ATANEA: XXIV

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Capítulo 24: Ya casi. 

Estaba en la oscuridad, navegando en un eterno vacío. Intentaba gritar, pero no podía, tampoco moverme. El negro me rodeaba por completo. Me sentía cada vez más pesada, más cansada. No podía respirar profundo. No recordaba por qué estaba allí, tampoco recordaba quien era ni a dónde tenía que ir. No era nada. Era un átomo en el oscuro y solitario universo, sin destino y sin retorno.

De pronto me sentí mas liviana y me elevé a lo que creí que era una superficie. Una luz cegadora me encandiló. De repente sí podía moverme. Escuchaba a alguien gritar, pero no sabía quién era ni tampoco qué era lo que decía, pero su voz me hacía despertar. Me desplacé cada vez más arriba, hacia la luz, hacia la voz...

Claire... Claire, despierta... Reacciona...

Entonces el aire entró a mis pulmones de un golpe, como si hubiese estado ahogada en el mar durante horas. No estaba dentro del agua, sin embargo, estaba mojada y tenía mucho, mucho frío.

—¡Claire! ¡Vamos, despierta! —La voz era conocida, y percibí una mano en mi mejilla.

Sentí dolores punzantes en varias partes de mi cuerpo, pero no lograba localizar bien el dolor. Me dolía todo.

Abrí lentamente los párpados y me encontré con unos ojos de un mar azul profundo.

—Eso, abre los ojos, Claire. Tenemos que movernos. —Finn hablaba ronco, con los ojos abiertos y expectantes.

Una de sus manos acunaba mi cara. Estaba tan frio como yo.

Abrí más los ojos y vi sus risos dorados cayendo mojados sobre la frente. Múltiples rasguños le decoraban el rostro, pero lo más notorio era una contusión en la frente, la cual expulsaba un liquido escarlata. Sangre.

Al ver su herida, reaccioné y me incorporé de golpe.

Los recuerdos llegaron como una inhalación, mientras mi cabeza daba vueltas como un torbellino.

Theo. El avión. Llegando a Atanea. Yo mirando expectante por la ventana. Finn a mi lado.

El golpe.

Lo miré frenética tal como él me miraba a mí.

—Sí, el avión donde éramos transportados fue atacado —explicó como si hubiese leído mi mente—. El piloto tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia mientras el avión apenas funcionaba. Te pegaste en la cabeza y quedaste inconsciente. —Había un atisbo de preocupación en su rostro—. Te tuve que sacar en brazos. No reaccionabas, estaba tan preocupado, tan...—Dejó la frase sin terminar.

Me di vuelta inconscientemente, aún sentada en el suelo, sabiendo que el avión estaba justo detrás de mí. Percibía el olor a quemado. 

El avión estaba más lejos de lo que creía. La imagen era como de película; la máquina estaba quebrada en dos. Pequeñas fuentes de humo surgían de diversos puntos. Había trozos de la nave esparcidos por todo mi campo de visión. También había una silueta humana inmóvil en el suelo.

Estábamos en un pequeño claro, hacia un lado había una enorme colina rocosa y hacia el otro, empezaba un espeso bosque. Habían varios árboles chamuscados, que seguramente había pasado a llevar el avión. 

Del cielo caía una lluvia fuerte e incesante, lo que dejaba un olor a pino y hojas. El cielo era gris, lo cual le quitaba color a todo. Todo era en tonos opacos y sin vida. Pero los olores a naturaleza eran fuertes y esperanzadores.

—Finn...—dije por fin, y mi voz sonó irreconocible. Estaba ronca y afónica como si tuviera un resfriado. Me dolía la garganta al hablar—. ¿Dónde está Mike?

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