Capitulo 30.

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Emmeline estaba feliz. Tan feliz como nunca había creído que podría llegar a estar, y ella era una persona alegre.

La recepción de la boda primero, y el banquete ahora eran todo un éxito, Emmie estaba segura de que ningún invitado había fallado y hasta los que se encontraban residiendo más lejos en ese momento habían asistido.

Todo el mundo quería conocer a la nueva Marquesa de Thornehill, en la misma medida que estaban ansiosos por asistir a la única fiesta que el Marqués se había dignado a ofrecer.

Muchos comentaban que sería la última gran fiesta de la temporada, y no había muchos valientes que se animaran a hacer algo luego de aquello.

Emmie miró a Joseph que estaba en una conversación con un par de nobles con los que frecuentaba en las fiestas. Se había alejado a regañadientes cuando Francis había pedido un baile con su hermana. Pero ella, incluso en medio del vals, no podía dejar de mirar a su recién estrenado esposo.

—Soy tan feliz —murmuró al Conde que había pasado la mayor parte del tiempo gruñendo. Había estado tenso a la hora de entregarla en el altar, y de mal humor cuando se ubicaron para disfrutar de la abundante comida—. Me gustaría que entendieras eso, Fran.

Él suspiró.

—Ya veo, Emmie.

—Entonces alégrate por mí. Cambia esa expresión que has tenido todo el día —exclamó con una sonrisa inmensa.

Él sonrió a medias. —Sé que no lo parece, pero me alegro por ti, cariño. Soy feliz viendo esa preciosa sonrisa tuya ahora mismo. Solo espero no tener que matar al imbécil de tu esposo.

Ella abrió la boca y los ojos de par en par.

—¡Fran!

—No. —La interrumpió—. Prométeme algo, Emmeline. Si alguna vez llega a hacerte daño de cualquier forma, vas a enviar a alguien por mí y vas a dejar que te ayude.

—Eso no será necesario —afirmó.

—Emmeline, ¿tú crees que mamá no pensaba eso también? Que todo sería perfecto... No quiero que bajo ninguna circunstancia tengas que pasar por lo que ella y nosotros pasamos.

—Joseph no es como nuestro padre. Y jamás lo será. Es un buen hombre —soltó antes de que él llegase a acabar. Pero estaba de muy buen humor como para cambiarlo por lo que Francis le dijera. El día era demasiado hermoso como para siquiera molestarse.

—Aun así, me gustaría que me lo prometieses —insistió.

Exasperada, Emmeline asintió luego de rodar los ojos. No había forma de que pudiese enojarse con él por preocuparse e intentar cuidarla. No sería el hermano al que ella adoraba si no lo hiciera.

—Lo prometo, lo prometo. Aunque no tengo idea de qué podrías hacer en todo caso —murmuró. Su atención estaba dirigida ahora hacia su amiga quien había entrado a la pista para comenzar un nuevo baile con Parker. Ashleigh tenía una gran sonrisa y Emmie estaba segura de que estaba casi tan feliz como ella.

Pero no pudo observarlos por mucho tiempo, dado que la pieza había acabado y el Duque se acercó a reclamar el suyo.

Para ser honesta, Emmeline no había esperado que el noble bailara con ella. Pero parecía algo normal ¿no? Parecía lo correcto. También sería su padre ahora, y eso lucía como una forma de darle la bienvenida a la familia. Francis pareció más predispuesto a dejarla en manos de Gerard que lo que había estado a la hora de dejarla con su hijo en el altar. No podía ser otra cosa más que gracioso. ¿Qué podía decir sino?

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!