonaba. Se oía desagradable, pero me sentía molesta y no tenía nada en qué descargarme.

Además, ese batido sabía a cosa rara.

¿Naranja con hierbas?

Puaj.

Supongo que mi paladar era pobre y simple.

—Mira, si no quieres hacerlo está bien —dijo Artie de repente. Tenía la barbilla apoyada en la mano y estaba seria, o pensativa, o algo que no podía identificar—. Todo lo que te ordena esa lista es horrible, y tú no eres así. Si no te sientes bien con ello, mándalo a la mierda.

Era precisamente lo que quería, pero entonces me acordé de lo que me había pedido anoche y de cómo había llorado en silencio. Volví a sentirme enojada. De nuevo me llenó una oleada de impotencia.

No era que quería o no quería meterme en el plan, era que necesitaba hacerlo. Tenía la oportunidad y las agallas para continuar. Además, era un lio que me había ganado yo solita por andar de ebria valiente. Si no me hubiera sentado en aquella mesa ahora sería una alumna más, ignorada por los Cash. Pero sabían de mi existencia, y no solo eso, se habían prometido hacerme la vida un infierno.

Perfecto Mentiroso ©Read this story for FREE!