Capítulo 5 (Parte 1)

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Es impresionante la coordinación y agilidad de ese hombre. Entrega un pedido, apila bandejas, repone té verde, se gira y de la nada rellena con jengibre un frasco a mi lado.

-¡Irasshaimase! -exclama en cuanto entra un nuevo cliente al local.

Miro inmediatamente la entrada, acaba de llegar otro salaryman de terno oscuro con cara de agotamiento nivel diez. ¿Me veré así de destruída? Claro que sí. Estos últimos días han sido eternos en la firma, cada vez tengo más responsabilidades y me esfuerzo el triple por no equivocarme. Y para qué hablar de las horas extras obligatorias y la tonta tradición de no poder marcharnos antes que Tanaka san. ¿Será siempre así? Suspiro, mundo japo.

-¡Irasshaimase!

Sigo observando el ir y venir del camarero de este restaurant de ramen que según Eri es el mejor de Shinjuku. Es un local pequeño que tiene una barra en forma de U en la que que no debemos ser más de quince personas. Tiene mucha madera y decoración tradicional japonesa, hasta los precios del menú están en kanji.

-Dozo -me dice el camarero cuando me entrega mi ramen.

¡Dios, esto luce espectacular! Inclino levemente mi cabeza al camarero y rápidamente saco el celular. Busco el chat que tengo con mi hermana y le envío una foto de mi almuerzo con emoticons de monos, mis favoritos. De seguro se muere de envidia. Y es que hace tiempo tengo esta eterna competencia con Cami, ella me muestra exquisiteces de Chile y yo de Japón.

-Hola -escucho a alguien en inglés.

Miro de reojo a mi derecha.

-Hola -me saluda nuevamente Max Vossen mientras se acomoda en el asiento continuo.

Petrificada, no sé si estoy soñando o si me está grabando una cámara indiscreta. Por un momento pienso en una excusa para despedirme y arrancarme de su encuentro, pero no quiero parecer más descortés de lo que ya debo ser para él. ¡Además muero por este ramen!

-¿Estás bien?

-Sí, disculpe. Me tomó por sorpresa. Por cierto, los planos de la serie MT ya están en línea, está todo actualizado. Esta tarde comenzamos con las correcciones de la etapa cinco.

-Gracias -me parece que se queda en silencio a propósito, no deja de mirarme. Con una de sus manos desabrocha los botones de su chaqueta, un terno azulino de todo mi gusto-. Por favor, comienza. No quiero que se te enfríe por mi culpa.

Asiento lentamente, saco un par de palillos y con la cuchara saboreo el caldo. ¡Está buenísimo! Pruebo los fideos y no puedo evitar cerrar los ojos. Pero rápidamente vuelvo a la realidad, es imposible disfrutar este ramen con el jefecito en la mira. ¿Cómo tan mala suerte de encontrármelo aquí? No, hoy tampoco es mi día. En eso se acerca el camarero y le pide la orden.

-Me alegra encontrarte a solas -me dice Vossen-. Llevo días intentando conversar contigo.

Me tenso por completo, en estos cuatro días en la firma he sido literalmente un ninja, me la he pasado corriendo y esquivando cualquier encuentro con este tipo. Y no sé si es el universo, la pachamama o los kamisamas japoneses que insisten que lo vea diariamente, pero lo he encontrado en la conbini del primer piso, un par de veces en el ascensor y por supuesto que en la R6. ¡Y ni idea cómo sobreviví con mi cara de póker!

-¿Es por lo del viernes?

-En parte.

Cagué. ¿Y si me despide?

-Le juro por lo más sagrado que no hice nada malo. Sólo me senté en ese escritorio y... -nuestras miradas se alinean y vuelve a suceder. El estómago se me aprieta y estoy sin aire, totalmente indefensa al magnetismo insólito que me provoca este hombre. ¡Y qué hombre!-. Yo... sólo quería un poco de inspiración -tomo aire y despojo barreras. Por este empleo, lo que sea-. Soy una arquitecta con poca experiencia que admira el trabajo de los creativos de esta empresa. Sé que soy una buena dibujante pero también soy arquitecta... Necesito inspiración. Aprender. Mirar. Sentir. Y pensé que tal vez estando allí podría aprender algo -me queda mirando con fuerza. No me intimida, debo lanzarlo todo si esto es el fin-. Por favor, no quiero perder este trabajo.

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