¡Al abordaje!

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Nunca he visto el mar tan calmado como esta noche. Y me escama. Parece la paz que precede a la tormenta… Viejos marinos me han hablado de esto: el agua brillante, negra y plateada a la vez, lisa como un espejo, reflejando las estrellas… la luna nueva en el horizonte, baja, apenas asomando, incapaz de iluminar el mundo… No hay ni un pelo de viento, no hay marea… No hay gaviotas porque estamos en alta mar, no hay ni moscas en la cubierta del barco, no hay nada… Calma chicha, calma ominosa y perturbadora, eléctrica, que pone los pelos de punta, que enciende los nervios.

“Capitana, los hombres están nerviosos”, me dice Jenn, el viejo marinero, “Las velas cuelgan sin vida de los mástiles, el barco parece varado, más muerto que vivo. Tienen miedo de no salir nunca de aquí”.

“Jenn, ¿alguna vez os he fallado?”, le respondo, “Saldremos de esta, ¿o no os he sacado de peores situaciones? ¿Quién os libró de los piratas de Malta? ¿Quién os sacó con vida de los Cayos Rojos? ¿Quién siguió de pie en cubierta cuando las olas la tapaban con su altura en el Mar de Sangre? Sois hombres valientes, no dudo de vosotros. No os atreváis a dudar de mí”

Mientras así hablo mis sentidos notan un ligero movimiento: ¡el barco se mueve! Pero no como me hubiese gustado… ¡Se mueve de lado! Empieza a inclinarse a estribor, lenta pero evidentemente, ¿nos hundimos? Los hombres suben a cubierta, corren de un lado para otro. Miran las inmóviles velas, el mar de espejo… y no dan abasto sujetando toneles y cuerdas sobre el barco, que cada vez se inclina más, y más…

Mis pies notan el primer temblor, el barco… algo roza contra el barco, ALGO lo mueve. Una fricción rasposa y fuerte, más fuerte que el inmenso casco de fuerte madera. Pronto puedo oírlo además de sentirlo: raspando, recorriendo toda la quilla con hambre, buscando… buscándonos a nosotros.

Tengo que agarrarme al timón para no caer, el barco está totalmente escorado ya, y entonces… Entonces aparece al fin, ante nuestros ojos, el enorme tentáculo que nos está palpando, que nos está hundiendo. Rojo, viscoso, del grosor del más grueso de nuestros mástiles, musculoso… recorre la cubierta palpando todo lo que encuentra, buscando… buscándome a mí.

¡El Kraken! Nunca soñé con encontrarlo en mis aventuras, pero ahora está aquí… ¡El Kraken!

 

 

—Alicia, llevas más de media hora metida en la bañera, ¿te has lavado ya el pelo?

—Jo papá, es que el Kraken…

—El Kraken no va a venir a lavarte el pelo, ¿no? Anda, deja que te eche yo el champú… Menudo morro tienes, siempre te lo acabo lavando como cuando eras pequeña.

—Eh, que yo no soy pequeña, pero es que tú eres un pesado. ¡Déjame a mí!

—Venga, pero te doy diez minutos para que salgas de la bañera y te laves los dientes.

—Vaaaaaaaaale…

Los hombres gritan alzando los brazos al viento. ¡Seremos conocidos en el mundo entero! No habrá pirata o marinero que no hable de nosotros, ¡hemos matado al Kraken! Sabía que erais los mejores.

“Capitana Alice, esta noche cenaremos pulpo”, me dice un marinero riendo, saltando… “¡Kraken a la gallega!”. Todos están felices, festejando. Abrimos nuestros mejores barriles de licor. ¡Seremos legendarios, mil canciones hablarán de nosotros, nuestros nombres recorrerán todos los mares!

“Capitana, si hemos matado al Kraken… ¿por qué sigue escorado el barco?”.  La sangre se congela en mis venas, las risas se interrumpen… y como en un deja vú veo que otro enorme tentáculo lame la cubierta, más grueso que ninguno que hemos visto, enorme y negro, cogiendo a uno de mis hombres por los pies y arrastrándolo… ¡No estaba sólo! ¡No era el único! “¡Todos a las armas, todos a cubierta! ¡Luchemos por nuestras vidas!”

¡Al abordaje!¡Lee esta historia GRATIS!