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Rosé no hacía más que mirar el reloj del aula, pidiendo a cualquier fuerza superior que acelerara el tiempo por una vez en su vida.

El examen frente a ella estaba en blanco, ni una sola respuesta escrita. Puede que si se esforzara y recordara algo de clase lograra responder al menos una, pero no podía.

Rosé ya no podía pensar con claridad luego de escuchar lo que su madre dijo anoche.

Era bastante tarde y ella se encontraba sola en su casa como siempre. Su madre tenía turnos de noche y dormía durante el día, Rosé ya estaba acostumbrada a no poder pasar mucho tiempo con su madre, pero cuando a medianoche escuchó la puerta de la entrada abrirse, saltó de la cama y corrió al primer piso. ¿Quién podría entrar a su casa a aquellas horas?

Con cautela bajó las escaleras y su corazón se tranquilizó al ver a la figura de su madre, pero no estaba sola. Otra mujer estaba a su lado y Rosé casi pega un grito cuando la figura desconocida se desplomó en el suelo. Su madre rápidamente se agachó y agarró la cara de la desconocida. Fue entonces cuando entre llantos, ambas comenzaron a hablar.

Dijeron muchas cosas, muchas, muchísimas, pero Rosé solo se quedó con una.

Lisa...

¿Era eso lo que tanto habías ocultado?

Por fin sonó el timbre que anunciaba el final de la clase y con rapidez Rosé entregó el examen, saliendo a pasos largos y ligeros del aula. Su respiración comenzaba a ser forzosa y su cabeza dolía cada vez más, como si agujas fueran pichadas en su sien. Una vez fuera corrió hacia el bañó y se apoyó frente a uno de los tres espejos que habían, cerrando fuertemente los ojos e intentando controlar de nuevo su respiración. Tenía ganas de llorar, muchas, pero no podía. Sentía que en cualquier momento rompería en llanto, pero por más que esperaba su respiración era cada vez peor y ni una sola lágrima salía.

Estaba en pánico.

¿Por qué parecía que su garganta no dejaba entrar aire? Rosé quería respirar, quería parar todo aquello y volver a la normalidad.

Quería que aquellas palabras que salieron de la boca de su madre no fueran ciertas.

Empezó a caminar por la habitación intentando calmarse, pero su corazón seguía golpeando su pecho como si quisiera romperlo. Rosé aun tenía los ojos cerrados cuando unos brazos la hicieron girarse y al abrirlos, una mirada avellana la recibió.

-Ey, ey, está bien. Estoy aquí para ayudar.

Cuando aquellas manos la tocaron su primer reflejo fue apartarlas, pero en vez de eso las agarró con fuerza. La persona frente a ella le resultaba vagamente familiar, pero ahora mismo Rosé solo pensaba en cómo la estaría viendo esa chica.

Tan débil.

Tan inestable.

Tan en pánico.

Las sensaciones en su cuerpo la hicieron marearse y calló hacia delante. La chica la rodeó con sus brazos e hizo que ambas se sentarán en el suelo sin apartarse la una de la otra, hasta que cerró sus ojos de nuevo y el dolor de su cabeza empezó a desaparecer.

Un susurro llegó a sus oídos antes de desmayarse.

- Sé que estás asustada, pero estás a salvo conmigo.

𝐆𝐈𝐑𝐋𝐅𝐑𝐈𝐄𝐍𝐃 𝐆𝐀𝐌𝐄 ── LISOO + CHAENNIE 《BLACKPINK》Donde viven las historias. Descúbrelo ahora