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Los hermanos salieron del bosque con la respiración agitada y un poco sudorosos. Cayeron en el cesped y no dijeron nada por un rato. Paris se sentó y miro el bosque por un rato. No había podido creer la escena que se monto hace unos minutos, sinceramente estaba muerta del miedo. Ayudo a sus hermanos a pararse y decidieron continuar el camino hacia la escuela.

—No puedo creer lo que vimos...—Susurro Christofer. Miro atrás y se detuvo— Creo que deberíamos volver a ayudar a la señora. 

—¿Estas loco? No pienso volver a ese lugar.—Comento Damian.

Llegaron a la escuela y no había nadie por los pasillos del instituto. Se escucharon los tacones de alguien que venia apresurado, voltearon y era la directora. Al ver a los trillizos acelero mas sus pasos, no le gustaba que quedara un solo alumno fuera de su aula. 

—Jóvenes, ¿que hacen aquí? ¿Acaso no tienen clase?—Pregunto con tono autoritario. 

Se miraron entre si, esperando que uno de ellos se lanzara a responderle. 

—Si, señora, solo que se nos presento un problema familiar; por eso llegamos tarde.—Dijo Damian 

Le dijeron que esperaran en el comedor hasta que tocaran el timbre, ya era muy tarde para que los dejaran pasar. Era un absoluto silencio, se miraban las caras pero sin decir nada. No estaban bien aterrizados en la realidad al tener todavía el recuerdo de esa mujer demacrada en su mente. 

Paris escuchaba la clase de Orientación sin sus hermanos, no le tocaba con ellos. Termino la clase y guardaba sus cosas en su mochila hasta que vino Camila, una de sus compañeras de aula pero casi nunca interactuaba con ella. 

—Hola, Paris, ¿te gustaría ir a una fiesta esta noche?—Pregunto sonriente. 

—¿Un lunes?—Paris puso cara de extrañada.  

Camila miro a sus dos amigas que la acompañaban y rieron.

—Ay, pequeña... ¿Nunca has ido a una, verdad?—Le hizo puchero.

Sentía tanta pena de responder que solo se quedo callada. Ese silencio basto para Camila. Saco una tarjeta de su mochila y se la entrego.

—A las ocho, te esperamos.—A punto de retirarse, se volteo hacia ella— ¡Ah! Y no olvides traer a los guapos de tus hermanos.—Le guiño el ojo.

Sin prestarle atención al elogio que dijo de sus hermanos, examinaba la tarjeta. Era bonita y pequeña. Estaba tan feliz por dentro porque al fin iría a una fiesta, y sabia que le iban a decir que si, ella casi nunca salia. 

Al llegar a la casa, Paris corrió a la habitación de su madre, donde esta se encontraba leyendo algo en su lapto. La saludo con un beso en la mejilla y le puso la tarjeta en el teclado, deteniendo la escritura de su madre.

—¿Y esto?—Leyó la tarjeta— ¡Una fiesta! ¿Y tus hermanos también van? 

Asintió emocionada y sonriente.

—¿Puedo ir?—Pregunto colocando las manos en forma de rezo.

—No lo se... Ademas, es lunes, mañana tienen escuela.

—¡Ay, mami!—Se quejo— Mis hermanos van igual, si quieres le dices a Ruben que nos lleve. ¿Que mal podría pasar? Estamos completamente en aguantar las ganas de sueño de mañana. 

Después de charlar un rato, Noa acepto en dejar a sus hijos en ir. 

Estaba nerviosa, era la primera vez que sus hijos salían a una fiesta. Sabia que no podía pasar nada malo, confiaba en ellos, pero aun así no podía ocultar su sentido de madre, de querer protegerlos. 

Sangre asesina. ||3ra temporada||Where stories live. Discover now