I.

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Nombre: Lacrima Aurea

Pareja: KatsuDeku

Parejas Adicionales: TodoIida

Temática: Grecia Antigua, Mitos.

Autores: Alma Vieja, Namie Nunally, Sucybestgirl, Hesperus D.

Sinopsis: El Dios Deku en el Olimpo, tachado de egoísta, no se arrepiente ni una sola vez de haber salvado a Bakugou Katsuki del desastre. Aún si ese hombre termina por ser la razón... La razón de cada una de sus lágrimas.

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Cuenta la leyenda, tan antigua como el tiempo, la historia vieja de un amor prohibido. Era uno de ellos un ser inmortal, un poderoso miembro del panteón capaz de crear vida con las palabras y de igual forma destruirla. Un Dios, con sus caprichos y sus necedades, que no pudo evitar poner los ojos en un humano cuya simple mirada llamaba a la grandeza.

Su historia empezó en el medio de una de las culturas más brillantes y poderosas que habían existido. O empezó, más bien, el día en que dicha cultura murió.

Crepitante fue el sonido de aquella tierra partiéndose a la mitad, audible. El ominoso crujido se le hundía entre las sienes. La arenisca destellaba como fragmentos de escarcha vidriosa, y las casas de barro ardían y cicatrizaban entre el panorama visible de lo que se hundía, de lo que era...

Alguna vez próspera y alguna vez bella, ahora yacía devastada y decadente. Y el ser divino, Deku, fue consciente de que ese acto había sido egoísta, mas se trataba de una orden directa de su colérico padre. No le fue posible protestar, pues él también había castigado a la humanidad en el pasado. Él había hecho cosas benevolentes y cosas que podrían considerarse imperdonables.

Pero la Isla que crujía bajo sus pies, pronto caería al mar y sería engullida por Océano; olvidada por aquellos que habían sido alguna vez sus pares, ese era el designio de su Padre, la encarnación de su ira. Deku no podía contrarrestar una decisión tan firmemente meditada.

Sin embargo, entre el siseo del fuego, el ladrido de las olas y el aullido de la tierra sofocada; allí estaba quien sería su más cruenta y dulce perdición: Un niño con el cabello como la paja quebradiza y ojos que predecían el infortunio. El infante lo miraba directamente, aún con hollín esparcido por la epidermis; cayó.

Le vio perderse entre escombros que azotaban a la tierra y morían con la cultura que su padre había decidido desechar. Otra más. Sin importancia. Deku no dejaba de verle, sus pies ya habían emprendido camino tras él y estaba a centímetros de tocarle. De haber seguido la advertencia lanzada por la poca cordura que aún le quedaba, el joven Dios no habría cometido traición.

Pero le salvó.

Le tomó y le durmió, era un Dios y podía hacerlo si lo deseaba. Lo durmió mientras se perdía en el brillo de esas gemas carmesíes que gentilmente se ocultaban tras los párpados, acariciando la tranquila oscuridad.

Ese fue el primer error de muchos. El primer error que le condenaría. Decidió salvar a un humano destinado a morir por capricho de su padre.

Raudo y veloz fue acusado.

No fue por envidia, fue por su bien.

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