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Parte 2.

Eran cerca de las 3 a.m. cuando Niall finalmente llegó a casa. Desesperadamente quería irse a casa desde el momento en el que habías colgado la llamada, incluso se hubiera ido corriendo si por él fuera, pero también sabía que debía de darte espacio para que te calmaras un poco.

Cuando entró a la casa, lo primero que notó fue tu cuerpo acurrucado en el enorme sillón, estabas abrazando uno de los cojines con una pequeña frazada cubriendo tu cuerpo; el sonido bajo de la televisión siendo el único ruido que podía notar.

Niall suspiró, queriendo tomarte entre sus brazos mientras te repetía un millón de veces lo mucho que lo sentía. Su corazón se rompió cuando notó los numerosos Kleenex que estaban a tu alrededor y que probablemente habías utilizado para limpiar tu nariz y las lágrimas que él había causado.

Se sentó a tu lado cuidadosamente, con la culpa creciendo por su cuerpo cada vez un poco más.

—Nena.— Puso una de sus manos sobre tu pierna, moviéndote un poco para poder despertarte. Después de unos momentos sin recibir una respuesta de tu parte, Niall no está seguro si estabas fingiendo estar dormida en un intento de evitarlo o si habías estado llorando tanto hasta el punto en el que quedaste completamente exhausta hasta quedarte profundamente dormida; y siendo honesto no sabía cuál de las dos opciones era peor.

Tomando todos los Kleenex, caminó hacia la cocina, tirándolos en el bote de basura y después tomó una botella de agua del refrigerador. Dando un trago largo hasta casi terminarse el contenido de la botella, se recargó y se inclinó en el mostrador mientras negaba un poco con la cabeza. Dejó salir otro suspiro, aún siendo incapaz de creer lo mucho que había jodido las cosas. Ni siquiera una sola vez en lo que llevaba su relación él había dudado de ti o de tus intenciones. ¿Por qué siquiera iba a decir lo que dijo hace unas horas? Él estaba tratando desesperadamente pensar en una manera de arreglar todo, pero como si su cerebro estuviera castigándolo, lo único en lo que podía pensar era en los sollozos que había escuchado de tu parte antes de que colgaras la llamada. Él cerró los ojos y los apretó mientras negaba una vez más.

—No estaba segura si vendrías a casa.— Una voz baja lo sacó de sus pensamientos, causando que se acomodara un poco y te viera parada en el marco de la puerta. Pudo notar la manera tan pequeña en la que te veías, incapaz de mirarlo a los ojos mientras jugabas un poco con las mangas de tu sudadera; jalándolas un poco para cubrir tus manos con ellas.

Niall aclaró su garganta, queriendo desesperadamente acercarse a ti pero no sabiendo si sería bienvenido.

—Llegué hace 10 minutos. Traté de despertarte pero...— Se interrumpió así mismo, sus ojos recorriendo tu cuerpo entero. La sudadera unas tallas más grandes ocultaba la figura de tu cuerpo; de hecho era suya, desde hace un par de años, pero a ti siempre te había gustado por lo que literalmente ya te pertenecía. El short de tu pijama llegaba a la altura de tus muslos por lo que dejaba al descubierto tus piernas; eso sería algo que normalmente él se vería incapaz de quitar sus ojos de encima, pero en este momento no er algo en lo que pudiera enfocarse mucho, sin embargo, lo único que pudo notar era tu expresión dolida, tus ojos rojos e hinchados por el llanto.

Asentiste, el silencio incómodo entre ustedes creciendo cada vez más mientras parecían estar separados por millas de distancia.

—Yo... me iré a la cama, entonces.— Dijiste en tono de voz bajo, bajando la mirada y dándote la vuelta esperando llegar a la habitación antes de que las lágrimas cayeran de nuevo.

Imaginas | Niall Horan¡Lee esta historia GRATIS!