Veinticuatro

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Sintió como su cabeza palpitaba fuertemente y el dolor empezaba a recorrer cada centímetro de su cuerpo. Trató de abrir sus ojos, pero el dolor punzaba tanto en todo su cráneo que sintió imposible realizar esa simple acción. Trató nuevamente de abrir sus ojos, y con mucha dificultad, abrió un ojo lentamente y luego el otro. Su visión no era del todo buena en esos momentos, podía ver varias luces alumbrando el lugar, podía oler el aroma de gasolina y humo mezclados, alguna luz extraña pegaba fuertemente hacia sus parpados provocando que cerrara de nuevo los ojos.

Empezó a sentir como respirar se le hacía más difícil y unas lágrimas empezaron a correr por sus mejillas. Volteó la mirada hacia el asiento del copiloto y se encontró con su hermana inconsciente. Observó como la sangre recorría su frente y bajaba hasta su cuello. Más lágrimas salieron de sus marrones ojos y empezó a desesperarse. Tratando de zafarse del cinturón de seguridad, estiró lo más que pudo su brazo hacia el seguro del cinturón pero un dolor desgarrador la recorrió por todo su costado, haciéndole gritar entre llantos.

Tomó una bocanada de aire y cerró los ojos. Debía ser fuerte en esos momentos si quería que saliesen vivas de allí. Debía ser fuerte por su hermana. Debía ser fuerte por ellas dos.

– Milly... – Llamó a su hermana en casi un susurro. Las palabras salían dificultosamente de sus labios y carraspeó su garganta tratando de aclarar más su voz. – Milly...

La pequeña rubia no mostraba signos de despertar y Julie empezaba a desesperar. Tenía que hacer algo, tenía que pensar rápido.

Observó el pequeño espacio del auto tratando de encontrar algo con lo que pudiesen ayudarse, pero fue en vano. El auto se encontraba destruido y el interior de éste era un desastre en su totalidad. Lagrimas volvieron a empañar las mejillas de la chica y el dolor en su cabeza y costado empezaban a aumentar. Volvió a mirar a su hermana y observó como parte de su labio se encontraba roto al igual que su ceja y pierna. Los vidrios del auto estaban rotos y no podía mirar nada por los espejos, las esperanzas de la chica empezaban a agotarse.

Cerró los ojos tratando de sobrellevar el dolor en su cuerpo y apretó la mandíbula. Pensó en su familia, pensó en su mejor amiga y pensó en Jimin.

Las lágrimas empezaron a empañar su camisa y soltó un grito de desesperación. Trató de imaginarse en un lugar feliz, en un lugar donde estuviese en los brazos de Jimin mientras se daban amor. Pensó en las veces que Jimin le hacía feliz y como su corazón se inflaba gracias al pelinegro. Su visión empezó a ponerse más borrosa de lo normal y un pitido comenzaba a sonar en sus oídos. ¿Acaso así se sentiría morir?

El sonido de una voz a lo lejos empezó a escucharse y una luz cegadora apareció de un momento a otro. Julie abrió los ojos como pudo y la figura de una persona se colocó frente a su vista. La persona le hablaba, pero la castaña solo podía escuchar murmullos. Volvió a cerrar los ojos, empezando a sentir un pesado sueño. Sintió como el calor de una mano tocaba su mejilla y se sintió en paz, como si el calor de esa persona fuese suficiente para poder irse en paz. La voz de la persona cada vez se escuchaba más y más lejos, como si ésta se perdiese a través de un túnel. Sus ojos pesaban como nunca antes y el sueño invadió su cuerpo, llevándola a dormir inevitablemente.

🔸


Eres una total falta de respeto. Te juro que si estuviésemos en Corea la gente pensaría que eres una completa irrespetuosa. Habló el pelinegro mientras observaba su teléfono.

La castaña soltó una risa y empezó a moverse por encima del bulto del pelinegro. Un suspiro pesado salió de los labios del chico sin quitar la vista de su teléfono. La chica arrugó el ceño y empezó a moverse más obscenamente por encima del pijama del chico. No se habían visto por al menos una semana ya que el chico había tenido que salir de la ciudad a realizar unos trabajos y la castaña le había extrañado sin contar lo muy necesitada que se encontraba.

– ¿Irrespetuosa yo? Tú eres el que no deja de mirar a ese aparato teniendo a una chica dispuesta a todo. La castaña empezó a acariciar el pecho desnudo del chico y a delinear suavemente con sus dedos los bienes marcados abdominales del pelinegro.

Jimin rodó los ojos y dejó el teléfono sobre la mesita de noche. Posó sus manos en la cintura de la chica, que no paraba de moverse en círculos sobre su bulto que empezaba a endurecerse, y la miró seriamente. La castaña le miró con una sonrisa burlona en sus labios y una ceja alzada, evidentemente jugando con la cordura del chico.

Yo no te ignoraba mi amor. Dijo con una voz ronca el pelinegro, mojando el interior de la ropa interior de la chica con solo ese tono de voz. Terminaba de cerrar unos negocios con un colega. Además, ¿Cómo piensas que Daddy compre tus caprichos si no me pagan? Si me va bien con este trato, Daddy va a ganar muy bien.

– ¡Yo no soy una caprichosa! – Respondió en un tono infantil la castaña al mismo tiempo que los movimientos de su cadera empezaban a aumentar su velocidad. El duro bulto del pelinegro se restregaba muy bien por sobre las panties de la chica y ésta empezaba a enrojecerse por el calor.

El pelinegro observó cómo el brasier rosa neón se notaba por debajo de la camisa blanca de la chica y apretó el agarre de sus manos en sus caderas. Corrió la mirada hasta la corta falda de a cuadros que le llegaba hasta un poco más debajo de sus muslos y subió la vista hasta el rostro de la chica. Su largo cabello se encontraba sujetado por una coleta y una cinta blanca. Subió una ceja y una sonrisa se dibujó en sus labios.

– ¿Acaso estás usando un uniforme de escuela?

La castaña sonrió de oreja a oreja y Jimin le copió. Paró los movimientos de cadera de la chica y en un rápido movimiento se encontraba sobre la chica entre sus piernas. Su rostro estaba a milímetros del de la castaña y la observó sonriente.

– Eres imposible. – Dijo el castaño sin parar de sonreír y ver todo el rostro de la chica. Ésta estuvo a punto de responder, pero Jimin fue mucho más rápido y empezó a depositar besos por todo el rostro de la chica al mismo tiempo que le hacía cosquillas en su estómago. La castaña llenó de carcajadas la habitación y Jimin la llenó a ella de mucho amor y cosquillas, demostrándole todo lo que sentía por ella, cuanto empezaba a amarla. 

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