Capítulo 8. Triunfando en S'yta

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No estuvimos mucho tiempo retenidos en Burón. Nos obligaron a asistir a una especie de juicio pero nuestros salvadores hablaron bien de nosotros porque Kassandra se había trabajado a algunos soldados y yo también había tenido una breve pero apasionante aventura con la chica de la trenza que nos recató. Ella no quería un lío de una noche y tuve que camelármela con tiernas promesas de amor pero al final conseguí que nuestro viaje hasta su planeta natal resultase más reconfortante para ambos... Por desgracia, aunque aquella mujer de facciones duras pero hermosas - y culo turgente - me agradaba, no me quedó más remedio que darle la patada y huir de sus brazos porque un pirata buscado en la galaxia y futuro vendedor de sustancias alucinógenas, nunca podría tener una relación con una militar burana. Fue una semana gloriosa que pronto cayó en el olvido. Pero bueno, no sé porqué me detengo a hablar de aquella mujer de la que ni tan siquiera recuerdo el nombre y a la que seguramente jamás volveré a ver.

El caso es que logramos una pequeña gratificación económica en el juicio porque lo habíamos perdido todo y le dimos pena al juez. Con las unidades estándar conseguimos pagar un billete hasta S'yta: sí, pensamos que allí, en aquel remoto y poco desarrollado planeta alejado de todas las leyes de La Federación y de La C.Corp, podríamos empezar con nuestra empresa pues todos sabía que el gobierno S'yta estaba corrupto hasta la médula.

La idea de mi socia fue un éxito y en unos pocos meses nos hicimos con una buena reputación y dominamos los suburbios de la capital. Toda la droga que se vendía en el planeta era CV y nosotros nos encargábamos de llevar el negocio personalmente, sin intermediarios que quisieran llevarse una parte. Pero al final S'yta se nos quedó pequeño y con las ganancias conseguimos hacernos con una pequeña y destartalada nave estelar a la que bautizamos sarcásticamente como La Brandina ("La Majestuosa" en el lenguaje de los cerones). Recuerdo que las lágrimas se me saltaron cuando el dudoso vendedor nos entregó las llaves de aquella tartana. Era fea, vieja y necesitaba muchos arreglos pero era un comienzo. Empecé a interesarme por la mecánica y fui aprendiendo a reparar parches y roturas superfluas hasta que conseguí ponerla a punto (o al menos presurizarla por completo pues el casco de fino plastiacero, lleno de golpes, no inspiraba demasiada confianza para salir de la atmósfera).

El mayor problema fue encontrar un piloto. Los que nos gustaban y parecían saber manejar una nave pedían unos sueldos exorbitados y a los que podíamos contratar no les hubiera dejado pilotar ni un deslizador infantil. Tuvimos que tirar de favores y movernos mucho para dar con la persona ideal que resultó ser una ressana anciana, con mal carácter y media cara deformada por terribles quemaduras. Aquella mujer, que apenas veía de cerca y escudriñaba los ojos para vernos, se llamaba Quemda y su aspecto desaliñado contrastaba con su inteligencia aguda. Ella sabía de nosotros, de la venta de CV, y no quiso un sueldo sino una parte de los beneficios, quería ser socia del negocio y, como estábamos desesperados, la admitimos pues necesitábamos llevar nuestra mercancía más allá de las ciudades s'ytanas si queríamos hacernos verdaderamente ricos. Acordamos darle el 20% de nuestras ganancias que por aquel entonces no era mucho pero pronto sería una paga más que generosa.

Quemda, además de ser una fabulosa piloto, tenía un amplio conocimiento sobre los sistemas planetarios cercanos, estableció las rutas óptimas para no perder muchos días viajando por la galaxia y visitar en el menor tiempo posible el mayor número de planetas.

Y así amigos míos, con una nave cochambrosa y una anciana a los mandos, logramos afianzar un pequeño imperio económico, haciéndonos amigos de la peor calaña de cada planeta para que se encargaran de suministrar nuestra mercancía pues el volumen de trabajo era tal que ya no podíamos encargarnos nosotros solos. Pasamos de ser simples vendedores de CV a ser importantes y reconocidos traficantes. Por el sector de la galaxia en el que nos movíamos empezamos a ser famosos porque a pesar de las aduanas, de las inspecciones sorpresas y de las sospechas que pesaban sobre nosotros, jamás nos pillaron haciendo nada ilegal, éramos simples viajeros sin nada que ocultar hasta que procesábamos el tonat con la fórmula secreta que solo Kassandra y yo conocíamos.

Y cuando por fin empezamos a ganar sumas escandalosas de dinero, decidimos ampliar nuestro negocio...

Proyecto: Data WDonde viven las historias. Descúbrelo ahora