I. El inicio de una nueva semana

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Para muchos de mis amigos trabajo para una familia de adinerados con costumbres excéntricas. Administro todos sus bienes y sus negocios y me encargo de los detalles. Tengo a mi cargo a un staff de varias personas, cuyo número de integrantes es variable. Depende de la época del año y de las actividades que mis empleadores hayan decidido ejecutar en cada temporada. Debo supervisar los gastos, el presupuesto, revisar que no desaparezca dinero y que no falte nada en la casa.  Es mucha responsabilidad.

Por este trabajo yo soy muy bien remunerado. Por supuesto que hay un detalle que no les cuento a mis familiares: Mis empleadores son vampiros.

No se supone que deban ser los vampiros salvajes de los que la población en general debe tener miedo. No obstante, mi trabajo puede volverse oscuro algunas veces.  Los De la Cruz aspiran a ser una familia civilizada, con hábitos muy reservados.  Lo que funciona a mi favor es que no está en sus planes llamar la atención. Ellos entienden que vivir en una ciudad rodeados de millones de millones de humanos es un peligro latente. Y que por más habilidades especiales que tienen, no sobrevivirían a las consecuencias de la noticia de que en la calle Abastos viven no muertos que se alimentan de sangre humana.

Por eso es que mi hora de entrada a la oficina es después de almuerzo, a las 3 pm.   Desde entonces tengo cuatro horas para coordinaciones y reuniones con humanos que trabajan en horario de oficina normal y que no conocen completamente la naturaleza de mi trabajo. Para ellos soy el administrador de la fortuna de la familia De la Cruz. Yo tengo total control legal sobre las decisiones financieras.

Alrededor de las 7 pm tengo un descanso de una hora, durante el cual usualmente ceno y paso tiempo con mi familia. Después de eso el sol ya se ha ocultado y mis patrones salen de sus refugios. Recién entonces puedo comunicarme directamente con ellos para hacer consultas, darles informes y contarles lo que está pasando.

Por supuesto que no soy el único que sabe de la condición de los De la Cruz. Somos varios los atados a trabajar para ellos sabiendo que son vampiros que deben tomar sangre de humanos vivos para poder sobrevivir. Y que tienen fuerza y velocidad sobrehumanas. Pero también sabemos lo que los puede dañar. Conocemos todos sus secretos. Los financieros y los otros.

La estaca al corazón, la luz del sol, el olor a ajo... Todos ellos son herramientas útiles si uno se quiere defender de los vampiros reales.

Sin embargo, yo nunca he necesitado nada de eso. Yo estoy bajo su protección.

De hecho, mi propia familia también vive aquí, en la calle Abastos. Dos cuadras más abajo.

Ellos también saben para quiénes trabajo y quiénes son realmente. Es parte del trato.

Y es que el puesto que yo ejerzo es una herencia. Lo ocupó mi padre. Antes de él lo ocupó mi abuelo. Es bastante probable que lo reciba mi hijo mayor, Lucas. Aún está en secundaria, pero todo hace suponer que es ordenado y responsable, justo lo que necesito para alguien que aspira a reemplazarme.

De todas maneras, mi puesto está altamente cotizado. Hay otros trabajadores dentro de la estructura íntima del Grupo De la Cruz que matarían por ser mi reemplazo. Literalmente hablando. Por eso tengo siempre seguridad conmigo. Hay un equipo de cinco guardaespaldas que se van rotando entre protegerme a mí, a mis hijos y a mi esposa. Es un servicio caro que tengo asignado, pero que es parte del trabajo.

"Buenas tardes, señor", me saluda mi secretaria, Isabela Cano.

"Buenas tardes", le respondo mientras atravieso el ambiente en el que ella trabaja. Llego a la puerta a mi oficina. "En quince minutos reunión de staff"

Todos los lunes tengo reunión con los jefes de todas las áreas.  Isabela lo sabe.   Es la reunión en la que coordinamos todo lo pendiente para la semana.  Suele ser una ocasión tensa para varios.   Siempre hay algo que le preocupa a alguien.   Cuando tus empleadores son vampiros, hay muchas cosas que pueden salir mal.

Los vampiros de la calle AbastosRead this story for FREE!