Capítulo 13

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Quise esperar hasta la tarde, pero me quedé dormida. Al despertar pude ver un cuaderno con hojas lisas y un lápiz negro con buena punta, fina y resistente.

Al igual que esta mañana cuando recibí mi desayuno, encontré una pequeña nota escrita a mano dentro del cuaderno. Dudé al leerla y por un momento pensé en ignorarla, pero desgraciadamente no pude hacerlo. No me resistí...

El dibujar seguramente te recordará a aquellos tranquilos momentos que pasabas cuando nos conocimos.
Recuerdo que eras callada y reservada porque aún no sabías expresar tus sentimientos con las palabras. Tus dibujos en blanco y negro siempre reflejaron tu punto de vista sobre este mundo, así que pensé en obsequiarte esto para que recuperes esa maravillosa costumbre con la que solías desahogarte.
Dibuja, Reina mía. El tiempo pasará volando y pronto recordarás quién eres, y quién soy yo para ti en realidad...

E.C.H.

Por un momento sentí el deseo de romper el maldito cuaderno con mis propias manos, destrozar cada una de las hojas y quebrar el maldito lápiz con mis manos pero... ¿Porqué? No tenía sentido expresar mi ira mediante un berrinche tan inmaduro y estúpido. El cuaderno y lápiz no tienen la culpa de que él sea un maldito pesado insistente y... ¡Dios! Me enloquece con cada palabra, porque las palabras de Zack resuenan al mismo tiempo replicando lo contrario.

Sí, recuerdo cuanto me complacía dibujar y creo que ni a mí se me podría haber ocurrido una mejor manera de pasar el tiempo sin pensar en él. No quiero preguntarme cómo supo que yo siempre dibujé teniendo ese punto de vista en frente porque creo conocer la respuesta.

Si Zack fue mi amigo durante tanto tiempo antes de que La Resistencia me "capturara" por primera ves ¿Porqué nunca me comentó algo respecto a mis antiguos hábitos? O por lo menos, alguna ves pudo animarme a recuperar el gusto de leer por placer, escuchar música para disfrutar de un buen momento o dibujar algo bonito para recuperar algo de la paz mental que desgraciadamente perdí.

Sé que él es diferente en muchos sentidos y posee una de pensar muy articular, sus puntos de vista respecto a muchas cosas no son del todo usuales. Pero de todas no puedo evitar pensar que... si él hubiese tenido (o tiene) un verdadero interés por mí, habría tenido en cuenta esos pequeños detalles solamente para verme bien o mínimamente tranquila y feliz. Nunca me hubiese exigido estudiar tan duramente para distraerme...

Me duele la cabeza, y la soledad no me ayuda en nada.

Todas las mañanas después de ese día, tal como Hudson redactó en la nota, cada ves que el gran chico apuesto me traía el desayuno y la cena, una pequeña nota aparecía debajo de la taza. Obviamente no las leí, a todas ellas las tiré por el excusado negándome a conservarlas.

Una mañana ya cansada de recibir esas malditas porquerías, cuando ese chico entró a mí habitación yo cerré la puerta y me apoyé sobre ella; lo estuve esperando. Él ni siquiera se inmutó por eso. Tranquilamente dejó mi desayuno sobre la pequeña mesa y se sentó sobre mí cama, mirándome tranquilamente como sí ya se hubiese estado esperando que hiciera esto.

— ¿Alguna pregunta que desees hacerme, Coraline?

— No. Quiero que sea quien sea que te esté dando esas malditas notas para mí ya deje de hacerlo. –gruñí, tirándole a la cara la única que conservé; la nota que vino en el maldito cuaderno.

— ¿Cuáles notas? –se hizo el idiota y yo quise golpearlo.

— ¡Tú sabes cuáles notas! No te hagas el imbécil, tú... chico extraño.

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