Capítulo 12

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Creo que existe un lado positivo en todo esto... la cama es mucho más cómoda. Bien, la intimidad es un poco menos estresante; pero aún así no veo las horas de salir de aquí.

No sé qué hacer. No sé si esperar a que alguien venga por mí o salir de aquí por mis propios medios. Espero no tener que escoger la segunda opción porque mi situación se ha complicado un poco más de lo que ya estaba.

No me quejo ni me arrepiento de haber tomado la decisión de alejar a Hudson de mí, pues soy bastante consciente de que eso fue lo más inteligente que pude haber hecho desde que llegué a este lugar. Si lo hubiese hecho antes hubiese sido mejor, lo sé; pero ese chico no fue nada fácil de convencer de que yo jamás podría llegar a traicionar ni burlar mis propias creencias y convicciones por unas cuantas palabras suaves, un par de ojos hermosos y ese físico tan...

Es exactamente por esa razón que espero no volver a verlo otra ves.

Si debo valerme de mí misma para salir de aquí, tendré que meditar muy bien mis movimientos e informarme completamente para saber qué hacer y cómo hacer.

Me pregunto si Hudson pudiese haber sido capaz de ayudarme a salir de aquí realmente... Parecía muy dispuesto a hacerlo...

¡BASTA!

Maldita sea. Ya me he dado por vencida y he decidido que me voy a morir aquí, así que voy a comenzar a hablar conmigo misma para adelantar el proceso de mi gran transformación a Golum. Ya estoy demente y padezco de muchos problemas nervioso, así que sólo necesito crear a mí segunda personalidad...

— Hola Coco.– me dije a mí misma sentada en un extremo de la cama, y rápidamente me crucé al otro extremo en el cual me senté como si estuviese enfrentada a "mi otro yo". Recogí mi cabello y sonreí ampliamente como una lunática.

— Hola, Coraline.–me respondí fingiendo una voz tan extraña que me espanté a mí misma y desistí de continuar así porque eso era demasiado extraño, hasta para mí.

Lo mejor es dejarlo en mi mente. Es menos perturbador...

Dos toques me sacaron de mis pensamientos e inmediatamente mi corazón saltó porque su nombre apareció casi automáticamente en mi cabeza.

—¿Quién?–pregunté de mala gana por si era él, pero luego de que la puerta se abriera me encontré con una pequeña y curiosa sorpresa.

No era él.

— Descuida, no soy Alberto y tampoco vengo a sacarte muestras de sangre. –comentó divertido pero con total seriedad aquel chico de los ojos grises que traía mi desayuno.

¿Cómo era su nombre?

No me siento decepcionada ni nada por el estilo. No, más bien estoy bastante feliz de que no sea ese maldito otra ves.

Si tengo suerte, ayer realmente fue la última ves que nos vimos...

— Que bien. Lamento si no doy saltos de alegría por verte pero él encierro no me pone tan de buen humor como a otros. –dije mientras él colocaba una pequeña bandeja sobre una pequeña mesita blanca que se encontraba junto a mi cama.

Al dejar eso, él se cruzó de brazos frente mí y me observó de una manera un tanto extraña e... inquietante.

— Bonito cabello. –observó divertido y yo hice una mueca extraña. Me toqué la cabeza y sentí que mi cabello se encontraba todo revuelto y enmarañado.

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