Capítulo 8

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Giselle.

Termino de atar las agujetas de mis zapatos deportivos. Me incorporo lentamente y trato de ignorar el dolor que me atraviesa todo el cuerpo. Me recuerdo que sólo faltan dos días para terminar el año escolar y, de alguna forma, eso me reconforta. Ya quiero graduarme y poder dormir hasta tarde sin preocuparme de nada más.

Con pasos lentos me encamino hacia el baño y agradezco cuando noto que está desocupado. Enciendo la luz y luego cierro la puerta. Por algún extraño motivo esta mañana estoy más cansada que la demás, y también decepcionada. Después de la pequeña discusión con papá fui a mi habitación y quedé profundamente dormida, tan dormida que no escuché cuando me llamaban para cenar, tan dormida que no sé si Chase vino a verme o no.

Me miro en el espejo y no puedo evitar fruncir el ceño. Mi cabello es una completa mierda. Está esponjado y completamente enredado. Tengo profundas ojeras debajo de mis ojos y, gracias a mi estado y a lo mal que me siento, sé que pesqué un resfriado. Mi cuerpo se siente caliente, siento el calor concentrarse en mis ojos y también siento la congestión en la nariz. Y para rematar, estoy menstruando. ¿Algo puede empeorar? No lo creo, y si llega a empeorar soy la chica con más mala suerte en el mundo.

— Giselle — la voz de Hannah llega a mis oídos a través de la puerta que se encuentra  cerrada.

— ¿Sí? — Me apoyo de los bordes del lavado mientras suelto un profundo suspiro.

— Chase te espera afuera — su información me hace sonreír. Podre ser la chica con más mala suerte, sin embargo tengo el novio más maravilloso y sexy de los dos mundos existentes.

— Salgo en un momento — mi voz es ronca, lo que ya confirma el hecho de mi resfrío, pero no permito que eso me arruine la alegría de saber que Chase me está esperando. Por fin después de siete días voy a verlo.

Rápidamente lavo mis dientes y me mojo la cara antes de correr hacia mi habitación. Con rapidez limpio mi rostro y luego busco una coleta para recogerme la maraña de cabellos esponjados. Sé que recogerme el cabello no es una buena elección para el frío, pero Chase me proporciona el calor que necesito. De un rápido movimiento agarro la sudadera negra con letras blancas que descansa sobre la cama y luego agarro mi mochila antes de encaminarme a todo marcha hacia la salida de mi habitación.

— Me voy — anuncio, cogiendo las llaves que descansan sobre la mesa.

— Nos vemos allá — Hannah responde, desplomándose sobre el sofá.

— Bien — digo, abriendo la puerta antes de bajar por las escaleras. Hannah se va en el auto de Gael por lo que no le pregunto si desea que Chase la lleve al instituto.

Una vez en la planta de abajo puedo observar como Sophie camina con una bandeja con dos cafés hacia la mesa que ocupa los primeros clientes del día. Me despido de ella con una seña de manos. Una vez parada frente a la puerta, tiro mi mochila al suelo antes de colocarme la sudadera y volver a echar mi mochila al hombro.

— Nos vemos luego, Giselle — la voz de mi padre a mis espaldas hace que mi poco buen humor desaparezca sin motivo aparente.

No le respondo cuando abro la puerta y, sin poder evitarlo, suelto una maldición al ver como pequeñas bolas de nieve caen del cielo. ¡Genial! Está nevando — nótese el sarcasmo —. Mi vista se clava en el cuerpo de Chase el cual se encuentra recostado contra su auto negro. Está vestido con una sudadera de color gris y un pantalón deportivo del mismo color, lleva puesto unos deportivos y su cabello blanco se ven húmedos y se encuentra pegados a su frente, tiene una sonrisa bailando en la comisura de sus labios y no puedo evitar quedarme un momento observando su físico.

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