Capítulo 11

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Giselle.

Stefan me está besando y yo le estoy correspondiendo el beso de la misma forma desesperada en el que él me lo está dando. Sé que esto está mal, pero no puedo detenerme, sé que tengo que frenarlo pero mi cuerpo no obedece las órdenes que mi cerebro emite.

Stefan coloca una de sus manos en mi espalda baja y me pega un poco más a su cuerpo mientras que su otra mano descansa con delicadeza debajo de mi barbilla. Me coloco de puntas para poder quedar un poco más alto y poder responder mejor a su caricia que empieza a tornarse un poco más suave. Me permito disfrutar mejor de su textura y su sabor; sabe a menta y sus labios son suaves, y carnosos.
Deliciosos. Ese pensamiento se me es ajeno.

— Mi pequeña — lo escucho susurrar, con sus labios pegados a los míos.

Pasa un de sus brazos por debajo de mi rodilla derecha y yo tomo impulso para colocar mis piernas alrededor de su cintura. Mis brazos se enrollan alrededor de su cuello y y lo jalo en mi dirección, para profundizar el contacto de nuestros labios.

— Mi amor — suspira en medio del beso —, mi reina, mi todo…

— Stefan… — suspiro, casi por voluntad propia, cuando siento mi espalda descansar sombre el colchón de la cama.

Se separa de mis labios y comienza a repartir múltiples besos por todo mi rostro en un gesto cariñoso. Una de sus callosas y grandes manos acarician una de mis mejillas y, cuando abro los ojos, puedo observar como lágrimas comienzan a mojar sus mejillas, cosa que me confunde y me desorienta de manera un tanto errónea. ¿Por qué llora?

Sin dudarlo, estiro mi mano para acariciar sus mejillas y limpiarlas con mis pulgares. Stefan me observa directo a los ojos antes de regalarme una pequeña y triste sonrisa.

— Lo lamento, Giselle — deja un fugaz beso antes de levantarse y pasar una de sus manos por sus cabellos oscuros y revueltos —. Adiós, linda.

Entonces despierto. 

Estoy en mi cama, con la respiración agitada, con una liguera capa de sudor en mi frente y muy, muy confundida. La luz del sol entra por la ventana cosa que me informa que ya es de día.

Con una flojera enorme me levanto de la cama con lentitud. Hoy es el cumpleaños de Chase y por lo tanto también de su hermano. No estoy lista para verlo a los dos, no después de lo ocurrido ayer en su casa y en mi extraño sueño. Una parte de mí sabe que ese fue el cierre de mi "relación" con Stefan, sabe que ahí murió todo lo poco que existió entre nosotros y sé que es para mejor. Los sueños con Stefan llegaron a confundirme con respectos a mis sentimientos por Chase, creí que en el fondo — muy, muy en el fondo — deseaba al hermano de mi novio, y eso era algo que me costaba admitir.

Una vez en el baño hago mis necesidades y lavo mis dientes. Tengo que hablar con mi padre, me repito una y otra vez al mismo tiempo que planifico lo que le voy a decir. Una vez que salgo del baño me encamino hacia la cocina, soltando uno de los bostezos más largos que he dado desde que estoy en Hemsworth.

Noto que no hay nadie en la casa por lo que me encamino hacia las escaleras que me han de llevar a la plata de abajo. Busco con la mirada a mi padre y sonrío cuando lo veo atendiendo a una mujer de avanzada edad sentada en una las mesas cerca de la entrada.

— Buenos días — lo saludo cuando se acerca a mí.

— Buenos días, cielo — ahueca mi rostro antes de dejar un cariñoso y sonoro beso en mi frente.

— ¿Podemos hablar un momento? — Pregunto, siguiéndolo cuando comienza a caminar hacia la cocina. 

— ¿Qué me vas a pedir? — Me mira por encima del hombro, arqueando una ceja.

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